Del Anonimato a la Fama: Los non Actors

La Tiendita de los Horrores

Por Gerardo Gil (Primera Parte)

La anécdota no tiene desperdicio: Francois Truffaut entrevista como parte del casting para su filme Los 400 golpes (Francia,1959) a un adolescente algo altanero, socarrón y sabelotodo que muestra poca solemnidad ante el cineasta: el diagnóstico es claro, el joven Jean Pierre Léaud es vulnerable. Como buen púber su fragilidad la disfraza de rebeldía. El cineasta ha encontrado a su protagonista, su espejo, su contraparte. En una escena del largometraje, Anton Doinel, personaje que ya interpreta Léaud habla, con sorna, con la psicóloga del reformatorio donde está recluido. De la realidad a la ficción. El momento fílmico es más que verosímil.

Y de ahí al plagio publicitario o anecdótico, una buena parte de directores cuando platican sobre como encontraron al protagonista de algunos de sus filmes –sobre todo si se trata de niños o jóvenes- tienen una vivencia más o menos similar a la de Truffaut. En algunos casos se escucha legítimo y en otras no tanto.

Hace algunos años un cineasta  mexicano, su nombre me lo reservo, de un filme de aventuras protagonizado por niños contó que no encontraba a su  estelar infantil, quien debía convivir durante todo el rodaje con un perro, al salir de los Estudios Churubusco con el animal, el cual era parte fundamental de la trama por lo que el director, ya desesperado, vio que un niño que venía de sus clases de karate se abalanzaba al can para acariciarlo, ahí dice el realizador, encontré al actor que buscaba. Como relato es muy bueno, pero sí uno revisa la carrera del pequeño, quien sí hizo el filme, encuentra ya muchos trabajos previos. Pero vaya, como invento publicitario es muy bueno.

Ahora con el uso –y abuso del non actor o el llamado actor natural- los relatos al estilo Truffaut, están de moda. Dos casos resaltan que tienen mayor nivel de credibilidad: el primero de ellos tiene que ver con el acertado casting de Ya no estoy aquí (Fernando Frás, 2019). Tan es así que el joven protagonista, Juan Daniel García Treviño, ganó el Ariel a “Mejor revelación actoral”.

El joven llegó al filme, gracias a que su maestro de música es amigo del director y recibió la invitación para ir al casting. Nunca había actuado, aunque sí se dedicaba de manera semi profesional a la música. Si Ya no estoy aquí logra la nominación al Oscar por filme extranjero, la carrera de Juan Daniel tendrá muy buenas perspectivas, aunque ya ha filmado un par de largometrajes posteriores a Ya no estoy aquí.

Otro caso similar es el del filme Huachicolero (Nito, 2020) sobre un joven, Lalo, interpretado por Eduardo Banda, quien se dedica a esta actividad sin malicia, pero acaba hundido en la violencia y la desolación. Banda relata que trabajaba en una secundaria donde se realizaba el casting, entonces tenía catorce años y alguien de la producción le preguntó si quería hacer una prueba de cámara a lo cual se negó, pero por insistencia de su padre, la realizó. Lo demás es historia. La película se puede ver por Amazon y el chavo es foco de atención mediática.

Los anteriores son dos casos afortunados. Pero, ¿qué pasa cuando de la fama se regresa al anonimato? Ese tema lo tocaremos en la siguiente entrega.

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