Pandemia: la Complicada Existencia de Pequeños Negocios

Las Revueltas de Silvestre

Por Silvestre Villegas Revueltas

Solamente un miope y daltónico que despotrica acerca de la crisis económica que vive México en plena pandemia producida por el Covid 19 deja de ver, ponderar y analizar que salvo algunos giros de actividad económica mundial como la compañía de entregas Amazon o las compañías que producen plataformas digitales a ser utilizadas como vías de comunicación personal y/o empresarial tipo ZOOM, Google o Skype, el resto de las actividades que deberían generar empleos y ganancias como las compañías de aviones, hoteles, de transatlánticos y muchas más han quebrado o están a punto de estarlo en una pléyade de países tan importantes como los Estados Unidos, Francia o Italia. Hay que afirmarlo y subrayarlo, la crisis económica-laboral en México está de la patada pero la situación es similar o peor en otros países, me explico.

Nuestro país forma parte de las naciones subdesarrolladas, en cambio España entró a la Comunidad Europea, recibió carretadas de dinero regularmente administrado -porque los escándalos de corrupción no solamente son propios de este país de Huichilopochtli- y antes del 2008 se pavoneaban como la mamá de los pollitos. Pero hay diferencias que si bien son ejemplo durante años normales, se convierten en importantes barreras en tiempos de emergencia, ya no digamos en esta mega-crisis económica producto de la pandemia del Coronavirus.

Una de las características económicas/fiscales/hacendarias de los países desarrollados es el control y formalidad de las actividades económicas, ello no quiere decir que el capital internacional desconozca el fraude que significan los pequeños países conocidos como paraísos fiscales. En España las grandes compañías y los pequeños negocios están regulados, si uno va a comprar un refresco y una papitas en una abarrotería, ahora manejada por chinos, le dan un ticket fiscal. En cambio en México, usted estimado lector, se dará cuenta que en “las tienditas” el cobro y el pago se hace en efectivo y no hay comprobante. Cuando contrata los servicios técnicos de un electricista, fontanero, albañil, servicio doméstico y muchas actividades más, el trabajo y su costo se liquidan en efectivo, en la informalidad, y con un gran quebranto para la Secretaría de Hacienda; lo anterior se hace extensivo a las multimillonarias ganancias del pulpo camionero en ciudades y pueblos donde el pago del pasaje también se hace en efectivo y sin boleto foliado, décadas atrás sí había un control. Las panaderías siempre han dado comprobante de compra pero en las transacciones de montos intermedios le preguntan si quiere uno factura o no, y muchos médicos como abogados, contadores y demás profesionistas liberales al cobrar sus honorarios en efectivo defraudan al fisco y al cliente/paciente porque éste último verá la imposibilidad de deducir en su declaración anual de impuestos el porcentaje correspondiente de semejantes gastos. Por todo lo anterior las autoridades mexicanas, y con gran esfuerzo, han empujado para que paulatinamente se vayan formalizando los cobros/pagos de muchas actividades económicas, ello debería ser la norma en tiempos regulares pero hoy en la crisis económica derivada de la pandemia, la formalidad económica/fiscal puede llevar a mucha gente a pasar hambre. ¿Por qué?

En España no es fácil, está penado y mal visto que un particular ponga un puesto de frutas en la esquina de una colonia de cierto poder adquisitivo, en cambio aquí en México la pandemia ha provocado que surjan como hongos individuos, parejas, amigos y familias que al no contar con un empleo formal se han reinventado y lo mismo venden por internet comida preparada y catas de vino, que en las esquinas ofrecen tapabocas, frutas, legumbres, plantas y venta irregular de cervezas, mezcales, etcétera. Han proliferado en colonias de clases media y media alta la aparición de organilleros que antes andaban en el centro histórico y en plazas turísticas como las de San Ángel; siempre pidieron cooperación económica jóvenes de bandas musicales tipo oaxaqueño pero ahora pululan jaraneros veracruzanos, tríos de boleros, restos de conjuntos musicales cuyo lugar propio de trabajo son las cantinas, restaurantes y salones de fiesta que ahora están cerrados o medio abiertos debido a la contingencia sanitaria. En fin, esa informalidad que muchas veces puede disgustar, ahora en tiempos del Covid es una magra salida económica frente a la cerrazón de la economía formal implementada de los países desarrollados; pero un buen uso de la fiscalidad puede resultar en apoyos económicos para la población

Finalmente y aunque es necesario señalar que la pandemia ha producido un cataclismo económico, situación que se percibe más complicada en ciertos sectores económicos por el resurgimiento de nuevos y más contagios en países que ya iban saliendo de la enfermedad, me he percatado de que en la actual tesitura de semáforo rojo/naranja pequeños negocios les puede ir un poco mejor que sus similares más grandes. Por ejemplo, el caso de los restaurantes, abrir un local con todos los servicios como puede ser el Arroyo, San Ángel Inn o El Cardenal, un tercio de aforo de comensales es una cantidad reducida para operar eficientemente, en cambio existen desde restaurantes pequeños hasta cocinas y taquerías que de tiempo atrás han recuperado su funcionamiento pleno, si no al ciento por ciento, sí en niveles muy rentables. La situación pinta muy difícil y la reinvención como las heterodoxias serán la respuesta mientras a nivel mundial como en México no haya la certeza suficiente de un nivel bajo de contagio para salir y consumir en la esfera pública, ello con o sin vacuna.

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