Jugamos Divididos 

 

*No hay Delanteros y los Dueños de los

Equipos Prefieren Importarlos

*Los Habitantes Viven Bajo el Esquema

de la Incertidumbre del Mañana

*La Unidad nos Hace Fuertes; la División

Debilita en Todos los ámbitos

 

Jugamos Divididos

 

EZEQUIEL GAYTÁN 

 

Son muchas las razones por las cuales la selección mexicana de futbol no avanza y, en lo general, el futbol mexicano está estancado. Todas las explicaciones y críticas de los expertos en dicho deporte parecen acertadas. Ellos son los versados en tácticas y estrategias y yo un aficionado. Me convencen los argumentos de que en México no formamos delanteros entre los jóvenes y que los dueños de los equipos prefieren importarlos de Sudamérica. También son terminantes las críticas al Tata Martino por sus decisiones erráticas y viene un largo etcétera que nos explican acerca de los intereses de las televisoras y de las marcas deportivas.

Por lo anterior yo centraré mi hipótesis futbolística en el problema sociológico que vive nuestro país. La selección mexicana me recordó a la selección de Checoslovaquia del mundial de México 70. Ese fue un ensamble avejentado de jugadores derrotados de antemano por la situación anímica y fragmentada que vivía el país europeo después de la invasión soviética en 1968. Un cuadro que ocho años antes había sido subcampeón en el mundial de Chile ya no era ni la sombra de lo que fue. Hoy México vive una sociedad post Covid después de un muy cuestionable manejo sanitario asistencial de la enfermedad. Tenemos una caída brutal en la calidad educativa y un alto abandono de las aulas escolares. El trabajo formal empieza a recuperarse y, al parecer el incremento al salario mínimo es una buena noticia, aunque corre el riesgo de desatar la inflación. La inseguridad pública crece y la política gubernamental ha permitido que se levanten sospechas fundadas de que el contubernio entre el partido en el poder y el crimen organizado es una realidad. La prensa y algunos periodistas son atacados desde el púlpito presidencial y la avalancha de mentiras de que vamos bien se caen ante una conducción errática de la economía. En pocas palabras, la sociedad checoslovaca de 1970 y la actual mexicana tienen ciertos parecidos de incertidumbre rumbo al futuro.

Por supuesto que mi hipótesis debe ser demostrada y no tengo los elementos suficientes para construirla y mucho menos demostrarla en dos cuartillas. Pero mi intuición me dice que el seleccionado mexicano vive la misma crisis que el resto de los ciudadanos. Estamos divididos aún a nuestro pesar, porque esa es la estrategia gubernamental. Somos una nación atormentada por el escepticismo, la desconfianza y la incertidumbre. El futuro lo vemos con desconfianza ante la falta de orientación y rumbo, pues el primer mandatario ha sido incapaz de conceptualizar en qué consiste su denominada cuarta transformación. El nihilismo y el cinismo se apoderan a pasos firmes de la solidaridad social y vemos marchas y contramarchas como un reduccionismo al absurdo de la política. Permítaseme citar lo dicho por el presidente acerca del tema “Hay mucha afición para tan poco desarrollo deportivo en esa disciplina, entonces lo que se tiene que hacer por respeto a la gente es formar buenos futbolistas, que se puedan crear escuelas y que se destinen recursos con ese propósito, pero eso corresponde al sector privado”. En otras palabras, el gobierno dejará el asunto como un negocio en los directivos de pantalón largo que ya demostraron su pobre interés por mejorar el balompié nacional. 

Empero, un buen número de nuestros jugadores de la selección son personas globalizadas que juegan en el futbol europeo y estadounidense y ven desde allá las pifias gubernamentales que confrontan a la sociedad. Ellos saben que lo mejor que les pudo pasar es jugar en el extranjero y ven desde afuera las barbaridades de la clase política y de los directivos de la Federación Mexicana de Futbol. De ahí que consciente o inconscientemente no lograron condensar el ideal de un juego armónico, divertido y de conjunto. Pareciera que perdieron, de alguna manera, su gusto por jugar y lo que hacían era una imposición que los acartonó. 

Sabemos que el deporte en general y de manera específica el futbol son asunto de interés de los Estados sin importar las ideologías. Así tenemos el respaldo del fascista Mussolini a su selección italiana que fue campeona en 1934 y 1938. Del otro lado vemos a Willy Brandt al socialdemócrata con el equipo alemán en 1974. Lo destacable es que fueron gobiernos que fomentaban la unidad nacional para fines diferentes y respaldaban abiertamente a sus respectivos equipos. 

Una nación pujante se refleja en la alegría de su juventud y sus ideales. Eso se sabe sociológicamente. De ahí que una nación dividida y en crisis política baja su autoestima, merma a la sociedad y deteriora todo intento de salir adelante. Difícil, muy difícil la situación de esos jóvenes aguerridos que lo intentaron, pero no pudieron. No los critico. Por el contrario, los apoyo porque están solos, como hoy se encuentra un gran número de mexicanos debido a las fracturas y divisiones que se propagan desde el Palacio Nacional.

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