Primero lo “Espiritual” y Después lo Material

*Doctrina Amlista en su Guía de Ética           

*Busca “Recuperar los Valores” Perdidos

*8 Millones de Guías a Adultos Mayores

*Nada de Crear Empleos Para el 2021

*Tampoco Cómo Reactivar la Economía

*Criminales y Corruptos, a Psicólogos

Por Alberto Almazán

Mientras en la Ciudad de México, la que gobernó de 2000 a 2005 se registra un severo aumento de mortalidad por Covid-19, reconocido por la Jefa Política de la Capital y los feminicidios obligan a las mujeres a exigir seguridad, el presidente de la República presentó la Guía Ética para la Transformación de México, la que pretende fortalecer los valores culturales, morales y espirituales.

Un documento casi copia de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes “pero actualizada a los tiempos”, será repartido a 8 millones de adultos mayores (como si ellos hubieran perdido los valores que reclama el presidente López) seguramente como “regalo de navidad”.

Culpa de los neoliberales, los mexicanos abandonamos el pasado y nos convertimos en unos ambiciosos de poseer bienes materiales y olvidamos que, lo dice la Guía, la familia es el núcleo que se debe fortalecer.

La Guía que iluminará a 128 millones de personas, porque hay que iniciar su lectura desde que los bebés se encuentran en brazos de sus madres y son amamantados, para que se inocule y hacerlos inmunes a las ambiciones perversas y terrenales.

Orgulloso porque estima que su nuevo “escrito” de autoría colectiva –pero él se lleva el crédito- afirma que “por eso se habló de un República Amorosa como fin último del gobierno y de tener una Constitución Moral y después de muchas consultas se llegó a la definición de elaborar una guía ética”.

Consciente de que en México hay miles, cientos de miles que conforman la base de los criminales y corruptos, la Guía establece que  “desde una perspectiva humanista, los criminales y corruptos pueden redimirse. Por medio de la reflexión, la educación y terapia psicológica, sin renunciar a la posibilidad de sanciones como la privación de la libertad”.

Como acto de contrición para que sus pecados sean perdonados y quedar inmaculados, los malosos seguramente deben convertirse en parte del “ejército purificador” que se identifica con la playera guinda.

Aunque se podría presumir que los adversarios, los conservadores, los fifís, los de las oposiciones de extrema derecha, también tienen derecho de redimirse y dejar atrás los mundanos vicios heredados del neoliberalismo salvaje que trastocó los valores humanos y amorosos.

Hablar de una República amorosa como último fin de su gobierno –porque es suyo, de su propiedad suya de él- es una trampa.

Para llegar al “último fin” tendría que haber empezado a remodelar la estructura social mediante ofertas de trabajo no a base de dádivas que tienen como “primer fin” mantener el poder y erigirse en el amo y señor de los habitantes de este aún rico país.

Qué bueno el intento de rescatar valores morales. El problema estriba en que el comité organizador de la “consulta” para obtener la versión moderna de la Cartilla de Reyes, no podrían presumir de poseerlos y mucho menos de transmitirlos a los “vándalos que abandonaron los principios familiares”.

Juzgue usted a los integrantes del Comité Organizador y saque sus conclusiones: Jesús Ramírez, Verónica Velasco, Pedro Miguel, Enrique Galván, José Agustín Ortiz Pinchetti y Margarita Valdés.

Impíos son. Y conforme a la Real Academia de la Lengua Española el vocablo tiene dos acepciones: A. Que no tiene o no siente compasión o piedad. “las impías y desgarradoras punzadas de los celos dejaron paso, con el tiempo, a las no menos torturadoras de la incomprensión” y B.- Que no demuestra ninguna devoción religiosa o ningún respeto por las cuestiones religiosas. “impías palabras”.

Lo son porque sin compasión o piedad pretenden, seguramente atendiendo las órdenes del jefe, imponer un modelo. No lo consultan.

El presidente López no ha mostrado compasión a las familias que dejaron de tener a uno de sus miembros y que oficialmente suman más de 100 mil. Y menos piedad contra sus congéneres a los que etiqueta como adversarios cuyo sinónimo es el de enemigos por el simple prurito de no comulgar con sus acciones públicas. Las privadas a nadie le interesan.

En su opinión no se trata solamente de enfrentar una crisis económica –no menciona la sanitaria-, un proceso de degradación de la vida pública, sino de fortalecer valores.

Y para enfrentar esta decadencia, no basta con acciones que mejoren la situación económica, sino también se deben fortalecer valores y el bienestar del alma.

¿Y el alma come, viste, trabaja, es visible y puede recibir el bienestar?

No se entiende que la naturaleza humana es por superarse no solo en lo interino y en el alma, sino en lo material para sentir satisfacción de haber logrado algo más que los otros. ¿Es un pecado?

Allá quien lo piense así.

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