Un Sueño Infantil se Cumplió Años Después: Asistir a ver el Desfile Militar

Reportaje

*Familias de Querétaro, Guanajuato, Puebla e Hidalgo Hicieron el Viaje

*Y Admiraron la Gallardía de los Militares: Soldados y Marinos

*En una Bici con un Pequeño Motor los Llevó don Jorge Hasta Bellas Artes

*Se hizo Patente el Fervor Patrio y Había Emoción en la Mirada

*Aplausos También Para Contingentes de más de una Docena de Naciones

Por Susana Vega López

Desde niña, siempre quise asistir a un desfile militar y por diferentes razones no lo hice, pero este año decidí ir con mi familia y ver este espectáculo lleno de gallardía, de disciplina de las fuerzas armadas de México, que son, a pesar de las circunstancias, la salvaguarda de la nación.

El desfile que vimos con motivo del 211 aniversario del inicio del movimiento de Independencia de México fue peculiar. Contrario a otros años, en el Zócalo no había espectadores, sólo quienes iban a desfilar y algunas autoridades. El año pasado se suspendió a causa de la pandemia y no fue posible que se realizara.

Ahora, en este 2021, no hubo mucha gente pues se optó por ver en la televisión este acto que estuvo plagado de símbolos, de mensajes de contenidos patrios independentistas.

El desfile desde hace muchos años es una fiesta tradicional que por sí misma que atrae miles de personas no sólo de la Ciudad de México, sino de muchas partes del país e incluso de visitantes extranjeros.

Apostados en el Eje Central Lázaro Cárdenas, en la esquina que hace con el Palacio de Bellas Artes, frente a la calle 5 de mayo, apreciamos el poder del ejército: por aire, aviones y helicópteros; por tierra, tanques, tanquetas, vehículos automotores, motos, caballos y binomios rescatistas de humanos y perros que fueron muy ovacionados a su paso.

Era agradable ver a la gente que se emocionaba cuando aviones y helicópteros surcaban el cielo; a los niños que ovacionaban a los elementos del ejército, que los saludaban con señas, alzando la mano, querían tocarlos, ser tomados en cuenta por los elementos de las diferentes corporaciones quienes se mostraban sobrios, serios, aunque uno que otro no aguantó la risa ni contuvo el saludo escondido apenas moviendo los dedos y alzando las cejas; otros más se atrevieron a saludar de mano.

Ahí, en la calle, vimos a la gente con un sentimiento de orgullo; platicamos con personas de Querétaro, de Guanajuato, de Puebla y de Hidalgo que hicieron el viaje sólo para estar presentes en esta magna fiesta militar y ser testigos del acontecer de la historia, de las nuevas modalidades de hacer política, de las transformaciones de los cuerpos de seguridad, la nueva Guardia Nacional, que recorrieron la avenida 20 de noviembre y Pino Suarez hasta el campo Marte en Chapultepec.

Las vialidades para llegar al zócalo de la ciudad fueron cerradas al tránsito; ni el trolebús, ni el Metrobús ni los taxis pudieron acercarse. Incluso la parada del metro San Juan de Letrán estaba cerrada, lo mismo que la de El Zócalo. Los vehículos que más se aproximaron al lugar del desfile fueron los bicitaxis y mototaxis que tuvieron gran demanda, no obstante que la dejada de Lorenzo Boturini a la calle de Independencia era de 300 pesos con hasta cuatro pasajeros apretujados.

Don Jorge accedió a llevarnos y que nos acomodáramos como pudiéramos. No podía dejar el pasaje “porque chamba es chamba. Yo sí los llevo, mi bici trae motor y necesito sacar lo del día” que incluye, explicó, el pago del motorcito porque él sufre de las rodillas y ya no pedalea. Nos dejó en la calle de López e Independencia y caminamos hacia lo que nos pareció el mejor punto.

Se pusieron cercas, vallas que cerraban el paso por lo que la gente delimitó su camino y buscaba el lugar más propio para alcanzar a ver el desfile. A las once de la mañana las filas de gente ya no permitían tener una buena vista por lo que de inmediato surgieron los vendedores de periscopios manuales, que por 30 pesos adquiría la gente estos artefactos de cartón con espejos encontrados a los extremos que permitían un panorama mejor.

Nos colocamos justo frente al edificio del Banco de México que se ubica en la calle Cinco de Mayo y al fondo se alcanzaba a ver la fachada de La Casa de los Azulejos. En la calle de Tacuba y el Eje Central resaltaba el majestuoso Palacio Postal; más atrás, la Torre Latinoamericana con sus 44 pisos y enfrente el edificio de Sears, en su oportunidad, el más grande de su época y donde se filmó la escena de Pepe el Toro contra “El Tuerto” en la película Ustedes los Ricos.

Se hacía patente el fervor patrio entre los presentes, se veía la emoción en los ojos de las personas de todas las edades, de esos testigos presenciales que al paso de las banderas, de los pendones y banderines que portaban algunos contingentes que marchaban al son del tambor ovacionaban y gritaban de júbilo enmarcados en un ambiente popular, en esa fiesta cívica del pueblo que comulgaba con lo más representativo que tiene México: sus fuerzas armadas.

El parte de la parada militar fue de 15 mil 180 efectivos incluyendo la Guardia Nacional, 60 charros, 99 aeronaves (71 aviones y 28 helicópteros), 205 perros y 276 caballos. Un aniversario peculiar que recordó del inicio de la gesta de Independencia, ahora sin público para evitar las aglomeraciones en época de Covid.

Al inicio del desfile, una vez concluidos los discursos oficiales, dentro de las maniobras se desalojó la plancha del zócalo capitalino en 10 minutos en un alarde de coordinación, disciplina y orden para demostrar la eficiencia de las acciones militares, como se percibió en la televisión.

Acto seguido, un espectáculo de paracaidistas que saltaron desde los helicópteros y que demostraron estar capacitados para ayudar a personas en casos de desastre o contingencia, en lugares de difícil acceso, pero a la vez para demostraciones tácticas militares. Eran los fusileros paracaidistas. Fue muy vistoso este hecho que maravilló a propios y extraños.

Los asistentes se emocionaban al mirar el cielo con formación de helicópteros que parecían zigópteros (caballitos del diablo) o libélulas alineadas. Otros aviones soltaron humo de color verde, blanco y rojo, los colores de la bandera, que causaron admiración.

Cabe mencionar que en esta demostración desfilaron contingentes de otras naciones como: Francia, Argelia, Bangladesh, Belice, España, Italia, Marruecos, Reino Unido, Honduras, Argentina, Colombia, Costa de Marfil y Venezuela, con sendas banderas de sus países que llamaron la atención por su diferente manera de marchar ya que los elementos del ejército mexicano lo hacían a 120 pasos por minuto –de acuerdo a su reglamento- en tanto que los extranjeros lo hicieron entre 80 y 88 pasos por minuto.

Las aguas embotelladas, los preparados de refresco de toronja o agua mineral con limón escarchados con sal o chilito en polvo salieron a la venta para mitigar la sed en este día que resultó soleado, despejado, sin visos de lluvia.

Una orgullosa familia colombiana comentó en voz alta: “miren, allí están mis paisas”; otros disfrutaban apostados en cualquier lugar en el que pudieron subirse: una barda, una orilla, un poste.

Un desfile que no logró contener a la gente en sus casas y que maravilló a extranjeros y turistas de paso.

Mi anhelo de asistir a una parada militar se cumplió, me sentí nuevamente como una niña, pero en esta ocasión, con hijos y nietos. Ver los uniformes impecables con botones relucientes, limpios, bien planchados que lucieron los elementos de nuestro ejército es realmente espectacular, digno de ser admirado y motivo para atraer turismo.

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