“Las Brujas de Salem”

Del Cine y las Leyes

Líbranos del mal…

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“Las Brujas de Salem”, también conocida como “El Crisol” (“The Crucible”), película histórica, dirigida por Nicholas Hytner, protagonizada por Daniel Day-Lewis (John Proctor), Winona Ryder (Abigail Williams), Paul Scofield (juez Thomas Danforth), Bruce Davison (reverendo Parris) y Joan Allen (Elizabeth Proctor), estrenada en 1996.

A mediados del siglo XVII, en el poblado de Salem, un grupo de adolescentes celebran en la noche un aquelarre; Abigail, una de las chicas, pide la muerte de Elizabeth, la esposa de John Proctor, hombre al que ama y con el que mantuvo relaciones tiempo atrás; el reverendo Parris las descubre y para evitar ser castigadas por brujería, ellas acusarán a sus vecinos de estar poseídos por el diablo.

El guion está escrito por Arthur Miller, quien adapta su propia obra inspirada en los juicios de brujería de Salem celebrados en 1692, en que los puritanos sentenciaron a la horca a 21 de sus conciudadanos tras acusarlos de practicar la brujería; es sabido que el escritor comparó esta historia con la célebre “caza de brujas” que tuvo lugar en el Hollywood de los años 50 bajo los auspicios del senador McCarthy, que persiguió implacablemente a todo aquel que simpatizara con el comunismo, incluido el propio Miller.

PACTO CON EL DIABLO

En la oscuridad de la noche varias adolescentes se reúnen alrededor de una hoguera siguiendo un ritual a cargo de la esclava Tituba, quien proviene de Barbados, todas gritan el nombre del chico del cual quieren enamorarse, salvo Abigail, que discretamente hace su petición causando el horror de la esclava y de las demás jóvenes al ver como bebe sangre de un gallo.

A la vista de cualquier espectador, lo que se está celebrando es un aquelarre o Sabbat, que es la forma genérica de denominar a la reunión de brujas y brujos para realizar rituales y hechizos, bien como creencia religiosa precristiana o neopagana, o bien aceptado en escritos cristianos como actos de invocación y adoración a Lucifer; el término proviene de la voz vasca akelarre (aker-macho cabrío; larre-prado), pues estaba arraigada la idea de que el Diablo se presentaba en medio de la reunión bajo la forma de un macho cabrío.

Según Anna Armengol, historiadora de la Universidad Autónoma de Barcelona, fue el 14 de febrero de 1609 que el Tribunal de Logroño recibe a un grupo de presos de Zugarramurdi y al inquisidor Juan del Valle Albarado, quedando constancia en actas del primer aquelarre de la historia.

SALVANDO EL PELLEJO

Al ser descubiertas las jóvenes huyen por el bosque, pero Betty, la hija del reverendo Parris, cae inconsciente sin despertar al igual que Ruth, la hija de Thomas y Ann Putnam, que también bailaba.

La acción se desarrolla en 1692, en la aún colonia inglesa de Massachusetts, donde la comunidad pertenecía al puritanismo que era la facción radical del protestantismo calvinista, cuyo dogma central era la autoridad suprema de Dios sobre los asuntos humanos, el énfasis en el estudio privado de la Biblia, simpleza en la adoración, la exclusión de vestimentas, imágenes, velas, etc. y la no celebración de festividades tradicionales que ellos consideraban estar en violación de los principios regulares de adoración.

Por ello es entendible la gravedad de la falta que han cometido las adolescentes, sobre todo por la celebración de una ceremonia que va más allá de actividades paganas, sino que rayan en lo profano.

Es por ello que Abigail decide culpar a Tituba, que, en su condición de esclava, y después de ser azotada, “confiesa” que ha sido influenciada por el diablo para corromper a las jóvenes.

DELATANDO EN FALSO

Tituba no sólo “confiesa” su pacto con el diablo, sino que junto al demonio se encontraban también Sarah Osborne y Sarah Good, por lo que pronto serán aprehendidas y juzgadas por hechicería.

Entre los múltiples historiadores que se han ocupado de estudiar Los juicios de Salem, está Marion Starkey, quien señala que con las acusaciones de Betty Parris, hija del Reverendo Samuel Parris, y su prima Abigail Williams, se libraron las primeras órdenes de arresto el 29 de febrero de 1692 contra Tituba, Sarah Osborne y Sarah Good; la primera de ellas era esclava en la casa de los Parris, la segunda una terrateniente odiada por sus escasas demostraciones de fe, y la tercera una indigente que estaba embarazada al momento de su arresto.

Después de estas tres detenciones siguieron acusaciones masivas, pues algunos vecinos utilizaron el pánico para vengar sus propias rencillas personales; como lo fue el caso de Martha Corey, o de John y Elizabeth Procter, a quienes las jóvenes acusaron de brujería.

Para fines de 1693, más de ciento cincuenta personas fueron detenidas y encarceladas, sólo con simples acusaciones de un grupo de jóvenes que afirmaban sufrir de alucinaciones y contactos demoníacos, pero nunca se obtuvieron pruebas de tales prácticas, sino que los propios jueces se dejaron llevar por la histeria religiosa de la comunidad puritana de Salem, que exigía frenéticamente condenas a las presuntas brujas; tan es así que el juez Thomas Danforth, que precedía el jurado, llegó a afirmar: Estás con el tribunal o estás contra el tribunal, no hay de otra.

Los juicios de Salem los realizó un Tribunal Oyer and Terminer, que en las colonias británicas era el tribunal de más alta jurisdicción criminal y se reunía dos veces al año en cada condado; su nombre anglo-francés, significa “escuchar y determinar”, de esta manera, se establecen los jueces encargados en investigar por orden del juez todas las traiciones, delitos y transgresiones cometidos en los condados especificados por la comisión, para escuchar y determinar de acuerdo con la ley.

Muchas de las falsas acusaciones fueron por avaricia, venganza privada, temor y otras por ignorancia; no obstante las múltiples retractaciones, muchos de los arrestados “confesaron” para salvarse de la ahorca; aunque nunca fue el caso de John Proctor que prefirió ser ahorcado, y así salvar su buen nombre, a confesar algo que no había cometido.

Esta adaptación metafórica de “Los juicios de Salem”, es una especie de cuento moral sobre los fantasmas de la historia y sobre el fanatismo de la sociedad cuando tiene que enfrentarse a algo que no comprende o bien de sus adversarios; el 22 de septiembre de 1692, las últimas víctimas son colgadas por brujería.

Más allá de los espurios motivos que originaron los juicios, siempre estuvo presente el estallido del fanatismo religioso, no sólo de quien acusaba, sino también de los juzgadores; pero ¿a más de trescientos años de lo sucedido, en la actualidad se habrá desterrado el fanatismo en las acusaciones y el juzgamiento de los adversarios?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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