Alfonso Reyes: Diplomacia y Redes Intelectuales Durante el Periodo de Entreguerras

Por Itzel Toledo García

El 17 de mayo se conmemoró el nacimiento del reconocido poeta, ensayista, traductor y pensador mexicano Alfonso Reyes (Monterrey, 17 de mayo de 1888 – Ciudad de México, 27 de diciembre de 1959). El “regiomontano universal”, quien presidió la Casa de España en México – El Colegio de México de 1939 a 1959, escribió Cuestiones estéticas (1911), Visión de Anáhuac (1519) (1917), Ifigenia cruel (1924), Discurso por Virgilio (1931), Sol de Monterrey (1932), Los regiomontanos (1945), La filosofía helenística (1959), entre muchas otras obras, las cuales han sido compiladas por el Fondo de Cultura Económica en 26 volúmenes. Además, Reyes colaboró con revistas como Revista de Occidente (España), Revue de l´Amérique Latine (Francia), Libra (Argentina), entre otras; fundó Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes y Cuadernos de Plata y fue parte del comité editorial de Sur (Argentina). En este tipo de revistas circularon las novedades bibliográficas latinoamericanas, se generó un importante debate literario y se escribió crítica literaria.

Reyes, además, destacó como pensador internacional que apeló a la cooperación intelectual y fue un relevante diplomático para la defensa del México posrevolucionario durante el periodo de entreguerras. En los años veinte y treinta, Reyes trabajó como parte de la Legación mexicana en Madrid, España con el cargo de segundo secretario, después de primer secretario y luego como encargado de negocios de 1920 a 1924. Después, ocupó el cargo de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en la Legación mexicana en París, Francia de 1924 a 1927, fungiendo también como representante del país en el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, organismo multilateral que formaba parte de la Sociedad de las Naciones. Después de su labor diplomática en España y Francia, Reyes subió de rango diplomático y fungió como Embajador mexicano, primero en Buenos Aires, Argentina (1927-1930) y después en Rio de Janeiro, Brasil (1930-35) para volver nuevamente a tener cargos breves en Argentina y Brasil, volviendo a México en 1938. Además, en los años treinta, Reyes fue un importante defensor de la República Española y promovió la llegada de exiliados republicanos a México.

Aunado a ello, durante este periodo, la actividad diplomática de Reyes le permitió ser el nodo de diferentes redes de intelectuales que provenían, radicaban o viajaban en países europeos (específicamente en Francia, España y Portugal) y americanos (sobre todo en México, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile). Reyes estableció contacto con individuos que cruzaron múltiples fronteras, con los que incluso coincidió en diferentes espacios, y otros que no, pero cuyas ideas y textos viajaron a diferentes latitudes gracias a la correspondencia, la radio, las revistas y los libros. Además, Reyes promovió la creación de revistas y colecciones, participó en eventos académicos y organizó tertulias. Así, formó parte e incentivó el encuentro intelectual entre las capitales culturales tradicionales europeas (Madrid y París) y las modernas americanas (Ciudad de México, Buenos Aires) fundamentales para el mundo latinoparlante.

Por ejemplo, como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Francia, Reyes sostuvo encuentros con escritores franceses como Mathilde Pos, Ernest Martinenche, Raymond Foulché-Delbosc, Jules Romains, Henry de Montherlant, Jules Supervielle, Jean Provost, Marcelle Auclair, Paul Valéry, Francis de Miomandre y Valery Larbaud. Además, estuvo en contacto con artistas, escritores y músicos latinoamericanos en el periodo en que París era considerada la capital latinoamericana: los escritores peruanos Ventura y Francisco García Calderón, el caricaturista salvadoreño Toño Salazar, el ensayista y filósofo costarricense León Pacheco, el escritor venezolano Alberto Zérega, la educadora y diplomática Gabriela Mistral y el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias. También en esos años tuvo contacto con artistas, escritores y educadores mexicanos como Ángel Zárraga, Manuel M. Ponce y Palma Guillén.

La labor diplomática de Reyes y su lazo con intelectuales en el periodo de entreguerras ha sido analizada por especialistas en Literatura e Historia en el último siglo; tan solo en las dos últimas décadas destacan los trabajos de Liliana Weinberg, Javier Garciadiego, Aimer Granados, Alexandra Pita González, María Cecilia Zuleta, Regina Aída Crespo, entre otros.

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