El Miedo y el Narcoterrorismo Avanzan en México

NIDIA MARIN

Inserto en la temporada del miedo y su impulsora la inseguridad, México navega casi a la deriva.

Hoy estalla, una vez más, la lucha por el control del narcotráfico. (¿O no?) De la misma manera que ocurrió en los años ochenta del siglo pasado, cuando se rompió el monopolio que sustentaba el Cártel de Sinaloa, debido al surgimiento de diversas organizaciones como el Cártel de Ciudad Juárez, el de Tijuana, el Del Golfo, Los Zetas, Los Valencia y del Milenio, La Familia Michoacana, Del Pacífico, De Juárez, entre otros. 

Y el auge continuaría, inclusive con todo y la “guerra de Calderón”, ya que afirman los estudiosos que en el 2006, había seis organizaciones, en 2007 eran ocho, en 2010 aumentó a doce y en 2012 alcanzó 16. Hoy, se ha perdido la cuenta…

La fragmentación de los cárteles siguió su marcha y, actualmente (diez años después), estamos viviendo en el terror. Porque hoy el avance del Cártel Jalisco Nueva Generación en la República causa el terrorismo, en lo cual la población lleva la peor parte, porque las fuerzas de seguridad locales y las fuerzas armadas siempre llegan tarde.

Y es que en la actualidad el asunto se ha agravado. Sí, se pagan las consecuencias de haber abolido a las policías, como la Federal, dedicada entre otros a ese combate, o la Policía Judicial Federal que también colaboraba y lo más grave es la ineptitud absoluta de una Guardia Nacional que resultó un fiasco, caro y malo sobre todo para las víctimas: los ciudadanos.

También es el costo de la diversificación de actividades de los narcotraficantes, los cuales hoy también intervienen en el tráfico de armas, tráfico de inmigrantes, tráfico de órganos, huachicoleo, prostitución, extorsión, entre otros. 

Además, para desgracia de los mexicanos, aumenta la capacidad de armamento de las organizaciones criminales y los ataques directos a los ciudadanos. Este ha sido un sangriento camino, por desgracia en incremento. Por ejemplo, aquellos aterradores hechos, cuando colocaron las cabezas de un comandante y un oficial del Grupo Relámpago, sobre la reja de la presidencia Municipal de Acapulco, Guerrero en 2006. De ahí pasamos a los granadazos lanzados el 15 de septiembre de 2008 en Morelia, Michoacán, así como a la masacre de 55 personas en el Casino Royale de Monterrey en 2011. Después llegaría lo cotidiano: los asesinados y colgados en los puentes, lo mismo en Zacatecas que en otros lugares del país, en diversos años y durante la actual administración.

Hoy, los narcoterroristas atacan gente que no puede defenderse (incluyendo policías y militares que no están en posiciones de defensa). Más grave es que, en capitales de algunos de los estados, así como en varios municipios, tiendas de autoservicio, gasolinerías y demás son incendiadas por los delincuentes. 

En este caso, el narcoterrorismo afecta ya a Guanajuato, Zacatecas, Michoacán, Jalisco, Baja California y Chihuahua, entre otros y sigue avanzando, sin que el gobierno del Estado Mexicano lo frene, aunque sí lo niega y lo disfraza.

Los únicos que sí progresan claramente son el miedo y la inseguridad, mismos que en el caso de México no son fortuitos, sino provocados, causados con premeditación, alevosía y ventaja, con la finalidad de mantener a una sociedad temerosa y sin libertades para reclamar abiertamente todas las barbaridades que se están cometiendo desde el máximo poder.

Dicen los estudiosos que, en muchos casos, la instauración de este miedo resulta altamente beneficiosa para la institucionalización de algunas “amenazas” que son reforzadas premeditadamente por los entes en los cuales reside el poder.

Como exponen los estudiosos: “…no sólo es un hecho fortuito, sino que posee una importante función estructural y puede constituirse en un arma de dominación política y de control social”.

El asunto es que la narcoviolencia en el país no solamente afecta a los criminales o personas que se dedican a actividades ilegales, sino específicamente a cualquier ciudadano.

¡Nadie se salva! Hombres, mujeres, niños, jóvenes, personas de la tercera edad, han resultado muertos o lesionados en la presunta guerra entre carteles del narcotráfico, transformada en terrorismo del narco.

Y ante el grave riesgo para los ciudadanos, Estados Unidos ha estado lanzando alertas, lo que significa menos turismo hacia México y mayor emigración hacia el vecino país. 

En esas estamos y sin esperanza de que las cosas cambien, a menos que en el 2023 y en el 2024 los mexicanos se pongan las pilas, primero en el Estado de México y Coahuila y después en todo el país, para decir: ¡Ya basta! 

 

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