La Percepción de la Amenaza del Covid-19 en la Sociedad Mexicana

Artículo Invitado

*¿Libertades y Derechos Valen lo Mismo?

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Hace algunos días, como ya es costumbre, el periódico El Financiero hizo un ejercicio demoscópico muy interesante: mostró que en medio de la crisis sanitaria que se vive actualmente dos tercios de los mexicanos entrevistados estarían de acuerdo con aceptar medidas más restrictivas de confinamiento ante las amenazas del coronavirus, aunque la mayoría estaría en desacuerdo con que las medidas se extiendan a restringir la libertad de expresión u opinión.

El confinamiento se acepta, la censura no. Un hecho muy interesante que quizás hace décadas no hubiera tenido una respuesta similar o alcanzado mayor significación en relación con el perfil cultural que la población mexicana tenía. Pero las cosas han cambiado y la sofisticación del ciudadano promedio en el país, también.

Los mexicanos del siglo XXI se informan más y en términos generales tienen patrones de consumo informativo menos convencionales que en el pasado.

Ahora bien, si se preguntan acerca de la existencia de una relación de esas actitudes en la encuesta con aspectos como el partidismo o el nivel educativo, es importante ahondar más en ello. La respuesta rápida seria en sentido positivo, se observan algunas diferencias, pero no tan marcadas como algunos esperarían. Lo cierto es que esas típicas variables de orientación política y estatus socioeconómico están desplazadas a un segundo plano por otra variable más fuerte en estos momentos: la percepción de amenaza.

¿Qué podría expresar esta variable, que sin duda alguna está asociada al sentido de preservación de la especie?

Este “hallazgo” no es fortuito ni accidental, sino que refleja una literatura académica sobre el tema, la cual establece que, en momentos de crisis o guerras, la percepción de amenaza hace que los ciudadanos se vuelvan más propensos a renunciar temporalmente a sus derechos y libertades civiles ante el Estado, que en circunstancias de mayor normalidad. Es como si los orígenes del Estado nación regresarán con mayor fuerza para recordarles a los ciudadanos, que es solo la protección de este ente de enormes dimensiones, descrito como un Leviatán por Hobbes, en la obra del mismo nombre, es el único capaz de proteger el bienestar colectivo.

En este mismo orden de ideas, podemos notar que este debate se está movilizando en Estados Unidos, donde el típico lema político anti tiranía, “Give me liberty or give me death”, ha tomado un giro viral muy evidente. Precisamente para evitar lo segundo, las perdidas, es que los gobiernos en el mundo han instrumentado una política de confinamiento que reduzca los contagios, los decesos y, como se ha escuchado una y otra vez, el colapso de los sistemas de salud, lo cual implica restringir algunas libertades a la gente. No es que la dinámica este mal, pero es fuerte y contundente desde su propia acepción.

En México, el confinamiento no ha sido del todo obligatorio, pero la encuesta de El Financiero mostró que, de haber una mayor obligatoriedad, la mayoría de los mexicanos estarían de acuerdo.

El estudio muestra, además, que la aceptación del confinamiento y la cesión de ciertas libertades y derechos sí aumenta conforme la percepción de amenaza es mayor. Por ejemplo, la preocupación por el coronavirus como un indicador de qué tan amenazante se percibe éste: para los que están muy preocupados por la epidemia, que es la mayoría (66 por ciento), el 85 por ciento apoya la extensión de la cuarentena, medida que cuenta con apenas 47 y 40 por ciento entre los segmentos menos preocupados. La diferencia en la opinión es de 45 puntos entre los extremos.

Como referente, la diferencia es de 21 puntos entre morenistas y opositores, ambos mayoritariamente a favor, así que, sin un conflicto político subyacente, y de 12 puntos entre el nivel bajo y alto de educación.

Por otra parte, el segmento muy preocupado por el virus está en un 73 por ciento de acuerdo con prohibir rigurosamente que la gente salga de sus casas, mientras que el nivel que solo está de acuerdo, baja a 54 por ciento entre los algo preocupados, y a 27 por ciento entre los poco o nada preocupados por el virus. La diferencia es de casi 50 puntos, mientras que el nivel educativo registra diferencias de un dígito y los polos políticos morenista-oposición apenas arrojan 13 puntos, con ambos grupos antagónicos mayoritariamente a favor. Un margen que estandariza en los números una opinión y no acepta diferencias ideológicas o partidistas.

En suma, a mayor percepción de amenaza, mayor disposición para aceptar la restricción de derechos y libertades.

Esto incluye a la libertad de expresión: los muy preocupados por el virus apoyarían las restricciones a la libertad de expresión para evitar la propagación de noticias falsas en un 54 por ciento, mientras que los menos preocupados están de acuerdo en proporciones minoritarias, entre 26 y 20 por ciento. La diferencia es de 34 puntos. El partidismo arroja 10 puntos de diferencia, con la oposición menos dispuesta a ceder su libertad de opinión que los oficialistas.

Como puede apreciarse, no son entonces, ni el partidismo ni las diferencias educativas las que marcan la polarización actual en medio de la pandemia, sino la percepción de amenaza. Esa es la que explica mejor la aceptación o resistencia a las medidas de confinamiento y restricción social.

Una sociedad mayormente informada probablemente será una que acepte en este tipo de situaciones mayores restricciones, sin titubeos ni alegatos a la autoridad. En cambio, una menos apegada a los principios y costumbres informativos, en cuya esencia colectiva se encuentran las carencias de información fidedigna y discusión analítica, tendera a no preocuparse por una pandemia de dimensiones mayúsculas como la que el mundo enfrenta actualmente. La lección que nos dejan este tipo de estudios es que para que el mensaje del gobierno sea convincente, no importa tanto, si eres panista o morenista, sino qué tan amenazante perciben a la epidemia y que sofisticada sea la cultura general del ciudadano para sumarse a un esfuerzo colectivo de protección del Estado, frente a una eventualidad como esta.

 

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