Pandemia y Neurosis

Las Revueltas de Silvestre

Por Silvestre Villegas Revueltas

Para cuando salga el presente artículo llevaré cinco meses de “una movilidad reducida” como eufemísticamente y en el contexto internacional han llamado al confinamiento relajado que las autoridades impusieron a sus ciudadanos en diversos países como Alemania, Inglaterra, los Estados Unidos y México. Otros gobiernos como el español, italiano, chileno, chino, coreano y japonés, en su momento, mandaron a raja tabla a sus respectivos nacionales a un confinamiento total debido a que consideraron que, al aislarse, se estaba combatiendo de mejor manera al virus de Covid-19. Las autoridades que impusieron lo mismo el confinamiento total que parcial, sabían perfectamente que el aislamiento afectaría de manera radical la economía de sus respectivos países porque la economía mundial, y la del estado de California por mencionar un ejemplo local, se fundamenta en el CONSUMO; en el mundo del capitalismo globalizado la gente compra automóviles, viajes, ropa, joyería, zapatos y un larguísimo etcétera. Sus diversiones son por definición espectáculos colectivos como los grandes conciertos de música popular, la añorada visita al cine porque no es lo mismo los distractores en casa que la oscuridad y ambiente idóneo para disfrutar de una película, amén de la muy bien inducida adicción a los espectáculos deportivos como el futbol, las olimpiadas, el basquetbol, las carreras de la Fórmula Uno y demás actividades “deportivas”. El encierro llegó al mundo durante el primer cuarto de este 2020, se podía observar la plaza del Vaticano vacía, las calles del céntrico Manhattan sin gente ni automóviles, pero se limpió el agua de los canales de Venecia, crecieron las zonas verdes y árboles de la Ciudad de México porque los tala-arboles de las delegaciones, perdón, de las alcaldías, no tuvieron negocio por unos meses: ahorita ya hacen de las suyas con la madera cortada –indáguese en la Benito Juárez. El planeta se clareó, pocos aviones cruzaban el globo terráqueo, los animales salieron de bosques y selvas, y empezaron a hurgar en las calles de las ciudades habitadas por el depredador más importante del planeta. En fin, el confinamiento ha modificado hasta ahora, agosto de este año, muchas actividades económicas, fenómenos ecológicos y percepciones humanas de lo que nos rodea y de la forma como nos relacionamos con nuestros semejantes. Hay que definirlo, el hombre es un ser social por excelencia, aunque siempre han existido lobos esteparios que disfrutan y se sienten totalmente a gusto en soledad, cuando ésta puede disfrutarse en los confines de un bosque, selva, glaciar o desierto.

En las ciudades y núcleos urbanos, aunque encerrado, no hay propiamente soledad.

Al hablar con colegas universitarios, amigos y parientes vía la cuadrícula de las video-conferencias o por teléfono, se empieza a hacer más frecuente el comentario de que a pesar del confinamiento la pandemia no acaba, se alarga, -yo que veo muy poco la conferencia del subsecretario López-Gatell les puedo asegurar que meses atrás, por allá de mayo, aseguró que el pico bajaría por octubre y se conectaría el Covid con la llegada de la Influenza Estacional. Uno de mis conocidos casi lloraba porque los días le parecían iguales (para los afortunados que pueden vivir y trabajar en sus casas), amén de reflexionar -los que tienen más edad- acerca del sentido de la vida, de lo que se hizo materialmente en este transcurrir vital, de los que se han ido muriendo, por Covid o de muerte natural sin el consuelo social del velorio, de que por el momento YA CAMBIÓ la forma de relacionarnos. Periodistas, analistas y funcionarios del gobierno mexicano ya hablan de los trastornos psiquiátricos del confinamiento: unos no duermen, otros no se quieren levantar, aquellos se ponen muy violentos para con su entorno familiar, los de más allá ya han vaciado y vuelto a abastecerse de vinos, licores y mezcales. Muchos añoran la convivencia de ir a desayunar, comer o cenar a algún bonito restaurante… ir al local, pero sentirse seguros porque el otro día pasé por el Bellinghausen de la otrora zona rosa y estaba abierto pero vacío, con los gastos económicos que implica mantener abierto un local… la pandemia es genuinamente una desgracia.

Y el panorama a corto plazo no pinta bien. España e Inglaterra tienen importantes rebrotes del Coronavirus SARS-CoV-2, la flamante Alemania cuando se descuida le resurge el bicho, sin albur. Todos sabemos que Estados Unidos, Brasil, Rusia, India, México, Perú y seguidos en misma proporción muchos otros países diariamente suman miles de infectados y muertos. Los intereses económicos de la industria farmacéutica internacional ya tacharon la propuesta rusa de vacuna; como va mucho dinero de por medio actuaron igual que los panistas mexicanos y demás fauna, no dieron tiempo a que el invento del gobierno de Putin mostrara sus aciertos o errores. Asimismo, y en una actitud explicada por los psicólogos como una forma de neurosis, algunos señalados que ven todo el día noticiarios, la pseudo-información que producen las redes sociales, están de tal forma obsesionados que ven monstruos por todas partes, errores por doquier y no disfrutan de una bonita mañana o un atardecer mezclado de rayos solares e interesantísimas formas nubosas que presagian la consabida lluvia de la tarde. Cada quien, y es su derecho, tiene una apreciación y vivencia de lo que social y humanamente se está experimentando debido a la pandemia producida por el Covid-19.

 

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