Las Diferentes Caras de México Durante la Pandemia: el Egoísmo y la Histeria Social

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Dicen que la esencia de las personas se puede percibir con mayor facilidad en situaciones en donde su existencia esta puesta en peligro. Las situaciones límite desnudan a los seres humanos. Es fácil ser amable y ofrecer el lugar cuando el lugar importa poco o ceder el paso cuando tenemos tiempo de sobra. Pero frente a la escasez y el peligro muchas personas se convierten en la peor versión de sí mismas; la pandemia lo está demostrando. Es triste leer cada vez más, casos de historias de histeria colectiva. ¿O cómo entender que en un Oxxo se golpeé a una enfermera que entró a comprar un café tras una jornada infernal salvando pacientes? ¿Acaso no se logra entender en una sociedad como la mexicana, que una de las profesiones más nobles que pueden existir en el mundo, son las orientadas al sector salud? Su pecado de esta enfermara, a ojos de quienes le fracturaron dos dedos, es que su sola presencia los ponía en riesgo a todos. ¡Vaya razonamiento primitivo!

Por desgracia no es un caso aislado. Una comunidad amenazó con destruir un hospital de la zona si se atrevía a recibir un enfermo de coronavirus. En otro hospital, los parientes de un enfermo fallecido a quienes se les impedía ver el cadáver por razones sanitarias forzaron su entrada y golpearon de manera impune y cobarde al personal médico. ¿Cuál fue el pecado de los médicos y enfermeras que a pesar de la ignorancia colectiva están intentando por todos los medios, a pesar de los altos riesgos, ayudar aún a costa de su propia vida y la de sus seres queridos, a otros mexicanos?

Por desgracia -duele decirlo- la mezquindad no reconoce condición social, nivel educativo o zona geográfica. La decencia y la solidaridad ni se enseñan, ni se compran. Vivimos en una sociedad que ha dejado de tener una consciencia social responsable y solidaria en situaciones cotidianas. Los valores están en rotunda decadencia. En los barrios ricos y en los barrios pobres, entre gente sin primaria y gente con posgrados, hay hombres y mujeres solidarios, pero también los hay de una ruindad deplorable. En la actualidad, la miseria no es una póliza de garantía que convierte a las personas en mejores seres humanos, así como también ser rico, no las hace ser más generosas, eso está claro.

Pero una de las más bajas formas de mezquindad es la que no obedece a motivos relacionados con la supervivencia o la defensa de la propia prole, sino aquellos que responden al cálculo, sea económico o político. Esta clase de egoísmo calculado es la peor de las formas del individualismo. Es importante detenerse en este último punto, ya que la conversación pública y las redes sociales, se han enfermado de un discurso de odio y descalificación que responde al miedo, hasta cierto punto natural, pero también a la acción de actores políticos dispuestos a obtener un beneficio propio de la tragedia. Medios de comunicación y periodistas que perdieron sus privilegios, partidos y políticos desbancados del poder, empresarios inconformes con la 4T.

Es comprensible, desde luego, la preocupación de los ciudadanos cuando se preguntan si las autoridades conducen la mejor estrategia posible para combatir al virus y su propagación. Desde esta óptica la crítica y el cuestionamiento es apropiado y necesario.

¿Que el gobierno lo puede hacer mejor? Seguramente. Pero también es un hecho que lo hará peor, si sus críticos se aseguran de descalificar todos y cada uno de los pasos y medidas anunciadas. No se mal interprete, llegará el momento de hacer los balances correspondientes, pero tomar como consigna destruir los esfuerzos de la autoridad para paliar la crisis termina por dañar a todos. No tiene justificación alguna y habla de una profunda ausencia de consciencia social y bienestar colectivo.

Al doctor Hugo López-Gatell, vocero y coordinador operativo, le ha tocado de todo. No ha sido fácil demeritarlo porque es un experto que sabe del asunto más que sus críticos. Un experto que domina el tema y eso hay que reconocérselo. Para torpedearlo se ha tenido que recurrir a su vida privada, a sacar de contexto sus frases, o tratar de amarrarle navajas con el presidente. Todos intentos poco éticos para tratar de justificar una animadversión hacia la nueva administración y sus formas de gobernar.

Los que golpean a una enfermera en el Oxxo o quieren cerrar un hospital para no correr riesgos, no son muy distintos de aquellos que reclaman por qué se vendieron a China tapabocas en febrero. El egoísmo es el mismo, pero en este caso, no es para protegerse (así sea de manera improcedente), sino para desprestigiar al coordinador de la campaña de salud, abollar a la figura del presidente y sacar ventaja política. Nada más ruin que esta clase de acciones. El reclamo es absurdo porque los tapabocas no eran del gobierno, sino de una empresa trasnacional que las produce en México; segundo, porque eran chinos quienes las necesitaban desesperadamente en ese momento; y tercero porque las autoridades han entendido que, al ser mundial, la pandemia debe ser afrontada de manera solidaria y no convertirnos en un país paria y divisionista. De comportarse de esta manera, México estaría contraviniendo a toda una valiosa historia de solidaridad humana en términos de relaciones exteriores. Hoy están llegando con creces tapabocas de China.

Algo similar está pasando con los gobernadores de oposición que súbitamente y en medio de la emergencia deciden cuestionar la relación fiscal de las entidades más ricas con el gobierno federal (Nuevo León, Jalisco, Coahuila y Tamaulipas). Se quejan de que Hacienda les devuelve menos de lo que recauda en impuestos dentro de su territorio y amenazan con romper el pacto federal. Por favor, no son momentos para ser individualistas y pensar solamente en el territorio que se gobierna, sino tener una visión de estado y ver por el bien de la nación.

Y en efecto, así ha sido siempre aquí y en la mayoría de los países: el gobierno central está en la obligación de redistribuir recursos para paliar la desigualdad geográfica y promover el desarrollo de las zonas atrasadas. Gobiernos priistas o panistas (o para el caso demócratas y republicanos en Estados Unidos) han hecho lo mismo. La situación es revisable, por supuesto, pero poner el grito en el cielo justo ahora para meter a la 4T en problemas, aprovechando el miedo de los ciudadanos, es de un oportunismo rampante y una cobardía condenable. Por no hablar del egoísmo intrínseco que entraña el intento de ver exclusivamente por sí mismos, en momentos de tragedia.

Cuando se construye deliberadamente una atmósfera tóxica para asegurarse de que la opinión pública quede convencida de la incapacidad o la perversidad del gobierno, se pone en riesgo a todos los ciudadanos de un país. Esta clase de prácticas se convierten en un juego peligroso y dañino en momentos en que los esfuerzos del gobierno están encaminados a tratar de proteger a la sociedad frente a la terrible amenaza del coronavirus. La pandemia y la magnitud de la amenaza es global eso no debe olvidarse bajo ningún contexto. Muchas naciones, incluso de primer mundo, aún no logran solucionar esta grave crisis, tanto en lo económico como en la salud. Minar los esfuerzos que está realizando el gobierno en estos momentos, por consigna o perversión política, equivale a dinamitar el barco en el que todos los mexicanos están a bordo. Son momentos de unidad y trabajo colectivo no hacerlo de esta manera podría costarle al país más caro de lo que algunas mentes limitadas pudieran visualizar.

Acerca de misionpo 15991 Articles
Noticias nacionales e internacionales. Investigación y reflexión política.