Caminata Entre Ceibas con Amor y Recuerdos por el Paseo Montejo, ¡Claro, en Mérida, Yucatán!

Reportaje

Por Susana Vega López, (Enviada)

MÉRIDA, Yucatán.- Aquí es tierra de aluxes, de misterio, de ceibas; aquí el papel  de baño no se tira en el inodoro para evitar contaminar los mantos y aproximadamente tres mil cenotes; aquí la seguridad y tranquilidad están garantizadas; aquí el calor humano y ambiental está a todo lo que da; aquí se realizó la semana pasada el Tianguis Turístico de México 2021, el más planeado de los Tianguis Turísticos –se pospuso dos veces y la tercera fue la vencida-, aquí se conjuga modernidad con historia; se le conoce como la Ciudad Blanca: Mérida.

Esta bella ciudad también se distingue por ser la capital cultural y gastronómica del sureste; se le reconoce como el lugar donde dio inicio el estado de Yucatán. Se fundó en 1542; se construyó sobre la ciudad maya de Thó y ha sido calificada como la “Mejor ciudad pequeña del mundo” y “Mejor destino de convenciones” por medios internacionales especializados en turismo.

Al caminar por su larga calle el Paseo Montejo se aprecia la arquitectura colonial de esta ciudad salpicada de toques modernos. Las que fueran grandes haciendas henequeneras sobreviven al paso de los años, claro, sin ese resplandor que las caracterizó en su época.

Rumbo al Centro Internacional de Congresos, en donde el pasado 16 de noviembre se inauguró la edición número 45 de tan esperado tianguis, tomamos el Paseo Montejo, la principal avenida que lleva este nombre en homenaje al fundador de la ciudad de Mérida, Don Francisco de Montejo y León -¡hasta se antoja la cerveza!-, a quien también se le conocía como “El Mozo”, y que, dicen, fue inspirada en los Campos Elíseos de París.

En el trayecto de esta calle construida entre 1886 y 1905 resaltan algunas edificaciones como las Casas Gemelas, el Palacio Cantón, la Casa Museo Quinta Montes Molina y el Monumento a la Patria, obra del escultor Rómulo Rozo, considerada la glorieta más emblemática porque muestra parte importante de la historia de México.

En esta escultura de piedra tallada se aprecian detalles como la fundación de Tenochtitlán, la guerra de Independencia, la Revolución, hasta hechos importantes de mediados del siglo XX, así como diversos motivos yucatecos entre las que se encuentra el emblema del escudo de la ciudad de Mérida, un Chacmol, una choza maya, dos caballeros tigres armados y postrados… pero lo que más se impone es que en el centro se destaca uno de los símbolos nacionales: el águila que devora una serpiente.

También sorprende Montejo 95, como se le conoce a una de las icónicas “Casas Gemelas” que ahora es un museo nombrado así: Montejo 95 Casa Museo. Se trata de mostrar al turista un ejemplo de cómo vivieron las familias de los grandes hacendados henequeneros. Su decoración y mobiliario estilo francés son originales de la época.

En Paseo 60, en el corazón de la ciudad, se encuentra la Casa Manzanero para exhibir un pedazo de la historia musical de uno de los compositores mexicanos más reconocidos de México y del mundo: Armando Manzanero. Partituras, objetos personales y el Grammy Honorífico que recibió de la Academia de la Grabación en 2014 se exhiben a los visitantes.

Por cierto, en la Hacienda Xtepén (mariposa negra) -a la que se llega por la carretera Uman-Uxmal y forma parte de la ruta Puuc- durante la cena de bienvenida se rindió homenaje a este célebre compositor del que el gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, comentó que, siendo presidente municipal, Armando Manzanero fue a sus oficinas a buscarlo sólo para decirle que siempre contara con él, que lo que necesitara estaría a sus órdenes. Y si era un evento del estado, los haría sin cobrar, “porque él amaba realmente esta tierra”. Incluso, recordó, ya se había puesto de acuerdo para participar en el Tianguis Turístico.

Esa noche estuvo ambientada con gente del pueblo que explicaba cómo se hace el “recado” (un sazonador para preparar la comida); otra más bordaba con hilos de vivos colores; más allá personas haciendo limpias con saumerio; enseguida, música de trova yucateca interpretada por un trío que hacía maravillas con sus voces y guitarras. Un estilo que nació a principios del siglo XIX que combina la poesía con notas melódicas que trata temas de amor y desamor.

La luna resplandeciente, iluminaba el lugar; ceibas y árboles varios lucían de maravilla, el clima cálido se mantuvo constante. De pronto, se vio a una mujer que pendía de un tramo de tela de color en la que se columpiaba haciendo varias figuras; un hombre con penacho, cara y cuerpo pintados, hacía giros en otro árbol. Ambos se veían pequeños, parecían títeres movidos por las ramas.

Cantantes, como  Susana Zavaleta, Francisco Céspedes, Ximena Sariñana, Benny Ibarra, Ana Torroja, Aída Cuevas, Diego “El Cigala”, Alex Sinex, Alex Lora, Filippa Giordano entre otros, interpretaron canciones del maestro Manzanero y cerraron con la Sonora Santanera.

Cada uno, al final, aparecía en una de las grandes pantallas colocadas ex profeso para mostrar una foto con el fallecido compositor, acompañada de un pensamiento alusivo al autor de “Somos novios”.

Y si de música se trata, en esta capital se encuentra el Parque de Santa Lucía, un espacio para disfrutar de las canciones más románticas en donde se toca todos los días en el marco de los eventos culturales.

En Mérida amanece a las seis de la mañana y se oscurece a las seis de la tarde; después de las once de la noche ya no se encuentra nadie en la calle. Dicen que no cuenta con drenaje y sólo algunas rejillas en la calle se encuentran de vez en vez por lo que, cuando llueve -y llueve mucho en todo el año- el agua en las calles sube de nivel. A pleno sol, de pronto, aparecen nubes de la nada y comienza a chispear por lo que aquí se debe portar sombrilla para cubrirse del sol o paraguas por las imprevistas lluvias.

Y es aquí donde la actividad turística renace, donde los pueblos mayas saludan con un Bix a Bell (se pronuncia bish a bel) que se traduce: “¿Cómo está tu camino?”. Aquí es donde las ceibas –o pochotes, de copa redondeada o plana, ramas estilizadas y otras retorcidas a capricho- te saludan y te hacen pensar en la magnificencia de la naturaleza porque este árbol gigantesco llega a medir hasta 20 metros de altura pero que en otras zonas llega ¡hasta los 70 metros!

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