Gobiernos de Minorías Partidistas

SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Hace poco más de una semana se llevaron a cabo elecciones legislativas en Francia que entre otras cosas definen, quién pudiera acompañar al presidente Emmanuel Macron como su primer ministro. El centro derecha del presidente redujo su presencia legislativa, el mosaico de izquierdas aumentó su número de diputados, la ultraderecha de Le Pen, aunque avanzó en números absolutos sigue sin convencer a buena parte de los franceses. El candidato Melenchon señaló que la izquierda debería ir en bloque a la Asamblea Nacional pero los líderes de partidos socialistas, comunistas, ecologistas y demás lindezas le dijeron ¡¡que no!! Cada quien tiene su agenda propia y ello abre la posibilidad a que Macron haga alianzas con diversos partidos de derechas y la izquierda vuelva a perder en Francia. Históricamente los partidos de izquierda tienden a fraccionarse y ostentan una vocación suicida que se repite una y otra vez en el país galo, como en España, Grecia y un largo etcétera. 

También por aquellos días, los diarios de información internacional relataron que el gobierno de coalición partidista en Israel se venía para abajo y ello presagiaba una nueva época de campañas políticas y otra elección de gobierno que arroja un promedio de elecciones generales en Israel cada 16 meses. El tema principal, el que se ventila en la prensa es el convulso, divisorio y problemático asunto de los asentamientos irregulares en Cisjordania; tema que ha sido condenado por la comunidad internacional pero que es meridiano para la clase política israelí, para los colonos de aquella nación y para los palestinos que cada vez ven más reducidos sus territorios, ello olvidándonos de que muchas veces casas y viviendas han sido demolidos por sentencias judiciales donde los árabes siempre tienen las de perder. La caída del actual gobierno en Jerusalem abre la posibilidad de que vuelva a presentarse como candidato Benjamín Netanyaju, que aunque tiene pendientes con la justica israelí tiene a la vez la capacidad de revivir políticamente, ello olvidándonos que los pueblos tienden a equivocarse cuando han votado por candidatos ya probados.

Si los dos anteriores casos (Francia e Israel) son asuntos del mundo real, en la plataforma Netflix existe una serie danesa “Borgen” que retrata no solo la imagen pública y en los medios de información el accionar de los primeros ministros en Dinamarca, sino y ello refuerza el argumento de este texto, el tejemaneje de los partidos políticos, particularmente el de sus dirigentes partidistas, que se “venden” al mejor postor que quiere convertirse en Primer Ministro, porque incluido el personaje y su partido, todos ellos resultan ser parte de partidos minoritarios que tras las elecciones no han logrado convertirse en una fuerza hegemónica.

Cuando veía las negociaciones, concesiones ideológicas y traiciones que iba cometiendo la premier Briggite, me acordaba, porque ello era la realidad en Madrid, de las maniobras del presidente del gobierno Pedro Sánchez y sus socios de gobierno: llámense Unidas Podemos, Partido Nacional Vasco amén de otros partidos regionales contra una oposición igualmente fraccionada en el Partido Popular, Ciudadanos, Vox y otros monstruos del circo electoral. La pregunta que surge en los casos francés, israelí, español -pero pudiera ser griego, alemán, etcétera- es que sus respectivos gobiernos genuinamente no representan a la mayoría del electorado nacional: no solo porque todos son minorías, sino porque quienes deciden son las cúpulas de los partidos, que resultan ser otra minoría, con una agenda propia y que no necesariamente coincide con los intereses nacionales.

Los politólogos y cientistas sociales que estudian al detalle la teoría y las prácticas de los procesos electorales han afirmado que el sistema parlamentario es el que más se acerca al ideal democrático…pero por lo mencionado arriba ello hoy no es del todo cierto. Otros académicos señalan que el sistema presidencial es, primero más estable porque la elección da un periodo definido de gobierno -ello si el presidente maneja con inteligencia- y a la mitad de su mandato se llevan a cabo elecciones intermedias que pueden ser un espaldarazo a dicha gestión o por el contrario una profunda crítica. Lo que sí es cierto, es que, para países como México y nuestros vecinos hispanoamericanos, aunque el parlamentarismo en teoría puede ser deseable, en la práctica sería el origen de una inestabilidad política que en el mejor de los casos conduciría a muchas elecciones como en Israel o Italia, pero en el peor de los casos resultaría en golpes de estado militar o estadios de revoluciones civiles. Lo que es un hecho es que el sistema de partidos tradicionales lleva décadas resistiendo un alud de críticas fundamentadas, pero al mismo tiempo no se ha empoderad otra opción; en México como en los Estados Unidos, Perú, Brasil y otros países los candidatos apartidistas que en un origen causaron muchas voluntades, ya en el ejercicio de gobierno resultaron en desengaños mayúsculos, falta de experiencia y una visión egoísta por parte del titular del Ejecutivo que provocó males innecesarios en diversos países.

Nadie quiere hablar de la dictadura, pero los dictadores existen y gozan de cabal salud; la mayoría, a la larga llevan a sus países a situaciones de crisis pero otros con números positivos en sus gestiones duran y duran. En el siglo XIX mexicano se hizo una distinción: no era lo mismo una dictadura represiva y retardada en el plano ideológico, que una dictadura progresista que buscaba la modernidad del país, trataba de mejorar las condiciones de vida del pueblo y éste, disfrutando de un relativo bienestar podría tolerar el autoritarismo del presidente en cuestión. Por su duración solo el porfiriato fue una dictadura liberal, en cambio lo que ha definido el rumbo nacional han sido las presidencias con cúmulo de poderes. ¿Presidencia imperial…quién sabe?             

 

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