El Síndrome del Sha de Irán, Bush y Blair, Instalado en México

Los Dados de Dios

Padecimiento de Varios Mandatarios

Pero no es el Caso del Papa Francisco

NIDIA MARIN

¿Cómo juzgarán las Fuerzas Armadas de México al actual presidente, una vez que para fortuna de los mexicanos concluya su mandato y diga adiós?

El hecho de que en el actual sexenio nuestros soldados y marinos se hayan convertido en chambistas del que manda en Palacio Nacional y sean equiparados con los delincuentes, no significa que “per saecula saeculorum” así será. 

Tal vez como dijeron en la película “Pulp Fiction”: “No quisiera herir tu ego pero esta no es la primera vez que alguien me apunta con su pistola.”

No, el “para siempre” no existe para el ser humano sensato y sólo lo aplican aquellos especímenes que padecen el “Síndrome de Hubris”, un trastorno que se caracteriza por generar un ego desmedido. 

Aseguran los estudiosos en neurología que se trata, “… de un concepto muy relacionado con el de las Moiras, los tres seres mitológicos que enhebraban, medían y cortaban el hilo de la vida. El enfermo de ‘hubris’ se cree con derecho a más hilo del que le fue asignado y se rebela contra su propio destino. En la actualidad, se utiliza como sinónimo de soberbia, arrogancia o prepotencia”.

¿Y haber digan que se miente respecto al aposentado en la Silla del Águila? Ni como negarlo.

Y SI SE DERRITEN

LAS ALAS DE CERA… 

Y precisamente, los especialistas apelan al Génesis, para recordar… “Némesis en la mitología griega era la diosa de la justicia, del equilibrio y de la mesura. Castigaba los actos de soberbia y devolvía al enfermo de ‘hubris’ a los límites que había cruzado restaurando el equilibrio de la naturaleza. El sol derritió la cera de las alas de Ícaro que, por querer volar demasiado alto (‘hubris’), cayó al mar y desapareció para siempre. El Señor que confunde los idiomas de la tierra es la Némesis del pueblo orgulloso que pretende construir una torre que llegue hasta el cielo”.

Y reflexionemos en lo que dicen los especialistas de Gran bretaña:

“En 2008, el neurólogo, miembro de la cámara de los lores y excanciller británico David Owen publicó un libro en el que, atraído por el comportamiento y el perfil psicológico de ciertos políticos (parlamentarios, dictadores…), acuña el término ‘síndrome de hubris’ (SH) para describir a los mandatarios que creen estar llamados a realizar grandes obras; muestran tendencia a la grandiosidad y la omnipotencia y son incapaces de escuchar, mostrándose impermeables a las críticas. 

En aquel tiempo, aseguran… “…Owen analiza el comportamiento de políticos como Roosevelt, Ariel Sharon, el sha de Irán, Bush, Blair, etc., y dedica un capítulo a las medidas de protección democrática contra los gobernantes con SH. Para Owen, el SH está indisolublemente unido al poder y alimentado por el éxito. Lo describe como un trastorno adquirido y reversible (puede remitir al desaparecer el poder)”.

¿En el actual caso mexicano ocurrirá esa reversión o sólo nos queda rezar unas novenas diariamente y alistar la camisa de fuerza, así como reservar desde ahora una habitación en el loquero preferido? 

Aseguran que un año después (en 2009) Owen y el psiquiatra Jonathan Davidson propusieron que la mencionada enfermedad del ego, es decir el “Síndrome de Hubris”, fuera contemplado como un nuevo trastorno psiquiátrico “…un cluster de síntomas que conforman un síndrome fácilmente reconocible”

Afirman que para llegar al diagnóstico de SH se necesita la presencia de al menos tres de los 14 criterios (creo que en México ya nos pasamos y sólo los zocalinos que tienen que padecerlo saben con certeza el número de tales síntomas).

He aquí los “Síntomas del síndrome de ‘hubris’ en líderes políticos”:

“1. Propensión narcisista a ver el mundo como un escenario donde ejercitar el poder y buscar la gloria

“2. Tendencia a realizar acciones para autoglorificarse y ensalzar y mejorar su propia imagen

“3. Preocupación desmedida por la imagen y la presentación

“4. Modo mesiánico de hablar sobre asuntos corrientes y tendencia a la exaltación

“5. Identificación con la nación, el estado y la organización

“6. Tendencia a hablar de sí mismo en tercera persona y usar la forma regia de nosotros

“7. Excesiva confianza en su propio juicio y desprecio por el de los demás

“8. Autoconfianza exagerada, tendencia a la omnipotencia

“9. Creencia de que no deben rendir cuentas a sus iguales, colegas o a la sociedad, sino ante cortes más elevadas: la historia o Dios

“10. Creencia firme de que dicha corte les absolverá

“11. Pérdida de contacto con la realidad: aislamiento progresivo

“12. Inquietud, imprudencia, impulsividad

“13. Convencimiento de la rectitud moral de sus propuestas ignorando los costos

“14. Incompetencia ‘hubrística’ por excesiva autoconfianza y falta de atención a los detalles”.

LAS JOYAS CON HS

STALIN, HITLER, FRANCO

En su exposición Owen refiere: 

“La existencia previa de ciertos trastornos, en especial el trastorno narcisista de la personalidad (TNP), con el cual comparte muchos rasgos, aumenta la probabilidad de que una persona poderosa desarrolle un SH. Así, los dictadores son más proclives a desarrollar un SH: Stalin, Hitler, Franco, Saddam Hussein, Castro, han sido claros ejemplos, pero también Bush Jr. y Blair.

“A lo largo de los siglos, muchos papas también han padecido el SH. El actual papa Francisco muestra un comportamiento diametralmente opuesto. Ha hecho de la humildad su bandera: renuncia a su residencia oficial, a los símbolos y lujos de su cargo, se mezcla con los humildes, y convive con ellos”.

No se detiene ahí, sino que alude al mundo de las finanzas con los casos Lehman Brothers y el Royal Bank of Scotland como ejemplo. También dice que en el deporte el ejemplo es José Mourinho (quien por cierto acuñó la frase: “Después de Dios, estoy yo”), sí, ese que por su arrogancia es un claro ejemplo de SH.

Además, hace hincapié en la inquietud, imprudencia e impulsividad, al padecer una falta de control de impulsos y… “a menudo sufren accesos de ira irracional. Cuando se les ignora o sienten amenazada su autoestima (‘herida narcisista’), pueden sufrir un ataque de ira, suelen levantar la voz y en esos momentos son impermeables a cualquier razonamiento”.

Este tipo de seres, ¡faltaba más! asegura Owen… “Están convencidos de su buen quehacer, independientemente de los costes. Presumen de su amplitud de miras, ignorando los detalles y la letra pequeña, y justifican sus actos por el fin que persiguen (que siempre será moralmente acertado).”

En el caso mexicano podríamos decir que además de todas nuestras penas, ajenas y propias, aun no realizamos lo que en otras naciones, porque…

“En el mundo de las finanzas, la política o de los militares se han establecido hace tiempo protocolos para reconocer las conductas ‘hubrísticas’, dadas las graves consecuencias que un pequeño número de personas puede causar sobre el resto de los ciudadanos…”.

Y como dice la canción del momento, denominada “Egodivo”:

Ego sacude, bájate de esa nube/ no se te olvide que el que más baja más sube/ 

“El más pequeño aquí es el más grande allá/ y eso tu no lo puedes cambiar/

Egodivo está dando un espectáculo poder y motivación para vencer obstáculos/

“Imponiendo su persona y su criterio, con el pecho inflado como un globo de helio/

“Como quien tiene la verdad absoluta, la gente se lo aplaude y Ego se lo disfruta…”

“No deja ni la mínima percepción de lo que significa manso y humilde de corazón

“Baja del altar, perdón de la tarima y entre la multitud un anciano se le aproxima

“Le dijo no te engañe la autoestima porque el burro va debajo y el maestro va arriba”.

 

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