Y Desde el Alma Mater del Presidente Tronaron los Chicharrones Electorales 

NIDIA MARIN

¿De qué se quejan los morenos, si ganó el Alma Mater del presidente, aplicada en el Siglo XXI, es decir el priismo del antepasado, hoy con traje guinda, gracias a que fueron doblegados a punta de prebendas algunos de sus gobernadores tricolores actuales, en por lo menos dos entidades, Hidalgo y Oaxaca?

¿A que se deben los lamentos morenistas, si las triquiñuelas aplicadas el domingo pasado tuvieron un éxito calificado de “regular” y desvergonzado en algunas entidades, como Tamaulipas y Quintana Roo?

¿A que se deben los gemidos, de los ambiciosos, si hoy el pudor político se exhibe sin choninos, cuando desde el dizque “partido” vencedor la dirigencia se vanagloria de los triunfos de los “morenos”, cuando por lo menos dos son chapulines tricolores -Tamaulipas e Hidalgo- y portan el uniforme que gracias a sus maromas los llevó al triunfo?

¿Por qué las desazones, si mediante las artimañas y el fingido dolor por los pobres, ya tienen chance de dejar vacías las arcas de otras entidades más, gracias a la manga ancha que aplican, con el ejemplo otorgado desde el zócalo?

Así es, porque como si fuera un castigo lo que en materia económica se temía que ocurriera y que la Secretaría de Hacienda señaló el año pasado, hoy se está cumpliendo (sin contar con las uñas afiladas de los gobiernos federal y estatales). Sí, en la actualidad, efectivamente se registra una profundización de los conflictos comerciales y los riesgos geopolíticos que genera menores perspectivas de crecimiento en la economía mundial. También es más lenta la recuperación de la economía en Estados Unidos, hay condiciones más restrictivas en los mercados financieros internacionales y en fin, para que hablar de la gran economía, si la de los bolsillos de los mexicanos es lamentable.

Pero ganaron los morenos en cuatro de seis entidades. Un punto más para que el hombre de Palacio renueve sus intenciones de ser eternamente “el dedo divino”, el que decide, el “todo de la patria” y que su partido vuelva a ser aquel hegemónico que predominó en el siglo pasado. Sí, el mismo que permitía la existencia de otros partidos, siempre y cuando fueran solamente satélites o subordinados, secundarios y agradecidos con las migajas que les lanzan desde el zócalo.

Hoy, simplemente se refrenda el futuro inmediato, lamentable para el país. Algo similar a lo que sucedía en los años cuarenta el siglo XX. Sí, entonces, en el periodo desde la creación en 1946 de la Comisión Federal de Vigilancia Electoral, hasta antes del surgimiento del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990 y el vapuleado de hoy: el Instituto Nacional Electoral (INE) al que pretenden acabar al costo que sea.

En aquellos años, decíamos, el monopolio del aparato electoral estuvo en manos del partido hegemónico y el gobierno, en síntesis, era lo mismo. Sí, a través de la Secretaría de Gobernación tronaban los chicharrones electorales. 

¿Y quién ganaba las elecciones? El tricolor. A los demás sólo se les regalaban migajas.

El asunto es que al iniciar el siglo XXI, los opositores empezaron a ganar (léase el Partido Acción Nacional en dos ocasiones), pero después regresaría el PRI, aunque con una apertura hoy poco reconocida y, ciertamente, en un periodo donde la satisfacción de intereses inmediatos fue lo que rifó.

Hoy, indudablemente existe un partido predominante y ya se verá en otros procesos si obtiene la mayoría absoluta, aunque hay estudiosos que lo califican de “limitado”, es decir cuatro o cinco partidos coaligados que en solitario simplemente no ganan.

Christian Uziel García Reyes, en su trabajo “Los partidos políticos y las elecciones en México: del partido hegemónico a los gobiernos divididos”, expone:

“El partido hegemónico no permite una competencia oficial pot (sic) el poder, ni una competencia de facto. Se permite que existan otros partidos, pero como partidos de segunda, autorizados; pues no se les permite competir con el partido hegemónico en términos antagónicos y en pie de igualdad. No sólo no se produce de hecho la alternación; no puede ocurrir, dado que ni siquiera se contempla la posibilidad de una rotación en el poder. Esto implica que el partido hegemónico seguirá en el poder tanto si gusta como si no.”

 Y menciona que “Sobre nuestro país Giovanni Sartori textualmente lo ubicaba dentro de los sistemas de partido hegemónico; por tanto, México adolecía de un régimen democrático al no existir condiciones para la competencia. El politólogo italiano describe de forma elocuente y sucinta el retrato de la vida política en que la Nación se desenvolvía:

“México está gobernado por su presidente de manera que recuerda al dictador de tipo romano. Como dice un autor, “los mexicanos evitan la dictadura personal al retirar a sus dictadores cada seis años” (…) Y las normas del juego son muy claras”. 

Antes, el PRI tenía que ganar como fuera. ¿Hoy también? Tal vez sea muy temprano y en las siguientes elecciones por venir, las de 2023 y las de 2024 nos demos cuenta de que tamaño es la hegemonía del partido guinda y de qué calibre las consecuencias por venir.

Lo que sí debemos reconocer es que ya está mostrando las uñas y son de ave de rapiña.

 

 

 

 

 

 

 

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