Problemáticas Educativos en Torno a la “Nueva Normalidad”

Las Revueltas de Silvestre

Por Silvestre Villegas Revueltas

La semana pasada el periódico español El País reproducía la noticia de que diversos sindicatos de profesores de los niveles primarios hasta preparatorianos estaban protestando porque en escuelas públicas como privadas, amén de las diversas autoridades educativas en las diferentes “autonomías”, léase estados de la federación en el caso mexicano, no estaban proporcionando ni las ayudas económicas necesarias a los docentes, ni estaban efectuando los cambios materiales en los planteles para hacer efectiva la realización de clases en aulas e instalaciones escolares, con el propósito de que el contagio del Covid 19 no siga aumentando por igual entre profesores como alumnos. En este sentido meses atrás las agencias noticiosas de China, Korea y el Japón mostraron escuelas modelo -o quizás como cualquier otro plantel escolar- con modificaciones para evitar los contagios; dichos cambios eran la instalación de paneles plásticos transparentes entre los pupitres de los alumnos, diversos aditamentos electrónicos para verificar la salud de maestros y alumnos, igual que impresionantes dispositivos computacionales que lo mismo son utilizados por los educadores como por educandos. No se nos debe olvidar que los famosos tigres asiáticos transitaron de la pobreza en los años de 1950 a convertirse en ricos países y potencias regionales entre 1980 y el fin del siglo XX; tuvieron tres motores para convertirse en naciones ricas, esto es, a) gobiernos eficientes y honrados, b) empresariado innovador y con sensatas relaciones laborales y c) un sistema educativo de punta que exigió mucho a docentes como alumnos y padres de familia. Aquí en México existen tres enemigos en contra de la buena educación: pedagogos que copian recetas educativas finlandesas, un gremio de profesores cuya formación a partir de los años de 1970 fue cada vez más deficiente, y ´tercero, quizá el más importante, padres de familia que pueden consentir a sus hijos hasta lo indecible “mi rey, princesa”, doblegan a las autoridades de las escuelas privadas generando con ello ciudadanos prepotentes -como los que salen en cada escándalo- y deficientes en cuanto a su formación propiamente académica.

De meses atrás pero ahora más cuando se acerca el inicio del año escolar mexicano, es una realidad que los profesores de todos los niveles educativos han tenido que reinventarse haciendo de sus casas una oficina virtual; los más no han recibido apoyo económico en la necesarísima compra de nuevas computadoras, de impresoras, escáner, paquetes de cómputo y paquetes de seguridad para sus equipos. Se han visto obligados a mostrar su espacio privado y hogareño porque de meses atrás y así seguirá a corto plazo en el mejor de los casos, la casa se convirtió en salón de clases y oficina. Ello ya es una realidad muy complicada donde se agregan exigencias burocráticas, horarios ampliados, asesorías nocturnas y de fin de semana. Resolver el problema educativo en la nueva normalidad producto de la pandemia producida por el Covid 19 es todo un novedad mundial, pero es más complicado en países pobres como el nuestro donde las estrecheces económicas provocan que existan menos computadoras en los hogares y falta de pantallas en las aulas a pesar de que somos un país que ensambla millones de dichos aparatos en las maquiladoras fronterizas. Asimismo, algunas instituciones privadas como públicas están proporcionando cursos de las nuevas tecnología de computación, información y comunicación para ser utilizados en el trabajo diario al interior de las aulas, pero dependiendo de la escuela o universidad cada una impone sus plataformas virtuales como Teams, Moodle, Google-classroom, Zoom, Skype, Meet, Blue Jeans entre cientos de opciones diferentes. En los países civilizados -que no es el nuestro- la autoridad educativa o la asociación de entidades educativas se ponen de acuerdo para que el sistema de búsqueda bibliotecaria en Texas, Nueva York, Wisconsin o California sea el mismo y el usuario no pierda tiempo y esfuerzo. Pero en el egoísmo y presunción de las instituciones educativas privadas y públicas de nuestro país cada quien usa su sistema preferido, el que le costó menos. Ello ya ha provocado reuniones que se retrasan, clases que se entorpecen, docentes que pierden miles de horas aprendiendo diferentes sistemas de comunicación porque las autoridades de cada escuela presumen de la exclusividad de lo que utilizan y demás tonterías. En fin, la nueva realidad impone la obligación de diversos acuerdos para homologar desde planes de estudios hasta las plataformas de comunicación virtual a ser utilizadas. Todo un reto.

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