El Nacionalismo en el Mundo Contemporáneo

Las Revueltas de Silvestre

Por Silvestre Villegas Revueltas

Aunque es un tanto arriesgado, históricamente hablando, el nacionalismo ha sido en los siglos XX y XXI una postura que ha generado las peores matanzas de la humanidad como la desencadenada por el nacional-socialismo en la época de Adolfo Hitler, y en sentido opuesto el nacionalismo progresista produjo en el continente africano muchas luchas por la independencia frente a los poderes coloniales. En el caso más cercano de América Latina el nacionalismo por igual se le vio en proyectos educativos, experimentos estéticos y musicales que en luchas contra el capitalismo industrial que siempre empobreció a los conglomerados humanos locales donde se asentó: pobreza en Bolivia e ingente riqueza en los países metropolitanos que albergaban el corporativo de una determinada compañía.

En la actualidad el tema del nacionalismo ha vuelto a dar giros en otras latitudes como es el caso de Europa. Fue una dura lección el desmoronamiento de la antigua Yugoslavia y la consecuente guerra en los Balcanes donde se vive una calma chicha pero los odios siguen a flor de piel porque las mujeres, los parientes e hijos de los agraviados lograron sobrevivir y saben lo que hicieron los vecinos del pueblo de al lado: por ejemplo, las comunidades musulmanas de Bosnia y los cristianos ortodoxos de origen serbio. Más cerca nosotros está el caso de España y el problema del independentismo catalán. Constitucionalmente se reconoce a un país indivisible y se castiga judicialmente todo intento separatista, pero la realidad de tiempo atrás en Cataluña es una provincia que de siglos contiene en su ser social muchos individuos que han luchado por la separación de ella frente al reino de España. En dicha lucha han participado personas ricas y de clases medias, de actividades empresariales como del sector educativo, pero sobre todo cuando uno deambula por Barcelona, Lérida o pequeños pueblos catalanes se da cuenta que se está en España pero no es España como se puede sentir en Sevilla, Burgos u Oviedo. Y lo anterior no es entendido por muchos habitantes de dicho país: la diferencia es aún mayor a lo que podría uno percibir en la Alsacia francesa y su influencia germana, no se diga entre el ser inglés y lo que es un habitante de Escocia. En dicha región septentrional de las islas británicas hay un muy fuerte movimiento nacionalista pero no se siente que se está en otro país; claro, no es lo mismo las poblaciones en Sussex que de Dundee pero con todo y el endemoniado acento y slang escocés, la diferencia no es comparable con la lucha entre castellano y catalán. Un amigo me decía que éste último era como un español mochado: en lugar de presidente, president, Arturo y Artur, parlamento, parlament y un largo etcétera.

El nacionalismo con su dosis de intolerancia se da en Francia, Dinamarca, Hungría y Polonia, pero debe reconocerse que en París, Copenhague, Budapest y en Varsovia han llegado muchos migrantes del Medio Oriente y África que quieren imponer sus costumbres como si siguieran viviendo en Islamabad, Rabat o Jartum. Europa tiene un problema grande en cuanto a la asimilación cultural de sus poblaciones que de origen no provienen del terruño europeo. Hace un par de años vi una película francesa sobre la manera en que viven los hijos/nietos de migrantes del tercer mundo que ya son ciudadanos franceses. En algún momento se da el diálogo entre dos adolescentes de nivel preparatoria preguntándose si eran amigos y se llevaban con franceses/franceses. La respuesta era negativa. Su mundo era la de comunidades donde la interrelación no tiene contacto cercano con europeos, más allá del vínculo laboral. La respuesta cotidiana ha sido el fortalecimiento de grupos nacionalistas, xenófobos y en sentido opuesto los asesinatos que han salido en las noticias internacionales, producto de un individuo que como sectario religioso se siente ofendido por los valores occidentales donde él/ella, han decidido vivir.

Finalmente, el caso mexicano. La lucha del liberalismo decimonónico y luego de los revolucionarios triunfadores en 1921 fue la de primero construir y luego desarrollar un nacionalismo mexicano en ciertos temas, en ciertas cuestiones y provocó ciertas incongruencias.  No es el momento para adentrarnos en el tema pero podemos decir que el tema de “lo mexicano” produjo libros de honda filosofía como los elaborados por Samuel Ramos, Leopoldo Zea, Abelardo Villegas, Miguel León Portilla, Edmundo O´Gorman, Aguirre Beltrán, y en otros campos el nacionalismo mexicano se materializó en películas, canciones y programas de televisión como “Siempre en Domingo”. ¿Qué sobrevive de ello en el siglo XXI? Muy poco porque los valores/gustos de la globalización ganaron la partida y los esfuerzos oficiales y privados para enaltecer lo mexicano quedan en campañas efímeras, en anuncios de un nacionalismo vendible (tequila, café, ruinas prehispánicas, etc.) pero de muy poca raíz esencial.

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