Los Límites de la Democracia

 

*A Mano Alzada se Toman las Decisiones

que Ordena el Pueblo Sabio

 

*La Gira de Despedida, Para Mostrar Poder

y Ratificar Quién Manda hoy…

 

*El Asambleísmo Gesta la Demagogia y Pone

su Respectivo Huevo de Serpiente

 

POR EZEQUIEL GAYTÁN 

 

Para que la democracia pueda ser democracia necesita límites, de otra manera es asambleísmo. Léase, se requieren establecer ciertas reglas de operación tales como un padrón de votantes, candidatos registrados que ofrezcan opciones de soluciones a las demandas y necesidades sociales, fechas y horarios establecidos de debates y del día de la elección, árbitros que supervisen el cumplimiento de las normas escritas y contabilicen las papeletas y, por supuesto, información suficiente a fin de que los votantes acudan informados y emitan su sufragio. En otras palabras, se requiere de una organización formal, establecida y que dirima las controversias en caso de que surjan impugnaciones o se violen las reglas establecidas. Por su parte, una asamblea es el llamado de algunos líderes a debatir entre la muchedumbre acerca de un tema, no hay reglas de operación, todos hablan sin que haya necesariamente respeto a los moderadores, la gente entra y sale de la asamblea y cuando así le convenga a los convocantes de la misma, lo cual ocurre después de que sólo queden simpatizantes (paleros) de los líderes, se les pide que a mano alzada se manifiesten.  

 

Al presidente López Obrador le gusta y recurre, cuando así le conviene, al asambleísmo al que asisten mayoritariamente sus simpatizantes y después de una arenga con sus típicas actitudes unidimensionales y socarronas les pide a los asistentes que, a mano alzada, sin contar los votos y sin importar el número de gente que está presente, decidan acerca del destino de una determinada acción que beneficie, sobre todo, a su movimiento y a sus intereses, aunque vaya en quebranto del desarrollo de la comunidad. Es decir, es una concentración de simpatizantes en la cual no hay espacios a fin de que escuchen otras voces y otros puntos de vista. De lo que se trata, en el caso de Morena, es que el presidente López Obrador imponga el mayoriteo en el exclusivo ámbito de sus simpatizantes, se escude en la demagógica frase de que el pueblo es bueno y sabio y que su decisión es inatacable, inobjetable y categórica. 

 

Las diferencias entre ambas figuras saltan a la vista y es claro que la astucia presidencial sabe cuándo y cómo recurrir a su conveniencia al asambleísmo. Sobre todo, ahora que está en plena gira de despedida, pues aprovecha su popularidad con diferentes fines. Uno de ellos es placear a la virtual presidenta electa y demostrarle descaradamente que ella ganó el proceso electoral porque él así lo decidió, que ella se la debe y que el asambleísmo es una de las fórmulas de la politiquería más eficaces a fin de orientar la toma de decisiones y, a la vez, hacerle ver a ella que el poder lo tiene él.

EL VALOR AGREGADO

DE LA DEMOCRACIA

 

Con lo anterior queda claro que la democracia, por su esencia institucional, tiene límites jurídicos, políticos y administrativos. También es nítido que si se recurre al asambleísmo lo que se gesta es la demagogia con su respectivo huevo de serpiente, ya que son conceptos contrarios e incluso antagónicos. Lo cual significa que la democracia va más allá de una contienda electoral, pues el valor agregado de la democracia es la vida armónica de la triada “civismo-civilización-cultura” en la que la ciudadanía ejerce sus derechos y obligaciones, convive en el respeto a la legalidad, construye confianza en sus instituciones, no confunde justicia con conveniencia personal y advierte la importancia de la política como una responsabilidad en la construcción del diario contrato social. 

 

La democracia tiene límites y eso significa que el derecho a disentir también tiene límites, lo que significa que, si algo no me parece, la democracia tiene instituciones que canalizan mediante el debido proceso las inconformidades o insatisfacciones ante una mala gestión pública y no puedo como ciudadano violentar los derechos de las mayorías al bloquear, por ejemplo, una carretera. Por supuesto a menos que las peticiones hayan sido ignoradas por la autoridad. Léase, el derecho a manifestarse es inviolable y lo defiendo, pero ese derecho también tiene límites y debe ejercerse si acaso las demandas y necesidades sociales no fueron atendidas con eficacia y oportunidad. 

 

El tema de los límites es por lo tanto difícil debido al relativismo de algunos de los valores sociales. De ahí que sean en ocasiones porosos y flexibles. Por eso gobernar es un arte que requiere sensibilidad social, conocimiento del Derecho, comprensión de la organización de la Administración pública, entendimiento de la economía, visión de Estado y reconocer que sin importar lo encumbrado que sea un presidente, sus atribuciones tienen y le imponen límites. En otras palabras, hay restricciones claras y fijas, tal es el caso del paradigma de no matar a una persona porque me vio feo o le va a un equipo contrario al mío. Pero si puede haberlas respecto a la decisión de atender prioritariamente a determinado grupo social.

 

DE LA LIBERTAD

AL LIBERTINAJE

De hecho, existen otros paradigmas semejantes, por ejemplo; la libertad para que sea libertad debe ser acotada, de otra manera sería libertinaje. Con lo cual queda claro que los límites son necesarios a fin de convivir en paz. Consecuentemente esas barreras, nos guste o no, son los pilares que nos garantizan el cumplimiento del pacto social. De ahí que algunas organizaciones pueden y deben vivir bajo normas democráticas y otras no pueden, ni deben hacerlo. Veamos, una empresa privada no puede regirse bajo el principio de que los trabajadores elijan al director general y a sus gerentes. Sin embargo, los trabajadores sindicalizados de esa misma empresa si pueden y deben elegir por voto libre, directo y secreto a sus representantes sindicales. Otro ejemplo lo encontramos en la iglesia católica que tiene una jerarquía claramente establecida y por voto libre, directo y secreto, hasta donde se sabe, los cardenales eligen al papa. Pero eso no significa que dicha institución sea democrática. Lo cual significa que existen organizaciones que no son democráticas, pero que en su seno se realizan, en su caso, procesos de votación.

  

La democracia es un procedimiento, cuantitativo y cualitativo que rige la vida social de una nación, incluso de algunas organizaciones, pero no podemos invocarla para todos los casos. Imaginemos que un día llega un profesor al aula y el alumnado le dice que el grupo ya votó y decidió que se le califique a todos con diez y no se aplique el examen; ese es un absurdo que nadie en su sano juicio les daría la razón a los jóvenes, aunque haya sido producto de una votación. Ese mismo absurdo se avecina al decir que se democratizará al Poder Judicial. No, de ninguna manera se democratizará ese poder debido a que la gente vote por un determinado candidato a juez. Eso no es democracia, eso es asambleísmo. 

 

Los límites dan vida a una nación democrática y lo importante es revisarlos periódicamente. Lo importante es precisar que el sufragio solo es una parte de la democracia y que es un sistema político imperfecto. Es un régimen que regula el funcionamiento de un Estado y lo hace mediante un gobierno que está obligado jurídicamente a sujetarse a las normas y reglas de operación escritas y, aquí viene lo interesante, las no escritas, pero que representan el espíritu de las leyes y la cultura de la nación. Por eso la democracia es cuantitativa, el número de sufragios emitidos y cualitativa, la conducción de la sociedad en situaciones permanentes de conflicto debido a los diversos intereses que configuran los grupos sociales de una nación.     

ELEGIR JUECES, NO

DEMOCRATIZA AL PJ

Lo anterior desencadena el debate permanente acerca de las virtudes y defectos de la democracia. Más aún, el régimen de libertades que nos otorga la democracia, por encima de los regímenes teocráticos y autoritarios, es parte de su atractivo, pues son libertades que configuran y dimensionan segmentos vitales de la condición humana. En otras palabras, las libertades y sus límites reconfortan el valor agregado y son el común denominador de las luchas por la independencia, la Reforma y la Revolución. Por eso no veo a la cuarta transformación como sucesora de esos movimientos. Léase, fueron explosiones sociales incluyentes y construyeron instituciones. Algo contrario al actual gobierno. 

 

Los límites de la adecuada convivencia en una democracia son una serie de andamiajes que van desde el proceso electoral hasta el plebiscito cotidiano de la armonía pacífica y constructiva de la sociedad y su gobierno. Es una complejidad que debe evitar actos demagógicos tales como pensar que, si se eligen jueces del poder judicial, democratizo a la institución o que si se elige a un rector se elevará de inmediato la calidad académica. La democracia tiene límites y respetarlos es el valor agregado al fortalecimiento legítimo de la vida institucional, pues votar y ser votado sólo es una parte de la vida democrática de una nación.

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