El Tortuoso Viaje de Millones al Norte Continental

*Las Crisis Fronterizas que se Repiten en América

Por Margot Acosta

Ha llovido sobre mojado desde que el Continente Americano dejó de ser receptor de la inmigración trasatlántica para convertirse en expulsor de población básicamente hacia Estados Unidos, en parte hacia Canadá, aunque también desde que a los latinoamericanos y caribeños no les queda otro camino que el tortuoso viaje al norte continental.

Las crisis políticas y económicas entre los años 50 y 70, los regímenes represivos en América del Sur, fueron básicamente las consecuencias del incremento de las migraciones hacia el norte (a veces hacia Europa) en el propio Continente Americano.

Los haitianos, por ejemplo, por razones políticas y económicas comenzaron a migrar masivamente hace varias décadas. Primero hacia Canadá en los años noventa, mientras en esos tiempos el éxodo desde América Latina y el Caribe rumbo a Estados Unidos (sin contar a los mexicanos) alcanzó los 4,298,014. Sumados los de nuestro país llegaron a 11,030,846, en tanto que la proveniente solo de América Latina y el Caribe fue de 2,286,743. (Cifras del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía Celade, contenidas en el trabajo “La migración internacional en América Latina y el Caribe: tendencias y perfiles de los migrantes”, de Adela Pellegrino).

El éxodo haitiano hacia Canadá ya pesaba, en parte por los gobiernos militares que se sucedieron tras las dictaduras de Papa Doc y Baby Doc, en esa parte de la caribeña isla La Española en las dos últimas décadas del siglo XX y también en razón del idioma (francés), ya que la pretensión de muchos era llegar a los estados canadienses donde se habla: Quebec, Nuevo Brunswick, Manitoba, en parte de Ontario y Yukón. Y cuando ya no podían más con el traslado, se quedaban en Estados Unidos en aquellos lugares donde es el segundo idioma: Luisiana, Maine, Nuevo Hampshire y Vermont. En 1990 la migración haitiana hacia Canadá alcanzó 523,880.

Asegura Pellegrino que “…la emigración hacia el norte se ha convertido en un proyecto de vida para muchos latinoamericanos, cuyo impacto trasciende el efecto individual sobre los migrantes y sus familias y contribuye a alteraciones en la estructura social de los países de origen, a cambios culturales significativos y crea nuevas visiones de la ciudadanía y su relación con la territorialidad que darán lugar a grandes discusiones en los debates internos e internacionales del continente”.

Y en estos tiempos de pandemia, con las nuevas riadas de migrantes de toda Latinoamérica y el Caribe (además de África y otros sitios) impulsadas por las criminalidades internacionales y nacionales, es decir la rebatinga por los migrantes tanto mexicanos, de cualquier país latinoamericano o de otros continentes, hacen realidad uno de los señalamientos de Pellegrino:

“La emigración no solamente puede descomprimir las tensiones que se derivan del desempleo, sino que los emigrantes se han convertido, además, en una fuente importante de ingresos de dinero para los países de origen, llegando en algunos casos a constituir un porcentaje importante de los provenientes de las exportaciones. También, las transferencias de los migrantes han hecho su aporte a mejorar la balanza de pagos y constituyen una fracción significativa del producto bruto de los países de origen”.

Pero…

“El aporte de las remesas al desempeño individual y familiar de los propios migrantes es indiscutible. Ahora bien, más difusa y variada es la información relativa a la contribución de estas transferencias al desarrollo regional y a la generación de actividades económicas que contribuyan a crear empleos”.

Y no es dentro de los países de origen donde se desarrolla la situación más critica de estos seres humanos, sino en las fronteras, sobre todo en la de México con Centro América y la de nuestro país y Estados Unidos. Sí, estamos fritos.

En efecto, como señala Carlos Andújar, en su tema Diversidad Cultura y Derechos Humanos, publicado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, (Flacso):

“Fronteras inciertas, espacios indefinidos, límites aún pendientes de resolver y expropiaciones territoriales es la historia que acompaña las fronteras del mundo. Hoy parece que muchos intereses espurios han visto el potencial de recursos que encierra el trasiego fronterizo y en países como los nuestros donde no hay mucha vigilancia, ni regulación, ni seguridad, ni control, las fronteras en estos casos son caldo de cultivo para el tráfico de armas, droga, mercancías de todo tipo, trasiego humano ilegal, así mismo como potente espacio del intercambio comercial que nutre las fuentes de vida de los pobladores cercanos de ambos pueblos, así como los ingresos por intercambio comercial, de los principales rubros comerciales de estos pueblos”.

Haber, discútale.

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