Petición al Fracaso

Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

Hace 36 días, con motivo de la conmemoración del 238 aniversario del natalicio de Simón Bolívar, el presidente López propuso la desaparición de la OEA para sustituirla por algo “similar a lo que tiene la Unión Europea”.

Encarrerado y ante la presencia de 25 ministros que acudieron a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en la Ciudad de México, se lanzó contra Estados Unidos y advirtió: “Es ya inaceptable la política de los últimos dos siglos caracterizada por invasiones, para poner o quitar gobernantes al antojo de la superpotencia. Digamos adiós a las imposiciones diferencias, sanciones explosiones y los bloqueos”.

Como su “sugerencia” ni fue escuchada en la Casa Blanca ni en el Departamento de Estado, el titular de exteriores, Marcelo Ebrard repitió la exigencia. Claro, ante los senadores de Morena. Dijo: El plan de México es “decir adiós a la OEA”.

“¿Cuál es la propuesta de México? Adiós a la OEA en su sentido intervencionista, injerencista y hegemonista y que venga otra organización que construyamos en acuerdo con Estados Unidos para el siglo XXI”. Y por supuesto la ovación de todos los congresistas que coordina el hombre de Apatzingán, don Ricardo Monreal.

¿Construyamos Kimosabi?

Sin desconocer que la Organización de los Estados Americano es fuertemente influenciada por el gobierno de los Estados Unidos, no parece oportuno ni políticamente correcto que México encabece un movimiento que solamente apoyan Cuba, Venezuela, Argentina, Bolivia y soterradamente Nicaragua. Cinco de 46 países que conforman América Latina y el Caribe. No se incluyen Canadá y Estados Unidos, aunque sí las regiones francófonas y Puerto Rico.

Decir adiós a la OEA puede sonar bonito. Quizá hasta llegue a pensarse que México busca ser el “hermano mayor de la región” y que su actual presidente aseste el golpe de muerte a un organismo que, de suyo, tiene la responsabilidad de procurar la estabilidad política de la región.

Insistir en un tema que no está en la agenda de 41 países, incluidos Estados Unidos y Canadá tiene dos vertientes: el desconocimiento del presidente López y su empleado Ebrard o bien generar el anticlímax que conlleve la irritación de Washington y del hemisferio occidental.

Si la segunda es la correcta, mal parado quedará el inventor de la cuarta transformación. Si la primera es la acertada, también se meten entre las patas de los caballos.

Y los corceles que tiene su origen en la raza Mustang, no son muy amigables que digamos.

Pareciera o a lo mejor es verdad, que al presidente le encanta hacer ruido y que sus empleados y probables sustitutos, le aplaudan a rabiar y los eleven de nivel para colocarlo en los que tuvieron los que construyeron la vida independiente de las naciones de la región.

Nada más patético que ponerse de pechito ante los congresistas de Washington y los parlamentarios de Ottawa y pretender inducir una idea cuyos resultados son inviables si se busca establecer un organismo como el de la Unión Europea.

Son un cúmulo de cambios tener al similar: desaparición de fronteras, de nacionalidades, ausencia de visas para cruzar de una nación a otra, una moneda única, aranceles igualitarios, parlamento Europeo y un largo etcétera.

¿Están México y los 5 promotores calificados para decir adiós a la OEA y poner en marcha otro organismo?

De ninguna manera. Y habría que apuntar que se trataría de un esfuerzo de procesos difíciles de conducir y que llevaría años.

Una petición que no es escuchada ni lo será… no en el corto plazo.

Lo importante es hacer ruido en México y “demostrar que somos líderes en América…”.

Un presidente que escribe los guiones d ellos montajes y un secretario escenógrafo.

Ni a cuál irle.

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