“El Hombre que Sería rey”

Del Cine y las Leyes

Sino Fuera Dios

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“El Hombre que Sería rey” (“The Man Who Would Be King”), también conocida en España como “El Hombre que Pudo Reinar”; película británica de 1975, dirigida magistralmente por John Houston, basada en el cuento homónimo de 1888, escrito por Rudyard Kipling; con la actuación de Sean Connery (Daniel Dravot), Michael Caine (Peachy Carnehan), Christopher Plummer (Rudyard Kipling) y Saeed Jaffrey (Billy Fish).

Danny Dravot y Peachy Carnehan, dos suboficiales británicos destacados en la India, bajo mandato del Imperio Británico, en 1880 se lanzan a la aventura aparentemente absurda de conquistar el legendario reino de Kafiristán al norte de la India; después de un durísimo viaje a través del Himalaya, alcanzan su meta justo a tiempo para hacer uso de su experiencia en el combate y salvar a un pueblo de sus asaltantes.

EL PACTO MASÓN

Antes de emprender el viaje, estos dos aventureros, hacen un juramento del que es testigo un masón, que interceptan en un tren y reciben su bendición para el viaje: el escritor Rudyard Kipling; en el pacto es sencillo: ninguno de los dos beberá alcohol ni se fijará en mujeres, hasta que hayan logrado su objetivo, que es conquistar el viejo reino de Kafiristán.

Kafiristán, en persa significa “País de los Infieles”, es una región montañosa del Hindu Kush, en el noreste del actual Afganistán, que corresponde a grandes rasgos con la moderna provincia de Nuristán. Quedó de hecho territorio independiente de facto hasta que fue conquistada por los afganos en 1896.

Los dos viajeros, después de varias peripecias en pleno invierno, están a escasos kilómetros de lograr su meta, pero un abismo los separa de objetivo; prácticamente derrotados y sabiendo que morirán de frío se ponen a cantar provocando que una enorme avalancha les allane el camino a Kafiristán.

SIKANDER

Daniel y Peachy observan que unos forajidos están atacando a varias mujeres cuando lavan ropa en el río, matan a algunos y aprehenden a otro; ahí conocen, en un destacamento militar abandonado, a un gurkha, Billy Fish, que les sirve de intérprete; convencen al jefe del pueblo que les permita formar y dirigir un ejército; en la primera batalla que afrontan Daniel es atacado con una flecha en el pecho, pero la misma no lo hiere, pues queda atorada en su carrillera, por lo que piensan que es un Dios, y le gritan Sikander.

Sikandar significa “defensor” o “guerrero” y es la versión persa del nombre Alexander, refiriéndose al emperador griego Alejandro el Grande que conquistó Persia.

Ahora, creyendo que están frente a un dios, Peachy le dice a Daniel que así será más fácil lograr su objetivo de ser Rey, quien al principio piensa que eso es una blasfemia, pero los convence de que no lo es.

LA JUSTICIA EN TIEMPOS DE PAZ

Después de aceptar su divinidad, Daniel administra justicia y expide varias leyes, siendo su secretario e intérprete Billy Fish; un caso a resolver es el de un hombre que tiene 60 vacas, Daniel piensa que es un emprendedor, pero Billy le corrige, pues la emprendedora es la mujer, ya que la ley establece que cuando la esposa de uno se acuesta con otro hombre, éste debe pagar con seis vacas, así las diversas esposas se quejan de que no tienen que comer.

La película muestra con este pequeño caso, como es que algunos se aprovechan de las bondades de la ley para enriquecerse y empobrecer a otros, lo cual es una injusticia en el abuso de la ley, así que Daniel condena al hombre, pues se aprovecha de su mujer para hacerse rico, dejando en la miseria a otras familias, por lo que deberá regresar las vacas y un tanto más.

El segundo caso que resuelve es la petición del jefe de un pueblo que por un infortunio de la naturaleza se han quedado sin cosechas, solicitando autorización para atacar y robar las cosechas de otro poblado.

Daniel decreta su ley 31, señalando que todos los pueblos deben aportar al reino, un 10 por ciento de sus cosechas, para distribuirlas entre las comunidades que han sufrido de desgracias naturales; al terminar su decreto, todos los asistentes le aplauden.

UN DIOS MASÓN

Daniel Dravot se convierte en rey, el pueblo cree en su divinidad, pero el sumo sacerdote, Kafu Selim, los invita a que vayan sólo a la ciudad sagrada de Sikandargul; es ahí donde los sacerdotes piensan que en realidad se trata de un descendiente de Alejandro Magno por un colgante con el emblema de la masonería (el compás, la escuadra y el ojo) que Dravot obtuvo como obsequio de su hermano de Kipling, de similar forma a una escultura tallada bajo una roca en la ciudad santuario.

El narrador Kipling, corresponsal del Northern Star, define en el filme que la masonería es una antigua orden entregada a la fraternidad humana bajo la atenta mirada de dios.

Según el Diccionario de los símbolos de Chevalier, J., y Gheerbrant, A., en su edición de 1988, el compás es considerado como el emblema de las ciencias exactas, la regla es la noción de la rectitud; la abertura del compás a 45° máximo, indica con ello los límites que el individuo no sabría traspasar; a su vez, la escuadra tiene un ángulo de 90° que simboliza la materia; el compás es el símbolo del espíritu y de su poder sobre la materia; y el ojo que todo lo ve entre compás y escuadra, el equilibrio entre las dos fuerzas.

Ahora, Daniel Dravot es verdaderamente Sikander, el hijo de Alejandro Magno, un dios masón.

Al final, Peachy piensa que fue la suerte azarosa la que los puso ahí, desde el regalo de Kipling, la avalancha, la flecha, etc. y que es hora de partir, mientras que Daniel, piensa que es el destino, así que debe continuar con su labor y pertenecer en ese lugar; el hombre se creerá un dios con poder inimaginable para cualquier cosa, pero esa será la perdición de ambos, pues un hombre no puede ser dios ni mesías, y un dios no puede tener ambiciones humanas.

En su autobiografía, John Huston señala que desde pequeño leía a Kipling, y siempre quiso llevar a la pantalla el relato ‘El hombre que sería rey’; a su vez Connery y Caine se hicieron con los papeles de sus vidas, tan es así, que cuando a alguno de los dos se le preguntaba por la película favorita de sus respectivas filmografías, ambos coincidían al citar ‘El hombre que pudor reinar’.

El 31 de octubre de este año, falleció Sean Connery, el hombre que en la industria cinematográfica fue un espía con licencia para matar, fue militar de la segunda guerra mundial, un antropólogo, un intocable, un teólogo, un abogado, un sinfín de personajes, simplemente fue un rey.

Descanse en paz y por siempre Sean Connery.

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