Un Mayúsculo Problema Para el País que López Obrador se Haya Infectado

Tema Principal

*Carranza no Tuvo Problemas con la “Gripe Española”

*Ni Adolfo Ruíz Cortines, Padeció de la Gripe Asiática

*Tampoco José López Portillo fue Afectado por el Sida

*Prudencia y Sensatez es la Exigencia de los Mexicanos

*Los Cuatro Exmandatarios Víctimas del Cáncer

*Leyes de Vacunación y el Crimen de Lesa Humanidad

Por Nidia Marín

De ser verdad que Andrés Manuel López Obrador padece Covid-19 (y que es mentira que se hubiera inoculado con la vacuna china CanSino en diciembre de 2020), es el primer presidente de México que en 121 años se contagia de alguna epidemia o pandemia que haya afectado al país en el siglo XX y en lo que va del XXI.

De los 23 mandatarios que han gobernado en ese tiempo, solamente uno, el actual, López Obrador (negado a cumplir las normas mínimas de prevención), ha resultado infectado.

Por ejemplo, Venustiano Carranza no tuvo transmisión alguna de la influenza de 1918 (“gripe española”) que causó casi 500 mil muertos en México y cerca de 50 millones de fallecidos en el mundo. Tampoco Adolfo Ruíz Cortines, padeció de la llamada gripe asiática en 1957-1958; o Gustavo Díaz Ordaz de la Gripe de Hong Kong de 1968 o José López Portillo del Sida en 1981.

Mucho menos Ernesto Zedillo se infectó del virus de la influenza A H5N1 de 1997, ni ya en el siglo XXI Felipe Calderón fue afectado por la primera pandemia del siglo XXI causada en 2009 por el virus A(H1N1).

López Obrador, sin embargo, además ingresa desde ahora, a la cadena de problemas de salud que han afectado a los cuatro que se han sentado en la “Silla del Águila” en el siglo que corre. Ellos han tenido que enfrentar padecimientos diversos o accidentes.

Aunque tres años antes del nuevo milenio Zedillo, en julio de 1977, fue operado de una fractura en una rodilla después de sufrir una caída cuando jugaba tenis con un joven campeón mexicano.

Pero el siguiente siglo, el XXI, ha sido terrible para los presidentes de México. Vicente Fox, hubo de ser operado en marzo de 2003 de una hernia discal, mientras que Felipe Calderón Hinojosa fue entablillado del hombro izquierdo, en agosto de 2008, debido a una fractura sufrida al caerse de una bicicleta.

A su vez Enrique Peña Nieto, allá por julio de 2013, también vivió una doble intervención quirúrgica, para extirpar un nódulo en la tiroides y resolver problemas de la vesícula.

NO SE PIDE QUE SEAN HIPOCONDRIACOS

¿Ha habido descuido de todos los de este siglo? Es evidente, aunque nadie pide que sean hipocondríacos, tampoco que sientan que sin la presidencia de la República la vida no es vida, pero lo que sí exigimos los mexicanos es prudencia, sensatez y cuidados a la hora de una enfermedad, epidemia o… pandemia, como ahora la estamos viviendo.

Pasan los años y todavía no entendemos la importancia de la salud. Pasan las décadas, con sus epidemias y pandemias y seguimos en las mismas. Como ejemplo está el azote del cáncer que, si no mató en funciones a ningún mandatario mexicano, sí llevó a la tumba a varios, aunque ya concluidos los sexenios en el poder.

Lázaro Cárdenas del Río, Miguel Alemán Valdés, Gustavo Díaz Ordaz y Emilio Portes Gil fueron las víctimas, gracias al relato excelente del doctor Jaime G. de la Garza Salazar ex director del Instituto Nacional de Cancerología y ganador de varios premios en la materia.

El narra en su libro “Un Relato Histórico de la Oncología Médica en México” que el general Lázaro Cárdenas, “…tenía un lunar en la mejilla izquierda, lunar que por sus características cambió de color, localizado además en un área expuesta a la irritación por el rasurado cotidiano, sangró y creció. Le fue “cauterizado” por un dermatólogo”. Al final de cuentas el general falleció.

Acerca de Miguel Alemán, menciona que se lo habían enviado al doctor De la Garza “desahuciado, próximo a fallecer”. Lo trató y sobrevivió cinco meses más con buena calidad de vida. Murió en su despacho de Polanco.

También dice sobre Gustavo Díaz Ordaz: “El hombre que encontré, estaba en muy malas condiciones…” Además, explica: “Su estado general me hizo considerar que las oportunidades eran escasas. Tenía manchas café olé en los labios, así que creo que se trató de un síndrome de Peutz-Jegher y cáncer de colon con metástasis a hígado”. Falleció a los 68 años de edad, en 1979.

Y de don Emilio Portes Gil explicó que tenía cáncer de páncreas. Murió en 1978.

RUEGOS A LA VIRGEN NIÑA Y A LA CIENCIA

Hace tiempo, un gran médico (ya fallecido) señalaba que en México la tradición de encomendarse a Dios y a todos los santos seguía en boga. Sí, el Cristo de la Salud, sigue recibiendo ofrendas (hoy la pandemia afecta, los templos están cerrados), mientras que Nuestra Señora de la Salud, de Pátzcuaro, “la virgen niña”, pequeña y elaborada con pasta de caña de maíz sigue siendo objeto de peticiones y al Señor de Chalma, le continúan bailando sin cesar, mientras las novenas siguen adelante.

Sin embargo, comentaba el galeno que los mexicanos hace siglos dejamos únicamente de suplicar a nuestros santos y vírgenes protectores, porque también buscamos la contraparte: la evolución de la ciencia y de la medicina.

Él consideraba como clave para ser saludable, la prevención. Advertía que el descubrimiento de enfermedades cuando apenas se inician, incrementa las posibilidades de curación.

Para él, como para muchos especialistas, no obstante, lo ideal sería cambiar la mentalidad del mexicano, en todos los sectores, con respecto a la salud.

En lo político, decía, seguir el ejemplo de otras naciones en las que toda empresa tiene la obligación por ley de contar con médicos laborales, mientras que, en lo individual, el interesado debe aprender a acudir al médico cuando no esté enfermo para hacerse un chequeo general y saber cómo está su salud.

Hacía notar que los mexicanos debemos darnos tiempo para atender este renglón de cada uno y con ello prevenir la enfermedad.

Y hablaba de predicar con el ejemplo, lo que siempre ha sido la clave para que la sociedad tome la decisión de llevar adelante ciertos programas. Hoy vemos que el ejemplo desde el máximo poder de la nación fue pésimo y que la oración “Detente” no fue suficiente. Aquello de “Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío”, ayuda, pero no ha resuelto la pandemia.

De otra manera (en casos como el actual de una galopante pandemia) se colabora con el o los asesinos seriales: los virus.

EL USO POLÍTICO DE LA VACUNACIÓN

En el caso de la vacunación, recordamos que hace varios años (en diciembre de 2014) las senadoras priístas María del Socorro García Quiroz y María de los Ángeles Moreno Uriegas (QPDC) presentaron una iniciativa que proponía que las vacunaciones contra enfermedades transmisibles que estime como necesarias la Secretaría de Salud serían obligatorias en los términos que fije la dependencia y de acuerdo con lo previsto en la Ley.

La Secretaría, señalaba la propuesta, determinará, los sectores de la población que deban ser vacunados y las condiciones en que deberán suministrarse las vacunas, mismas que serán obligatorias para todas las instituciones del Sistema Nacional de Salud.

Establecía, además, que las vacunas que de acuerdo con las disposiciones de la Ley formen parte del Programa Nacional de Vacunación deberán suministrarse y aplicarse a la población, en los términos y las condiciones señaladas por las disposiciones aplicables, sin que puedan alegarse en contrario razones económicas o falta de abasto en las instituciones públicas del Sistema Nacional de Salud.

Reconocía el derecho de todos los individuos en territorio nacional a recibir gratuitamente en las instituciones públicas del Sistema Nacional de Salud las vacunas contenidas en el Programa Nacional de Vacunación.

Se advertía también que previo a la administración de la inoculación se deberá explicar a los individuos o, en su caso, a sus representantes legales, la naturaleza, el propósito, los beneficios y de las posibles reacciones adversas de la vacuna correspondiente, así como de los riesgos individuales y a la comunidad que se generarían de no aplicarse la vacuna.

Señalaba que las vacunas incluidas en el Programa Nacional de Vacunación deberían estar disponibles para su aplicación durante todos los días hábiles del año en todos los establecimientos de las instituciones públicas del Sistema Nacional de Salud. Se crea el Consejo Nacional de Vacunación como una instancia permanente, autónoma, multidisciplinaria e intersectorial, de consulta para definir, promover y apoyar las acciones de prevención, control, eliminación y erradicación del territorio nacional de las enfermedades que pueden evitarse mediante la administración de vacunas.

Pasaron lo años y en junio de 2017, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se publicó en el Diario Oficial el decreto por el cual se reformaba el artículo 144 de la Ley General de Salud, el cual advertía que la vacunación contra enfermedades transmisibles, prevenibles por ese medio de inmunización, que estime necesaria la Secretaría de Salud, será obligatoria en los términos que fije dicha dependencia y de acuerdo con lo previsto en la presente Ley.

El 29 de septiembre pasado, los senadores aprobaron la iniciativa de Ricardo Monreal para establecer la obligatoriedad de la vacunación en México.

Con toda esta estructura legal el tema debería estar bien aceitado, pero todo indica que en la materia se está saltando las especificaciones legales y haciendo lo que les da la gana. De ahí que el 17 de enero pasado, la directora de Vacunación de la Secretaría de Salud, Miriam Esther Vera Godoy renunció a su cargo, mientras los mexicanos han sido saturados de mensajes palaciegos en los cuales se habla de una vacuna contra el Covid-19, al parecer inexistente o por lo menos desconocida en cuanto a los laboratorios que la distribuirán en México.

Ante las barbaridades que hoy contemplamos que en la actualidad se está violentando abiertamente la norma ya que es Presidencia de la República la que decide todo en la materia.

Así, el uso político de la escasa vacunación por parte de las autoridades, donde se prefiere inocular a los mapaches del voto, es un crimen de lesa humanidad al cometerlo sistemáticamente en contra la población civil, misma que no ha sido vacunada, porque NO HAY VACUNAS suficientes.

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