La Importancia de la Administración Pública en el Diseño del Sector Salud

Artículo Invitado

*Enseñanzas de la Pandemia y el Nuevo Orden

Por Luis Miguel Martínez Anzures

El virus del Covid-19, ha puesto de manifiesto la importancia crucial de lo público, pero también sus insuficiencias tanto estructurales como coyunturales. En este contexto, el personal de la administración pública implicado en la provisión de servicios esenciales para la protección y cuidado de la ciudadanía ha respondido de forma excelente, con un comportamiento ejemplar en cada uno de los campos del sector salud: servicios sanitarios, unidad militar de emergencias, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, docentes, empleados de servicios logísticos y de mantenimiento, servicios sociales, entre otros.

Sin embargo, no se puede dejar de lado que el sistema, como tal, ha fallado, mostrando escasa anticipación, trabas burocráticas y serias deficiencias de agilidad que han afectado la compra de mascarillas, la fabricación de ventiladores o facilitación de las ayudas; problemas de gestión de datos que reflejan carencias de personal cualificado en este campo, mientras las profesiones jurídicas y las categorías de cualificación técnica media y media baja, siguen siendo muy abundantes.

Aquí la urgencia es absoluta e inaplazable: se tienen que formar más médicos y especialistas de la salud para los siguientes años en este país. Esta labor debe ser una prioridad en todos los estados de la federación y respaldada por todos los niveles de gobierno.

Otro de estos desajustes que ya se han venido comentado, provienen de los problemas no resueltos de colaboración entre administraciones que caracterizan al modelo de gobernanza multi-nivel, y que han dado lugar, a episodios disfuncionales de mayor o menor calado a lo largo del estado de alarma.

Muchos de estos problemas derivan del escaso interés que la política viene prestando a las reformas de la Administración, más allá de los debates ideológicos y retóricos entre la derecha y la izquierda. Es fundamental precisar el grado de injerencia que el Estado tendrá en sectores cruciales para la manutención de la salud pública como es la rectoría de todo el sistema de gestión de recursos y servicios sanitarios. Si algo ha dejado claro la pandemia, es que solo el sector público, a través de una mejora en la administración y el diseño de sus recursos podrá enfrentar una crisis como la que se vive en la actualidad y todas las que pudieran generarse en las siguientes décadas.

Ahora bien, lo que hay que tener presente todo el tiempo, es que las crecientes demandas sociales derivadas de la crisis agudizan estas deficiencias. Los gobiernos y administraciones abordan hoy un reto descomunal: uno de los momentos más difíciles de la historia del país, con limitantes presupuestales perpetuas, estructuras administrativas caducas y una clase política desorientada.

En medio de este caótico escenario los ingentes recursos, internos y externos, que habrá que invertir en la recuperación y en la atención a los sectores poblacionales más vulnerables, corren el riesgo de perderse, llegar tarde o no ser debidamente aprovechados, si no se ponen al día los circuitos y mecanismos del sector público.

Es hora de extraer conclusiones de lo ocurrido, recuperar diagnósticos existentes desde hace años y habitualmente relegados, y pensar en reformas que garanticen que el sistema público se sitúe en condiciones de liderar la recuperación y el futuro del país. Las prioridades han cambiado y la salud pública ha pasado de ser algo necesario, para convertirse en algo urgente e inaplazable. Países cuya alimentación esta basada en productos procesados están viviendo hoy en carne propia, las consecuencias de estos malos hábitos y pagando con creces los efectos ante el Covid-19.

Por todas estas razones, es urgente que las políticas públicas encaminadas a mejorar el sector salud empiecen a tomar forma y sentido en el siguiente periodo de sesiones. La crisis exige una gestión pública crecientemente basada en datos y evidencias. La disponibilidad masiva de información y la aceleración del cambio tecnológico  pueden ayudar a conseguirlo, pero se hace imprescindible facilitar la formación de núcleos y laboratorios de innovación en políticas públicas, dotados de un funcionamiento autónomo y flexible; capaces de hacer un progresivo uso de los hallazgos de la economía del comportamiento, de impulsar y aprovechar la transformación digital y de desarrollar aplicaciones de inteligencia artificial en el diseño y la prestación de los servicios públicos.

Con la articulación de todos estos componentes tecnológicos y científicos, se estaría apostando a un recambio sustancial en la estructuración del sector salud, pero también en sus formas de evaluación y monitoreo de resultados.

Es importante para superar la crisis económica y de salud que enfrenta el mundo y en particular el país, que muchos de los cambios en la gestión de los recursos públicos, se lleven de la mano a través de la administración pública, entendida como el eje principal para instrumentarlos y llevarlos a cabo de una mejor manera. Imaginar los cambios a través de la simplificación y el uso racional de los recursos públicos, está bien, pero llevarlos a cabo, en la realidad sin dañar sistemáticamente o profundamente el desempeño de las instituciones no es una tarea que pueda llevarse a cabo, de manera coyuntural solamente. Para ello, existe la planeación estratégica y el monitoreo de los indicadores de rendimiento.

Por todo ello, es imprescindible que la ciencia administrativa se aplique en favor de la mejora de la administración de los recursos públicos por encima de la percepción ideológica.

 

 

 

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