Enfrentar la Crisis Educativa Mundial, con Nuevas Acciones Imperativo Para los Países

A la Vuelta de la Esquina

Por Iván Ruiz Flores

No sólo en México, sino mundialmente, estamos viviendo una crisis educativa sin precedentes debido a la pandemia y sus constantes nuevas cepas.

¿Cuál es el futuro de las nuevas generaciones, si los niños, los adolescentes y los jóvenes constantemente tienen que regresar al encierro ante las nuevas olas en las naciones? Nadie se salva. En todos los países hay graves problemas en esa materia.

Es tan serio el asunto que Jaime Saavedra, director general de prácticas educativas del Banco Mundial, Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de la  UNESCO y Robert Jenkins, director de educación y director asociado de la división de programas, UNICEF abordaron el tema con gran acierto y verdad.

Todos aquellos funcionarios brillantes en las naciones coinciden con las palabras de estos personajes, quienes se refirieron como la “peor crisis educativa de que se tenga constancia” a las interrupciones constantes del sector educativo a escala mundial debido a la pandemia de Covid-19.

La mayoría de los países, mencionaron los dirigentes de organismos internacionales, cerraron sus centros escolares, centros de formación profesional y de enseñanza superior como parte de sus estrategias para combatir la pandemia, afectando a casi todos los estudiantes del mundo.

Los costos han sido enormes, dijeron, tras exponer que aún no se conoce del todo la magnitud de su repercusión, pero los últimos datos son preocupantes.

Acto seguido se refirieron al informe Estado de la Crisis Educativa Mundial: un Camino Hacia la Recuperación, en el cual explicaron llevaron a cabo un balance de la situación de la educación en el mundo tras el cierre prolongado de las escuelas y analizamos las opciones para evitar que esta crisis no deje secuelas permanentes en el capital humano de esta generación.

El documento presenta simulaciones actualizadas a escala mundial sobre las pérdidas de aprendizaje, así como una revisión de los datos disponibles hasta la fecha, provenientes de evaluaciones concretas de las pérdidas de aprendizaje debido a la Covid-19 en diferentes contextos.

Los más afectados han sido los educandos más jóvenes y los más pobres. A manera de ejemplo mencionaron que en Sao Paulo (Brasil), los educandos de la enseñanza primaria y secundaria solo adquirieron el 28% de lo que debían aprender en los cursos presenciales, y el riesgo de abandono escolar se multiplicó por tres.

Asimismo, en las regiones rurales de Karnataka (India), la proporción de niños de tercer grado escolarizados en el sector público capaces de realizar una simple resta cayó del 24% en 2018 a solo el 16% en 2020. ¿Consecuencias?: Después de un año de cierre de las escuelas, se perdió el equivalente a un año de aprendizaje.

El asunto es muy grave, porque debido a las pérdidas de aprendizaje y competencias durante el cierre de las escuelas, aseguran, “esta generación de estudiantes corre el riesgo de perder 17 billones de dólares en ingresos de por vida en valor actual, o el equivalente al 14% del PIB mundial actual, que es mucho más que los 10 billones de dólares estimados en 2020”.

No es todo, porque “en los países de ingresos bajos y medios, la proporción de niños afectados por la pobreza de aprendizaje -que ya era superior al 50% antes de la pandemia- aumentará drásticamente, quizás hasta el 70%, debido al cierre de las escuelas y la calidad y eficacia desiguales del aprendizaje a distancia”.

Ante ello, dicen, resulta necesario llevar a cabo urgentemente medidas ambiciosas. Recuerdan también que cuando los sistemas educativos pasaron al aprendizaje a distancia, muchos de inmediato pusieron en marcha estrategias multimodales que utilizaban, por ejemplo, el Internet, la televisión o la radio, soportes impresos y mensajería instantánea. Sin embargo, la calidad y la accesibilidad de este tipo de aprendizaje fueron muy variables, “y los educandos más marginados tuvieron a menudo menos posibilidades de acceder a un aprendizaje a distancia de calidad”.

Esta crisis incrementó en muchos sentidos las desigualdades educativas que ya existían antes de la pandemia de la actual pandemia.

Una vez que pase la crisis, señalaron, será esencial reabrir los centros escolares, evaluar el nivel de aprendizaje y de bienestar de los educandos, y adaptar la enseñanza al nivel de aprendizaje real de estos.

“Para que los educandos puedan ponerse al día, al menos con las trayectorias de aprendizaje anteriores, es esencial poner en marcha un programa de recuperación que dé prioridad a las competencias básicas y al apoyo socioemocional, que amplíe el tiempo de aprendizaje y que mejore la eficacia del proceso enseñanza-aprendizaje”, expusieron.

Además de solicitar apoyo para los docentes, de quienes dependerá los programas de recuperación, resaltaron la exigencia de compromisos políticos y financieros considerables para reforzar las capacidades de los sistemas educativos.

“Hasta la fecha, menos del 3% de los paquetes de recuperación públicos han sido asignados a la educación, una proporción que es inferior al 1% en los países de ingresos bajos o medios. Para garantizar la recuperación de manera urgente, sin considerar la transformación de la educación que los niños de todo el mundo merecen y necesitan, se requerirá mucha más financiación”, añadieron.

Una importante consideración fue lograr “convertir esta crisis en una oportunidad para reinventar la educación, haciéndola más resiliente, equitativa y eficaz a la hora de ofrecer un aprendizaje para todos. Hay que aprovechar esta oportunidad. Ahora es el momento de actuar, para evitar que esta generación de educandos padezca pérdidas de aprendizaje permanentes, de ingresos y de productividad futura, así como para proteger su capacidad de participar plenamente en la sociedad”.

En México, como en muchas partes del mundo es conveniente que los gobiernos lean el informe “Estado de la Crisis Educativa Mundial: un Camino Hacia la Recuperación”, en el cual -señalan los personajes-  se presentan varias medidas.

Rematan al considerar:

“Hay que aprovechar esta oportunidad. Ahora es el momento de actuar, para evitar que esta generación de educandos padezca pérdidas de aprendizaje permanentes, de ingresos y de productividad futura, así como para proteger su capacidad de participar plenamente en la sociedad”.

Y tienen razón.

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