Nuevas Formas de Comprender el Desarrollo Nacional en el Siglo XXI

Artículo Invitado

*La Política Económica en Tiempos del Coronavirus

Por Luis Miguel Martínez Anzures

En días pasados el ejecutivo federal a través de sus redes sociales ha compartido fragmentos de un documento de reflexiones acerca de la situación económica del México actual y lo que deberá ser en un futuro próximo. El compendio de 30 cuartillas podría ser un conjunto de disparates tomados desde la superficialidad de los análisis políticos de algunos analistas o un manifiesto explicito (el más claro hasta ahora), de cómo el país desde su base económica se vislumbra en el contexto de la competencia internacional. La elección de esta disyuntiva deberá llevarla a cabo el lector.

La columna vertebral de este ensayo basa su tesis principal en un escenario que pretende responder de manera eficaz y justa ante el “derrumbe” del modelo neoliberal en el mundo, precipitado por el Covid-19, ante el cuál el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que “sería absurdo” insistir en su aplicación para enfrentar la actual crisis económica.

De igual forma, expresó que se requiere buscar un modelo “del todo nuevo”. Para ello, es indispensable “desechar las recetas de siempre, propuestas por organismos financieros internacionales, supuestamente orientadas a revertir las crisis recurrentes”.

Lo anterior, porque desde la óptica presidencial “en los hechos, provocan nuevos ciclos de concentración de la riqueza, nuevas espirales de corrupción, crecimiento de la desigualdad, ensanchamiento de los abismos sociales entre las regiones y entre lo urbano y lo rural y, a la postre, un agravamiento de los fenómenos de desigualdad, desintegración social, migración, marginación y miseria”.

En el documento La nueva política económica en los tiempos del coronavirus, el mandatario da a conocer que en México “estamos construyendo un nuevo modelo de país con base en cinco principios fundamentales e indisolublemente relacionados entre sí: democracia, justicia, honestidad, austeridad y bienestar”, en el que se da preferencia a los pobres, pero destacó la oportunidad que representa para las familias de mejores ingresos el “enorme campo de negocios” que abre la ratificación del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC).

Estos postulados dicen mucho, no solamente de la filosofía económica de la actual administración, sino de la organización interna que tiene para otorgar los estímulos fiscales y tributarios que habrán de apuntalar a los escalones superiores de la pirámide social en este país.

Ahora bien, llama la atención el cambio de viraje que la actual administración ha tenido en relación al T-MEC y la importancia regional e internacional que puede llegar a darle al mercado interno frente a otros competidores como China o países orientales que han quedado rezagados como socios comerciales de Estados Unidos. Este escenario ha podido robustecerse a través de la actual pandemia que azota los mercados mundiales en estos días y que ha cambiado las coordenadas geográficas para el desarrollo económico nacional.

Para Andrés Manuel López Obrador está claro que el cambio en las oportunidades de desarrollo económico que representa Estados Unidos es un elemento que no puede hacerse a un lado tan fácilmente.

“Es un hecho que el tratado atraerá más inversión extranjera para la industria de exportación; hoy precisamente, la secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín, me informó que, a pesar del coronavirus, en el trimestre enero-marzo, la inversión foránea fue de 10 mil 334 millones de dólares; es decir, 1.7 por ciento superior a la registrada en el mismo trimestre del año pasado”.

Las cadenas productivas integradas a Estados Unidos y Canadá “se fortalecerán por los reacomodos en el comercio mundial propiciados por el abierto enfrentamiento entre China y Estados Unidos. México es, pues, un país de oportunidades en el que sus habitantes de todas las clases sociales podrán gozar de bienestar, paz y felicidad”.

Pero el cambio en el paradigma de la economía nacional y su comportamiento de productividad es el elemento más notorio de este trabajo. En este apartado, el presidente de la república crítica no solamente los postulados ideológicos del liberalismo clásico sino, además, propone invertir la pirámide de la distribución de la riqueza sobre la cuál históricamente se ha desarrollado la economía mexicana dándole prioridad a la economía popular. Este punto es muy importante por el significado social y político que tiene para las clases más desprotegidas del país y la reorientación presupuestal que ya experimenta el gasto público en el ejercicio de este año.

En otras palabras, el modelo de crecimiento económico que propone el ejecutivo federal es andar por caminos que México nunca ha transitado. ¿Cuál será el resultado de esta andanza? Es difícil saber. Privilegiar la justicia social por encima de los resultados e indicadores macroeconómicos, parece una apuesta muy arriesgada, pero justa y coherente para un país cuyo rezago social es tan lacerante y ofensivo como el que ha experimentado por décadas.

“A diferencia del sofisma neoliberal, según el cual si llueve fuerte arriba gotea abajo –como si la riqueza fuera permeable y contagiosa–, ahora nosotros destinamos los apoyos para el bienestar empezando por la base de la pirámide social y de ahí hacia su cúspide”.

Lo que hasta ahora la experiencia nacional ha enseñado a muchas administraciones en territorio nacional, es que no importa que tan lejos puedan correr para ocultar sus rezagos estructurales, al final del día siempre terminarán por alcanzar a los evasores dichos pendientes. Porque en economía no existen atajos infalibles ni recetas mágicas o incuestionables. Si México quiere crecer es importante que encuentre su propio camino, uno que quizás si este alejado de la senda de la desigualdad social y económica, pero que, a su vez propicie un crecimiento sostenido e incluyente. Esto solo podrá lograrse mediante la aplicación de un marco legal imparcial y confiable. También de una exigente y bien lograda reforma fiscal que logre hacer pagar más a los que más dinero tienen y aglutine a los informales en la formalidad tributaria en la que deben estar.

Si se amplía la base fiscal México ganará más recursos para financiar mejores servicios e invertir en mejores proyectos de desarrollo económico sostenible. La nueva política económica en México es una oportunidad para repensar los fines del Estado del siglo XXI.

 

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