¿Y por qué no Cambiar el Sexenio por el Cuatrienio?

Los Dados de Dios

*Sería Menor el Castigo Para el Ciudadano Cuando no Triunfa su Gallo

*Otra Posibilidad es Modificar la Norma e ir a una Segunda Vuelta

NIDIA MARIN

Todo tiene un límite. Y en México los presidentes de la República deberían tenerlo. Se les ha otorgado (o lo han arrebatado) un poder inconmensurable que afectó, y está afectando, a la sociedad, misma que cada día está más dividida como consecuencia de los ataques que algunos grupos reciben constantemente desde Palacio Nacional.

Son aberraciones de la política mexicana que todavía no alcanza a madurar y hoy permite que un tercerón (en edad), despliegue su ira, -por la serie de enfermedades que lo aquejan-, en contra de los que asegura son sus enemigos, mismos que abarcan desde médicos, científicos, politólogos, periodistas, clérigos y todos aquellos mexicanos que sobresalen en alguna profesión y pertenecen a las clases media-media, media-baja y alta.

Y aunque en la actualidad él y su familia sean distinguidos integrantes de la clase media alta (gracias al cash), desde la óptica de “su serenísima” sólo se ve la paja en el ojo ajeno.

La situación que los mexicanos estamos viviendo con el inquilino de Palacio Nacional (que no quiere irse, sino prolongar el castigo) ha hecho que se reflexione no solamente en la conveniencia de continuar con los sexenios, sino revisar las otras posibilidades que menudean en Latinoamérica.

A lo mejor lo que debería cambiar en México es el sexenio, porque por lo regular los últimos años del mandato resultan de hartazgo para la mayoría de los mexicanos, con el que desgraciadamente permanece sentado en la Silla del Águila. El sexenio en marcha es un ejemplo. Los tres pasados de: Peña Nieto, Calderón y Vicente Fox también.

De ahí que haya quienes coloquen el cuatrienio como el ideal para los gobernados por un presidente de la República. En América Latina sólo dos países tienen sexenio México (of course) y Venezuela (¡Ufff! por eso están huyendo).

Sin embargo, todas las naciones latinoamericanas tienen un régimen político presidencialista, pero en otros países eligen a sus mandatarios como sigue: 

Por 4 años, 10 naciones: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras y República Dominicana. 

Por quinquenio, seis países: El Salvador, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay.

Y si bien para muchos estudiosos el problema no está en los años de mandato, sino en los sistemas electorales, en nuestro país ambos temas deberían ser revisados, aunque sea sin permiso del mandamás.

¿SERÍA SOLUCIÓN LA 

SEGUNDA VUELTA? 

Por ejemplo, Fernando Tuesta Soldevilla, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y consultor, en un trabajo publicado por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, considera que “los Sistemas Electorales, deben ser producto del más amplio consenso político de las fuerzas involucradas en su confección. Esto no sólo visto desde una postura democrática del consenso, sino también desde un punto de vista pragmático”.

Pero además (ojo, legisladores, con lo que está ocurriendo sobre la iniciativa que pretende dar al traste con la escasa democracia que tenemos los mexicanos): “…cuando un Sistema Electoral es desarrollado por un segmento del espectro político parlamentario, corre el riesgo de ser cambiado, cuando esa mayoría deja de ser tal y da paso a otra que se siente insatisfecha con dicho sistema. El consenso posibilita la permanencia de las reglas y la continuidad de éstas, permite ser interiorizadas por los ciudadanos”.

Hoy es tal la angustia que está causando la iniciativa presidencial en materia de elecciones y su pretensión de desaparecer el INE y contar con autoridades ad-hoc que permitan la hegemonía de Morena, que hay quienes ya han externado ser partidarios (y por nuestra parte pensamos que sería el momento) de analizar la llamada segunda vuelta electoral, conocida también como ballotage. 

Explican los especialistas que su objetivo apunta a otorgar mayor consenso a favor de los triunfadores.

Algo al respecto ha mencionado el especialista peruano: 

“Este es un procedimiento en el cual se impone un número calificado de sufragios –puede o no ser mayoría absoluta– a todo postulante a ciertos cargos electivos. Tuvo en su origen intentar reducir el número de partidos participantes y así evitar la proliferación de agrupaciones, obligando a ellas a alimentar alianzas y negociaciones interpartidarias. Posibilita, asimismo, que los elegidos cuenten con una cuota de legitimidad”.

En efecto. Hoy los países en América Latina que aplican este sistema son: Argentina, Chile, Colombia, Paraguay, Ecuador, Perú, Brasil, El Salvador, Guatemala, pero fueron Costa Rica, en 1949 (con un umbral mínimo del 40%) y Ecuador (Ley Electoral), en 1978, los primeros que aplicaron el sistema en forma sistemática, hasta la actualidad. Recientemente en las elecciones de Brasil se utilizó y el triunfador sobre Jair Bolsonaro fue Luiz Inacio Lula Da Silva.

 

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