México, Cuba y los Estados Unidos: una Relación Tormentosa

SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

De Cuba y en el siglo XVI llegaron los pestilentes aventureros españoles que ansiosos de tener oro y piedras preciosas buscaban “el Dorado” en el continente americano, ello aunado a la sífilis, peste bubónica y otras enfermedades que en el lapso de cuarenta años acabaron con tres cuartas partes de la población indígena americana: datos que no son de la 4T, sino que provienen de las investigaciones que en los años de 1970 desarrolló Eric Wolf consultando diversas fuentes archivísticas en Latinoamérica, y que sin desmentirlas pero sí precisadas, han seguido siendo objeto de diversos estudios antropológicos.    

Durante los siglos XVI-XVIII hasta la derrota (1829) de la invasión española-cubana del brigadier Barradas en Tampico por las tropas de los generales Mier y Santa Anna, la Nueva España vio venir de la isla de Cuba y por igual, funcionarios de la corona de España, libros religiosos y los menos de las ciencias naturales, comerciantes que proveyeron de artículos manufacturados a las casas establecidas en Veracruz, Puebla y la Ciudad de México. Asimismo llegaron naturalistas, tránsfugas de algún delito, individuos que se casaron con criollas novohispanas, extranjeros que a la vez eran súbditos de la corona española como los italianos de Sicilia y embozados masones, biblias protestantes escondidas en el fondo de las cajas de un barco y tratados de teoría política elaborados en Francia e Inglaterra, entre otros objetos prohibidos por el régimen colonial. Todo lo anterior quiere decir que la relación con Cuba fue muy intensa y ello comenzó a relajarse en el deambular decimonónico del México independiente.

Pasemos ahora a la relación triangular con los Estados Unidos. Cuando por la influencia de Simón Bolívar se organizó el primer Congreso Anfictiónico Americano celebrado en la ciudad de Panamá en 1826, la postura del gobierno de Washington expresada por su futuro presidente John Quincy Adams fue: los Estados Unidos verán con desagrado que países latinoamericanos (léase México y Colombia) ayuden a la independencia de Cuba y Puerto Rico. Conviene a los EU que las dos islas sigan siendo colonias españolas, ustedes no podrían defenderlas frente a otra potencia europea: ¡mejor hablemos del comercio! Así se selló el destino de Cuba como un remanente del colonialismo español, aspiración estadounidense que culminó con la guerra hispano-americana de 1898. De facto “protectorado” de los Estados Unidos a lo largo del siglo XX hasta el triunfo de la Revolución Cubana en 1960, para luego depender de la ubre del imperio soviético hasta que éste se desintegró en 1991 y, por primera vez en su historia, Cuba se vio libre de las tutelas extranjeras (España, EEUU, URSS). Ser y actuar de manera independiente no es fácil y peor con el genuino embargo de bienes y servicios implementado por los gobiernos estadounidenses. ¡¡Imagínese estimado lector a los mexicanos chillando porque de un momento a otro desaparecieran las Coca Colas de la faz de la república!!

¿Y en todo este pleito, México qué? Mucho, porque los casos de Cuba, el Caribe y especialmente Centroamérica es el vivo ejemplo de un error de dimensiones históricas. Pifia que se explica por la inestabilidad política del siglo XIX mexicano. En sentido opuesto, buenos intentos llevados a cabo por Porfirio Díaz y López Portillo para mejorar la situación económica y política en Nicaragua; permanente oposición de los Estados Unidos para que México no desarrollase una presencia más completa en el istmo y visto bueno para que dictadores como Leónidas Trujillo en República Dominicana o los generalotes en Guatemala, amenazaran y le pegaran a México a partir de asesinatos selectivos, problemas en la frontera selvática del Petén mexicano y un muy desagradable etcétera. Por ello, cuando Enrique Krauze era menos derechoso, escribió un interesante ensayo sobre las diferencias de percepción y ayudas materiales estadounidenses entre Europa y el subcontinente latinoamericano: en Italia los ayudaron con el Plan Marshall, en cambio en Honduras y El Salvador, las retrógradas políticas de los EU provocaron una sangrienta y larga guerra civil. Hasta aquí el historiador. Hoy 2022, aquella conflagración, se ha traducido en una enorme migración centroamericana “al norte”.

Cuando el gobierno de López Mateos, Echeverría, López Portillo, Salinas de Gortari y ahora López Obrador primero apoyaron y luego guiñaron el ojo al régimen cubano, sí lo hicieron por una cierta simpatía con la isla, pero en los años de 1960s, 1980s y 2020s, más bien se debe leer como una estrategia respecto a políticas soberanas implementadas por los sucesivos gobiernos mexicanos. No hay que estirar demasiado la liga escribe hoy (11.05.22) Jesús Michel en estas mismas páginas. Así lo han verificado presidentes desde Joaquín de Herrera (1848), y Juárez (1859) y me parece así pasará en la actualidad; las bravatas son peligrosas pero funcionan. Este mismo día que se redacta el presente texto, un editorial de Los Angeles Times se pregunta: ¿de qué han servido las diversas Cumbres de las Américas?  Yo digo, para materializar puntuales acuerdos bilaterales, de muy poco; para hacer un diagnóstico del mosaico de posturas de los países latinoamericanos, mucho y el Departamento de Estado toma nota. Para la crónica del evento…depende de la pluma a quien hayan invitado…pero la corrección política le quita toda jiribilla. Ya veremos qué sucede en las próximas cuatro semanas.                    


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