La Venganza de Marcelo

Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

Durante los primeros cuatro años de Miguel Ángel Mancera como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México –el más votado de los gobernadores que fueron elegidos en 2012- inició una feroz cacería en contra de quien lo hizo brillar antes de que fuera designado candidato del PRD al gobierno capitalino.

Marcelo Ebrard lo ascendió a procurador general de justicia de la capital del país al remover a Rodolfo Félix Cárdenas a quien le correspondió la investigación de la tragedia de la discoteca News Divine en agosto de 2008. Mancera era subprocurador. Y aprendió a saltar hacia arriba.

En 2012 Ebrard tenía planeado que Mario Delgado Carrillo, a quien designó como secretario de Finanzas y después lo trasladó a Educación, fuera el sucesor. Jamás prendió el de Colima y se conformó con una senaduría, inmerecida por cierto. En el PRD peleaban la candidatura Mancera y Alejandra Barrales, quien por méritos propios había ganado el derecho de aspirar. Sin embargo, la balanza se inclinó por el menos conocido: Miguel Ángel Mancera.

Llegó acompañado del enorme bono democrático que le otorgaron los ciudadanos. Y comenzó por imponer un nuevo logotipo –por cierto, pensado por Fernando Macías Cué, entonces el coordinador de comunicación social de la Jefatura de Gobierno- para la Ciudad. Cuatro letras: CDMX.

Y mientras tejía su chambrita para competir en el 2018, la cacería para encontrar culpable a su exjefe se amplió. La llamada Línea Dorada, la 12, realizada por Ebrard y con Delgado como operador financiero para obtener los créditos en el extranjero, sirvió de pretexto para tratar de demostrar el “cuantioso fraude cometido en la obra” lo que obligó a Ebrard a emigrar, primero a Francia –París, por supuesto- y después a Estados Unidos –Washington- en donde colaboró como “asesor político” durante la campaña de Hillary Clinton. Cuando menos cuatro años y medio no se paró en México y si lo hizo nadie se enteró.

Mancera no logró comprobar nada de lo que acusaba a Ebrard. Y ante la falta de sustento en sus acusaciones dedicó los dos últimos años de su gobierno a impulsar la Constitución de la Ciudad de México, asunto que le salió perfectamente cocinado.

Y empezó la búsqueda desenfrenada por ser candidato presidencial con la plataforma de gobierno compartido. Cometió el gravísimo error de aceptar la alianza con el PAN sin darse cuenta de que Ricardo Anaya, dirigente del partido, lo haría a un lado en el momento preciso.

Sin más por obtener, aceptó una senaduría de ¡lista, por supuesto! y se retiró de los reflectores que solamente lo iluminaron en escasas ocasiones.

Todas las deudas se pagan. Más en política. Ahora Mancera está inhabilitado para desempeñar cualquier cargo en la administración de la Ciudad de México. Algo que realmente no le importa. Pero la huella quedó impregnada en el rostro, cuerpo, alma y corazón del propietario de los Bisquets Obregón. Sin embargo, la inhabilitación no lo es todo. La persecución en contra de sus amigos de la infancia, los hermanos Serna, sí lo puede llevar a otros momentos difíciles. El otro tema: el cártel inmobiliario y la acusación penal que pesa sobre Raymundo Collins.

Una deuda que paga con elevadísimos intereses. ¿Es la venganza de Ebrard? Iluso quien no lo vea así.

E-mail: jesusmichel11@hotmail.com, Twitter: @jesusmichelMx, Facebook: Jesus Michel y en Misión, Periodismo sin Regaños martes y jueves de 16 a 17 horas por ABC-Radio en el 760 de AM.

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