El Negacionismo Palaciego y la Enlutada Realidad

Por Nidia Marín

¿Es usted realista? ¿Prefiere pensar que lo doloroso y cruel, lo terrible, no existe? ¿Prefiere dorarse la píldora, pensar que la virgen le habla y hacer lo mismo con los demás, aunque muchos lo manden al diablo?

¿Por el contrario le gusta enfrentar la realidad venga como fuere y aunque lastime?

Enfrentar la realidad a veces no sólo incómoda, sino resulta insoportable. Es el llamado negacionismo el que prevalece y del cual ya en todas partes del mundo, en los colegios e instituciones de psiquiatría, habían advertido de su arribo.

Y está presente. Y hace daño. Sobre todo, cuando desde lo más alto del poder se minimiza la situación que está viviendo México, por ejemplo, al aplicar el consuelo de muchos, consuelo de tontos, con el señalamiento de que a nosotros no nos ha ido tan mal con el coronavirus y a otros les va peor.

Son solamente tres países que están por encima de México en materia de fallecimientos: Estados Unidos, India, y Brasil. En el cuarto sitial está México al rebasar la semana pasada los 70,000 muertos y continuar en su carrera en el orbe para conseguir una posición más elevada en la materia.

Y el mal ejemplo cunde. Y son miles los ciudadanos a quienes les valen los cuidados y, por comodidad, prevalece el famoso “importamadrismo”, prefieren hacer caso del “sabelonada” que irresponsablemente los alecciona, y no asumir ni tomar las incomodas medidas que no sólo salvan a sus familias, sino a las de otros ciudadanos.

No se puede negar que esas expresiones desde el más alto poder en nuestro país contribuyen a la desazón que existe entre los mexicanos (y hay que decir que también en el mundo) debido a la incertidumbre de desconocer a estas alturas si habrá una vacuna o no.

Sí, porque ha podido más la publicidad que se hacen los gobiernos, como el nuestro, sobre la participación en investigaciones de laboratorios, que la realidad de las posibilidades científicas que se tienen en diversas partes del mundo, incluidas las no comprobadas vacunas de Rusia.

Dice Mark Hoofnagle que el negacionismo “es el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo cuando en la realidad no hay ninguno”. Eso ocurre en nuestro país y lo peor es que auspiciado por ya saben quién.

Un gran experto, Michael Specter, al hablar del negacionismo grupal (verbigracia México) lo ha definido así: “cuando un segmento completo de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, se aleja de la realidad en favor de una mentira más cómoda”.

Lo cierto de todo, pues, es que nada de lo que se diga para engañar a los demás va a colaborar en evitar el derramamiento de tantas lágrimas de parte de los contagiados y fallecidos y el dolor de más de medio millón de familias de todas las entidades de la República, luego de un año fatal del que sólo se salvó enero, lo cual ni siquiera sabemos con certeza.

Sólo basta con observar lo que sucede más allá de los negacionistas, sí, mirar con detenimiento la realidad en el país en donde son cientos los municipios con gobiernos acotados por el contagio del Covid-19 entre alcaldes e integrantes de los cabildos. O bien mirar la cifra de gobernadores que han resultado positivos y deben gobernar como pueden o delegar facultades en otros y, lo peor, una vez que salieron del trance quedar “tocados” en algunos de sus órganos.

Sobre todo, hay que mirar detenidamente a los miles y miles que no tienen trabajo, por lo cual sufren o se indignan ante las tontejeses palaciegas.

Como yo, porque entre las víctimas por ejemplo, hay personas que aprecié muchísimo, como mi amiga Pilar Pellicer (era mi vecina en el edificio Condesa, mejor conocido como Peyton Place, me prestaba su ropa para poder cubrir las fiestas de los millonarios y yo le prestaba mis batas para salir en las telenovelas): También hay personas que en estos momentos están luchando contra el bicho y a quienes respeto, como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (un abrazo Celeste Batell) y seres que admiré como Oscar Chávez (¡ay! aquellos divertidos recuerdos de “El Perro Andaluz”), el zacatecano Manuel Felguérez y su maravillosa obra pictórica y Gabriel Retes, el cineasta Gabriel Retes, a quien conocí cuando filmó “El Bulto” en la redacción de Excelsior.

Pero claro, hay seres que no se conmueven ante nada, porque viven en un universo distinto, inmersos en su ego y sus  ellos y sus locas ambiciones.

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