Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Desde hace décadas, difícil de encontrar el año, la relación México-Estados Unidos no se había tensado tanto como en los últimos meses.
Sin omitir al pasado gobierno que mostró sus cartas en el juego perdido, la sucesora ha seguido el mismo guion y para desgracia del país y sus habitantes, ha recibido acusaciones de gravedad que, aunque pretenda poner en marcha el control de daños, es imposible borrar las palabras presidenciales del 24 de mayo.
Según la presidenta mexicana, fueron sacadas de contexto. No es verdad. Están en el lugar adecuado y en el momento oportuno. Anunciar las “movilizaciones” si se aprobaba el gravamen de 5% a las remesas, fue una osadía y, sin duda, injerencia en asuntos internos de Estados Unidos. Si el Congreso decide nuevos impuestos, es su decisión soberana. No imagino la reacción “del pueblo mexicano y su gobierno” si desde la Casa Blanca cuestionaran los estímulos fiscales a empresarios chinos o de cualquier otro país para aprovechar el corredor transístmico por el nearshoring.
Cuando habló de las movilizaciones, se esperaba una reacción de Washington, probablemente fuerte. Sin embargo, se calló y guardo la “ofensa” para cobrarla en las protestas de migrantes efectuadas en Los Ángeles, California, para acusar -es el vocablo utilizado por Kristi Noem- a Claudia Sheinbaum de impulsarlas.
La poderosa secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, no tiene razón en cuando a que el llamado de la mexicana señalara actuar con violencia. Jamás la pidió. Por el contrario, llamó a marchar y protestar de manera pacífica.
Se antoja poco probable que el orgullo presidencial aguante el señalamiento y, sin duda, esperará para intentar cobrar la factura. De hacerlo, deberá estar preparada para una rección mayor.
Cobijada por el equivocado sarape tabasqueño, la sucesora no ha entendido que la relación con Estados Unidos es compleja y más con un gobernante que tiene el ego casi igual al tabasqueño que, aunque no se admita, lo tiene suficientemente grande como para seguir girando instrucciones de cómo se debe actuar.
Supone que el país es suyo, de su propiedad, suya de él y por tanto tiene la capacidad de heredarlo a quien mejor le parezca.
Craso error.
El país es de sus habitantes, de los mexicanos que, por desgracia, en aras de castigar al priísmo, tomó la decisión equivocada.
El concepto de que “el pueblo nos dio el poder” no deja de ser una verdad a medias y una manipulación entera.
El ciudadano que votó, no esperaba que a los connacionales se les tratara como héroes desconocidos -son bien conocidos por las remesas que envían- y menos que el gobierno de Washington la emprendiera contra ellos. Se sabía desde su pasada campaña y la última, que la amenaza naranja tiene el racismo grabado en la frente. Acusó de que México arrojaba a la tierra de la Unión Americana a criminales, violadores, asesinos, narcotraficantes. En síntesis, la escoria de los mexicanos.
Su no-razonamiento carece de sustento. Una manzana podrida no significa que toda la canasta lo esté. Sí, se debe aceptar, que hay más de una y que el fértil terreno para traficar drogas y personas hallado a la vista de todos, permite realizar “negocios” de alto rendimiento.
Lo que ocurre en estos días tiene mucho qué ver con la forma distante de gobernar entre el republicano y la morenista. El de allá, con todo y la volatilidad financiera, cuenta con recursos de todo tipo y por ello encabeza la lista de las economías más fuertes del orbe. La de acá, se conforma con presumir la inversión extranjera directa, que es una utopía toda vez que se trata de reinversión de utilidades no de dinero fresco y, para colmo, en el baúl donde se encuentra la herencia recibida, está el nulo crecimiento y la amplia dependencia comercial con el odiado vecino.
La tensión en las relaciones va en ascenso y, por lo menos acá no se vislumbran acciones inteligentes -aunque fueran generadas artificialmente- sino empecimiento en un modelo de gobierno inconveniente para la democracia.
En el choque actual, el vehículo mexicano requiere de overhaul mientras la “bestia” apenas una manita de polish.
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