La Filosofía y la Política de la Liberación

Enrique Dussel,
Siete ensayos de
filosofía de la liberación.
Hacia una fundamentación
del giro decolonial, Madrid,
Editorial Trotta,
2020, 171 págs.

Por David Marklimo

Desde hace un tiempo a esta parte, en las Ciencias Sociales abundan ensayos, libros, aportes e ideas sobre lo decolonial; concepto relativo al análisis crítico del poder que, en el capitalismo global, reafirma el binomio dominador-dominado. Es decir, la decolonialidad es una respuesta a la relación de dominación directa, histórica, política, social y cultural establecida por la civilización occidental, particularmente la Europa surgida del Renacimiento que se expandió, primero a América y luego al África. En este sentido, el pensamiento decolonial es el reconocimiento y la implementación de un medio para eliminar el postulado de que los valores y modos de pensar de Europa occidental son de hecho universales. Por ello, ha sido definida, desde Europa, como una forma de “desobediencia epistémica”, aunque propiamente sería más acertado usar el término “reconstrucción epistémica”.

Tenemos la suerte, nosotros los mexicanos, de disfrutar a uno de los grandes pensadores de lo decolonial, en la figura del doctor Enrique Dussel. En este libro, donde reúne siete ensayos, nos manifiesta el valor transcendental de la filosofía de la liberación en la sistematización de lo decolonial. En Siete ensayos de filosofía de la liberación, Dussel precisa cómo desde 1950 se están estableciendo las bases de un profundo pensamiento latinoamericano, superando las bases eurocentristas de la modernidad. Cada ensayo aporta un paso decisivo en esta trayectoria, en ese sentido es un valioso compendio de lo que se piensa desde América Latina sobre la región. Digamos que es mapa, un modelo antropológico, para constituir la propia subjetividad desde el otro y para el otro. Este argumento está en el sustrato de su obra ética y filosofía de la liberación. La idea la necesidad de superar el Estado dominador, represor, y por tanto, ir descubriendo un nuevo horizonte político, planteando la alteridad ética del otro como un paso a una comunidad ética que estaría constituida por una suma de nosotros. Estamos en el irrenunciable horizonte de la esperanza, parece decirnos el maestro. Este es un eje articulador de la obra. Por ejemplo, en un diálogo portentoso con el filósofo marroquí Taha Abdurrahman, Dussel plantea como prioridad superar radicalmente la modernidad europea y converger en una nueva edad de la humanidad donde las culturas habrán de respetarse como iguales. Es un llamamiento a una cultura mundial pluriversal, que pueda articular todas las culturas existentes en la semejanza. Sin duda esto, por el contexto de la covid y las patentes sobre la vacuna, se nos antoja esencial e imprescindible.

La construcción de la esperanza pasa por un diálogo filosófico Sur-Sur y Sur-Norte, sin caer en el fundamentalismo o en el rencor, pero tampoco en la colonialidad del saber y del poder. Por todo este texto, brota incesantemente la idea zapatista de que otro mundo es posible. Dussel apunta que las culturas del Sur deben recuperar sus fundamentos éticos, recuperando sus tradiciones. Del diálogo surgiría una nueva dimensión estética y política, encarnada en la naturaleza, proyectada y transformada en la cultura. Entramos, así, a los terrenos arenosos de la geopolítica de la cultura o de la civilización. Queda la duda: ¿nos damos cuenta de cuánto de bueno puede salir de este proceso?  Ojalá seamos capaces de ello.

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