Benito Juárez y su Generación

*Entendió que no Bastaba con Llegar al poder y Concentrar Decisiones

*No Estaba Obsesionado con Pasar a la Historia Como Gran Presidente

*Se Rodeó de un Grupo de Visionarios Inteligentes y Cultos 

*También de Ilustres con Conocimiento de la Condición Humana

*Honestidad, Signo Importante en los Gabinetes Juaristas

Por Ezequiel Gaytán

Dos fechas del mes de julio nos vinculan como mexicanos con el presidente Benito Juárez García. La primera es el 15 de julio de 1867 que conocemos como el Triunfo de la República y el 18 de julio de 1872 aniversario luctuoso de su fallecimiento a la edad de 66 años. Este año se cumplen 149 años del deceso. Su biografía es de las más estudiadas en los niveles de primaria y secundaria y sus méritos son innegables en la construcción la nación que somos. Basta ver los logros debido a la laicidad de la enseñanza, el entendimiento de la defensa de la soberanía y el concepto de la vida republicana como una actitud constructiva y conciliadora.

Lo interesante es que Juárez no estuvo solo y supo rodearse de una generación de mexicanos que no fue espontánea. Muchos de sus colaboradores fueron miembros de la Academia de Letrán, destacan Guillermo Prieto, José María Lafragua, Ignacio Ramírez El Nigromante y Manuel Carpio. A otros los conoció cuando estuvo exiliado en Nuevo Orleáns. Me refiero a Melchor Ocampo, Ponciano Arriaga, José María Mata y al poeta cubano Pedro Santacilia, por citar algunos ilustres ideólogos del liberalismo.

Fue una generación de visionarios que destacaban por su inteligencia, cultura, conocimiento de la condición humana y de esa lista de nombres se agregan Mariano Escobedo, Santos Degollado, Ignacio de la Llave, Comonfort, Lerdo de Tejada y José María Iglesias. Todos ellos siguieron y apoyaron a Juárez y no obstante sus diferencias, fueron personajes ilustres que, con la fuerza de su carácter, su pasión por México y su dedicación a una causa les dio un lugar en la historia. En otras palabras, Juárez no logró sus hazañas solo, ni con actitudes individualistas, celos y egoísmos, sino en equipo. Con un gabinete de personajes como los arriba mencionados y otros que omito a fin de evitar una larga lista de patriotas, fue que México inició su larga transición hacia el liberalismo.

El hombre de Oaxaca entendió que no bastaba con llegar al poder y desde la presidencia de la República se dedicara a concentrar toda decisión, ni estaba obsesionado con pasar a la historia como uno de los mejores presidentes de México. Él sabía que su trabajo consistía en coadyuvar con sentar las bases de consolidación de una república laica, apegada a Derecho y que la Reforma tuviese bases sólidas en lo ideológico, lo administrativo y lo social, sin necesidad de intercambiar servicios públicos a cambio de favores.

De lo anterior se deduce que la historia de una nación no es la biografía de un individuo, por más inteligente que sea. Se requiere de un equipo de colaboradores que brillen en su gabinete, que se destaquen por sus obras, que tengan autonomía de gestión y gocen de la confianza del presidente. Un gabinete es algo más que nombres de personas que ocupan determinadas carteras y están ahí para complacer su jefe con adulaciones y actitudes serviles.

Juárez cambió permanente a los miembros de su gabinete, pero cuidó bien de que atendieran sus responsabilidades, de que ejecutaran sus indicaciones y de que actuaran institucionalmente. Es cierto que les demandaba lealtad, pero no a su persona, sino a la República, que fuesen honestos y congruentes con la lucha y recordaran que ante todo eran servidores públicos. No los veía como sus empleados, sino como un equipo de colaboradores que desplegaban un proyecto político. No los trataba con desprecio, pues eran sus coadjutores y muchos de ellos sus amigos. Entendía que su gabinete era la base de la organización y la respuesta constructiva y conceptual del sentido institucional de la Reforma.

La honestidad de los miembros de los gabinetes juaristas significó trabajar, rendir frutos y apuntalar el proyecto político, económico, jurídico, social, cultural y administrativo de un ideal, se apoyaba en ellos y les concedía libertad de decisiones, pues entendía que la libertad es un acto que conlleva responsabilidad y compromiso. A su equipo lo tenía cercano y gustaba charlar con ellos de otros temas más allá de sus responsabilidades. La seriedad y actitud adusta e impasible de Juárez contrasta con su gusto por el baile y la música. Su gabinete reconocía en él su carácter fuerte, su apego al Derecho, su sentido del humor y patriotismo. Además de algo muy importante, el hombre de Oaxaca, después del triunfo de la Republica en 1867 se preocupó más por la avenencia que por perseguir a sus enemigos políticos. Es cierto que fue inconmovible y rencoroso con algunos, pero en lo general, como político, procuró la reconciliación de los mexicanos. Lo cual era secundado por su gabinete.

La generación de la Reforma entendió clara y conceptualmente la idea de la transformación de México, por eso fue grande. El problema es cuando se tiene un gabinete que está más atento a la adulación y al servilismo, que obedece ciegamente sin sentido de la crítica y la autocrítica y que es sumiso a fin de no alterar al presidente. La lección política y cultural de la generación de la Reforma es que nuestro país no debe ni puede ser el país de un solo hombre.

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