“El Mauritano”

Del Cine y las Leyes

Guantánamo a Juicio

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“El “Mauritano” (“The Mauritanian”), película británica, producida por la BBC y dirigida por Kevin Macdonald, con la actuación de Jodie Foster (Nancy Hollander), Tahar Rahim (Mohamedou Ould Salahi), Shailene Woodley (Teri Duncan) y Benedict Cumberbatch (teniente coronel Stuart Couch); su estreno fue el 12 de febrero de 2021 en los Estados Unidos, y en servicio de streaming se libera en marzo y abril.

Mohamedou Ould Slahi es capturado por el gobierno de los Estados Unidos, sobrevive en la prisión de Guantánamo donde lleva más de una década sin cargos ni juicio; habiendo perdido toda esperanza, Slahi encuentra aliados en la abogada defensora Nancy Hollander y su asociada Teri Duncan, quienes enfrentan innumerables obstáculos en una búsqueda de justicia.

La cinta se basa en el libro Diario de Guantánamo (2015), que son las memorias del Mohamedou Ould Salahi, quien fue detenido en noviembre de 2001, y liberado en octubre de 2016; una denuncia abierta a todo lo que sucede en esa prisión.

DESPUÉS DEL 11S

Mohamedou Ould Salahi se encuentra en su natal país de Mauritania celebrando con familiares y amigos una boda, cuando le avisan que la policía está a fuera de su casa y quieren hablar con él, por lo que sale y se despide de su madre, diciéndole que no se preocupes que regresará pronto.

Este es el comienzo de una tortura e injusticia, al menos a la luz de los Derechos Humanos, que se prolongó por casi 15 años, pues la detención fue sin una orden de aprehensión o búsqueda, simplemente le pidieron que fuera a declarar al departamento de la policía mauritana y de ahí fue trasladado a Jordania, para luego ser llevado a Guantánamo.

Después de lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 (11S), todos los que de alguna forma tuvieron un leve contacto con gente de Osama Bin Laden fueron perseguidos, secuestrados y encarcelados por simple sospecha del ser terroristas o haber apoyado ese ataque; el miedo se instauró a todo y contra todos; un miedo que fue utilizado por los muchos políticos para justificar ataques contra otros países y para alentar el odio a lo diferente; después del 11S surgió el Derecho Penal del Enemigo en su máximo esplendor, donde el medio justifica la injusticia y la violación los derechos humanos.

El combate al terrorismo fue el discurso para convertir al Estado en el mayor terrorista del Mundo, y la prisión de Guantánamo fue la cabida de ese terrorismo estatal.

UNA CÁRCEL SIN JURISDICCIÓN

Un abogado le pide Nancy Hollander, una colega de profesión, que atienda a una mujer de Mauritania, quien dice que su hijo fue detenido hace más de tres años, y cree que está en Guantánamo, pero no tiene la certeza; así que ella accede a ver el caso.

Aquí comienza la travesía para la abogada, pues por increíble que parezca, en el país que se ufana de ser el más poderoso del Mundo, no contaba, al menos en versión oficial, con una lista de detenidos de Guantánamo, pues este centro de detención es ajeno a los derechos humanos; una cárcel donde nadie quería mirar, aunque todos supieran lo que pasaba ahí.

George Bush autorizó al Pentágono a detener a ciudadanos no estadounidenses bajo custodia indefinida sin cargos; los 20 primeros prisioneros llegaron el 11 de enero de 2002; las identidades de estas personas se mantenían en secreto. Gente que había desaparecido de sus casas y que estaban encerradas; la agencia Associated Press, reveló que se habían detenido a 779 personas.

Para evitar ser juzgados por la comunidad internacional, por las atrocidades que se cometían en Guantánamo, Bush aseguró que esa prisión estaba fuera de la jurisdicción legal de EU, por lo que los prisioneros no tenían derecho a ninguna de las protecciones de los Convenios de Ginebra; una laguna legal para justificar las torturas a los presos y las condiciones en las que los tenían.

UNA CÁRCEL MILITAR PARA EXTRANJEROS

La firma de abogados a la que pertenece Nancy Hollander, no le parece conveniente que tome el caso, pero al ser pro bono, no se oponen, y le facilitan como asistente a la joven abogada Teri Duncan; ambas se trasladan a Guantánamo y desde su llegada se percatan de las condiciones que imperan en el lugar: de entrada, es una cárcel administrada por militares, sin personal civil, con celdas inadecuadas, y fuera del Derecho Constitucional, donde todo será requisitado y entregado a su regreso por una oficina no gubernamental llamada de Privacidad.

La administración de las cárceles militares es por personal castrense, y los internos son sólo militares, pero Guantánamo es una prisión administrada por militares sin sujetarse al derecho castrense ni al derecho civil, se crean sus propias reglas y es para retener ilegalmente a los reclusos.

La inaplicación del derecho llega al extremo que el general a cargo de la prisión le niega toda ayuda al propio teniente coronel Stuart Couch, que ha sido nombrado Fiscal militar para enjuiciar a Salahi; no se le permite tener acceso a las versiones completas de las declaraciones del detenido, sólo puede consultar los resúmenes de las mismas.

ALGUIEN NO ES IGUAL A CUALQUIERA

Nancy Hollander tiene que recurrir a la Corte para que el gobierno libere los archivos que necesita para la defensa, pues no se sabe por qué está detenido su cliente, ni cuál es la acusación contra éste; en audiencia preliminar, el juez da un plazo de 10 días para que se entreguen los archivos solicitados.

Ha de ser frustrante para un litigante no poder obtener por parte del Estado los datos de prueba que incriminen a su defendido, pero más frustrante es que después de obtenerlos, todos los documentos estén testados con franjas negras; y así sucede en la cinta.

Cientos de cajas se han entregado para ser revisadas en la Oficina de Privacidad, pero prácticamente todos los documentos están testados, y los únicos libres son los que contienen la confesión del Salahi, la cual ha sido obtenida bajo un concierto de torturas, desde física, psicológica y sexual, que orillan al Fiscal militar a negarse a llevar el caso a la corte, pues su superior le dice que alguien tiene que pagar por los hechos del 11S, a lo que el teniente coronel contesta: “Alguien, pero no cualquiera”, por lo que es insultado como traidor por hacer valer la Constitución que juró defender.

El 29 de enero de 2021, el New York Review of Books publicó una carta abierta de Salahi y otras 6 personas que anteriormente estaban detenidas en Guantánamo, al recién presidente Joe Biden, pidiéndole que cerrara lo que denominaron “El Campo de Concentración de Guantánamo”.

Una cinta que se sintetiza en palabras de la abogada Nancy Hollander, cuando un reportero le pregunta, si no le preocupa que la llamen terrorista por defender a Salahi, y ella contesta que ha defendido a personas acusadas por violación u homicidio y no la han llamado violadora o asesina, simplemente todos tienen derecho a tener a un abogado y la defensa de alguien es la defensa del Derecho y de la Constitución.

Pero ¿en verdad será traidor alguien que pretenda defender la Constitución, más cuando protestó hacerla valer?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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