De Perros, Bestias y Ratones

La Tiendita de los Horrores

Por Gerardo Gil Ballesteros

“Dogman” (Matteo Garrone, 2019), es un filme que incomoda. Y lo hace por su violenta contención, su resignada incomodidad, además de sus personajes repelentes y patéticos. Desde el inicio, sabemos que el escenario se prepara para un acto final reivindicatorio pero violento.

Marcello Fonte, el protagonista, interpreta a un personaje Marcello, desagradable desde el principio. Y esa poca empatía que el espectador siente, es uno de los pilares del largometraje italiano, que se estrenó en el Festival de Cannes, compitió por La Palma de Oro y tuvo como triunfador como Mejor actor a Fonte. Era por cierto la opción de Italia para ser nominada al Oscar, pero no fue seleccionada.

“Dogman”, es una muestra de qué con los silencios, con una narrativa pausada, se puede contar una historia de violencia introspectiva. La película es la fábula de David y Goliat, pero llevada al grado de lo bizarro con todo y su estética esperpéntica. Se puede ver en Cineteca por cierto y no será de los filmes que ocupen el primer lugar del taquillométro, pero está muy por encima de cualquier blockbuster actual.

¿De qué va? Marcello es un hombrecito delgado y ratonil, amable, pero insignificante, que habita un pueblo olvidado por la mano de Dios en una provincia italiana. Se dedica a pelar perros, cosa que hace con gusto, en una estética de su propiedad en una construcción en ruinas. Está separado de su mujer y tiene una hija de once años que lo ve con amor y cierta indulgencia. Por cierto, para completar los gastos, vende a baja escala gramos de coca a los amigos.

La vida se le va en contar chismes del pueblo en el bar, jugar futbol y dejarse dominar por sus perros, los cuales le quitan la comida del plato. El tipo no tiene esperanza y es un resignado hecho y derecho. Es bastante buena gente, pero a nadie le importa. Solo que su momento estelar es cuando Simone (Edorado Pesce) lo bullea. Lo hace de forma cruel y violenta. Abusa de favores, lo somete, consume droga casi enfrente de la hija de Marcello. Y el hombrecito no se puede imponer y de hecho fomenta la amistad.

Simone es más joven que Marcello y, de hecho, es el gandalla del pueblo,  a manera incluso de metáfora social y política es el representante del crimen que tiene ahogada a su comunidad: golpe a todo mundo, se siente protegido y nadie es capaz de hacerle frente. Y menos Marcello, quien hasta ha sido obligado a participar den robos para no hacer enojar a su cuate.

A lo largo de todo el filme, la tensión va en aumento. Pero no la de Marcello, sino la del espectador, quien ve como la humillación puede ser una vocación en la que la carencia de dignidad es el talento principal.  Pero falta el acto final, y como una sinfonía que va in crescendo el espectador sabe que lo mejor está por venir.

Suerte de buddy film trágico y patético, la película llega al lugar que promete desde un principio y el filme en tanto se sostiene de las interpretaciones de sus dos protagonistas, la pareja tragicómica de verdugo y víctima.

El verdadero secreto del filme, está en que en esta ocasión se deja de lado que el espectador siente empatía por el protagonista bulleado. Víctima y victimario son seres profundamente patéticos y de forma especial caricaturescos.

¿Quiere ser retado como espectador? Vea Dogman.

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