“Él me Llamó Malala”

Del Cine y las Leyes

Y el Mundo la Llama Heroína

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“Él me Llamó Malala” (“He Named Me Malala”) documental estadounidense de 2015, dirigido por Davis Guggenheim, que presenta a la joven activista pakistaní Malala Yousafzai, quien ha defendido los derechos de las niñas, especialmente el derecho a la educación; se estrenó en el Festival de Cine de Telluride el 4 de septiembre de 2015 y en los cines de los Estados Unidos el 2 de octubre.

La cinta relata cómo sobrevivió milagrosamente después de ser perseguida y disparada por un pistolero talibán como parte de la violenta oposición a la educación de las niñas en el valle de Swat en Pakistán.

El 18 de junio de 2015, National Geographic adquirió los derechos de transmisión de la película para exhibirse en 171 países en 45 idiomas; en Pakistán, Geo News transmitió la película, que fue doblada especialmente en idioma urdu por la familia de Yousafzai.

MALALA A LOS 12 AÑOS

En 2009 los talibanes paquistaníes asumen el poder y controlan el valle del Swat, en el noreste de Pakistán, una de sus medidas es prohibir que las niñas acudan a la escuela; Malala Yousafzai tiene 12 años y la mayoría de sus compañeras han dejado de acudir a clase por miedo, pero ella acude de manera casi clandestina, sin uniforme, escondiendo sus libros.

La joven, de fuerte personalidad y con claras convicciones, a los 13 años empezó a escribir un blog bajo el seudónimo Gul Makai; contando con el apoyo de su padre, Ziauddin Yousafzai, en él describía su día a día, llegando a convertirse en una voz crítica al régimen talibán por sus medidas en materia de educación: el cierre de escuelas privadas y la prohibición de que las mujeres asistiesen al colegio.

Según la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA), las principales prohibiciones y castigos para las mujeres que suponen verdaderas violaciones a sus derechos y a su integridad; dentro del régimen talibán que tuvo lugar en Afganistán entre 1996 y 2001 se incluyen 29 puntos de restricción en la vida civil y pública de las mujeres, que va desde la prohibición del trabajo fuera de casa hasta el veto de la educación para las mujeres que no pueden acudir a escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa.

MALALA A LOS 15 AÑOS

En la tarde del 9 de octubre del 2012 cuando Malala regresaba del colegio, unos talibanes abordaron el autobús escolar y le dispararon a bocajarro en la cabeza y el cuello; la ahora adolescente estuvo al borde de la muerte, sus padres pasaron toda la noche en el hospital mientras ella se debatía entre la vida y la muerte.

El caso de Malala indignó a los medios internacionales, desatando una oleada de apoyo en todo el mundo, su recuperación fue casi un milagro, pero este atentado no la frenó y continuó con su activismo en la defensa del acceso de las mujeres a la educación.

Su padre, Ziauddin Yousafzai, afirma: “A los talibanes les asusta más una niña con un libro que un dron”.

Tras el ataque, la familia se instala en Reino Unido y abren una fundación que lleva su nombre dedicada precisamente a trabajar por la escolarización de más de sesenta millones de niñas.

De acuerdo al Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo de la UNICEF, aún quedan sin escolarizar 31 millones de niñas en edad de cursar la enseñanza primaria, y se prevé que 17 millones nunca lleguen a asistir al colegio; en Pakistán hay más de tres millones.

En 10 países, nueve de cada diez niñas no han completado la enseñanza primaria; y en Pakistán el 62 % de niñas más pobres de entre 7 y 16 años que nunca han ido a la escuela, ocupando el número siete dentro de los diez países más atrasados en materia de educación de la mujer.

MALALA A LOS 17 AÑOS

En 2014, Malala recibió el Premio Nobel de la Paz, conjuntamente con el activista indio por los derechos del niño Kailash Satyarthi; la Academia Noruega los galardonó con el premio “por su lucha por los derechos de niños y jóvenes a la educación”. A la edad de 17, Malala se convirtió en la persona más joven en ganar un Premio Nobel.

En el documental se muestra el discurso de esta joven ante las Naciones Unidas en el cual se pronuncia en contra de la opresión femenina en su país y en favor de la educación para las mujeres.

EL ORIGEN DEL NOMBRE MALALA

El título de la cinta se refiere a la heroína popular afgana Malalai Anna de Maiwand, por quien su padre la nombró Malala, que significa “triste, afligido” en pashto.

Malalai Anna era una mujer pastún que animó a las fuerzas afganas durante la Batalla de Maiwand contra los británicos en 1880; otro portador de este nombre es Malalai Joya (nacido en 1978), activista, escritor, y un ex político de Afganistán, así como la periodista Malalai Maiwand que, en diciembre de 2020, fue asesina en un ataque en el este de Afganistán cuando viajaba en automóvil.

¿Pero cómo es posible que en un lugar de férreas tradiciones machistas como el del valle del Swat paquistaní en el que creció la familia Yousafzai, surgiera alguien como Malala? La respuesta es el padre, Ziauddin, porque él no es como la mayoría de los hombres de su entorno, que menosprecian a las mujeres.

El documental hace un retrato íntimo de esta joven, de su vida y de su familia, haciendo especial hincapié en la figura de su padre, quien durante una entrevista manifestó: “Crecí siendo testigo de la injusticia. A mí me daban té con leche y a mis hermanas sólo té y nunca comprendí por qué. En las comidas, las mejores partes del cordero eran para los hombres y las peores para las mujeres. ¿Por qué? La discriminación es constante. Yo fui a la escuela, mis hermanas no. Por eso siempre pensé que si tenía una hija me vengaría de toda esa discriminación”.

Ziauddin se define como feminista, pero el mundo está lleno de contradicciones, pues se casó con una mujer iletrada a la que nunca enseñó ni a leer ni a escribir como a su hija, y es precisamente la madre de Malala la gran ausente de la cinta; el documental es un trabajo sobre la superación, la revolución y la bondad, a pesar de las circunstancias; según la revista Times, Malala es una de las cien personas más influyentes del mundo, que hoy, a sus 21 años de edad, sigue siendo activista, en pro de los derechos civiles enfocados en la mujer.

En días pasados, los talibanes en Afganistán lograron llegar a Kabul, y con ello controlar al país entero; es posible que los fundamentalistas religiosos vuelvan a imponer su ley, la “Sharía”, y que haya graves consecuencias para la vida de los ciudadanos y, especialmente, para las mujeres y las niñas; pero ¿acaso habrá que esperar a que surja otra Malala para que el mundo se preocupe por el derecho a la educación de las niñas en ese país?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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