La Crisis Económica del Capitalismo Salvaje y el Plan Marshall en América Latina

Artículo Invitado

*Expectativas y Realidades

Por Luis Miguel Martínez Anzures

En días de cambios sociales y políticos como los que se viven actualmente en el contexto de una pandemia mundial como la ocasionada por el COVID-19, todo el mundo habla del libro “La riqueza de las naciones” de Adam Smith cuando se trata de repensar el papel del capitalismo salvaje y sus implicaciones en este nuevo reordenamiento económico que la humanidad empieza a experimentar.

El autor escocés logro articular con sus ideas los pilares de la Economía Moderna que le dio paso al Capitalismo Moderno, por lo tanto, es siempre una consulta obligada en temas de economía mundial y distribución de los ingresos. Sin embargo, muy pocos hablan sobre el otro libro del mismo autor, “Teoría de los sentimientos morales”; que hace una crítica muy puntual a la conducta de la avaricia humana. Esta obra en particular es verdaderamente necesaria y atinada de volver a leer con especial atención, en estos momentos. Al abrir este libro, se puede apreciar que el prólogo, tuvo su origen cuando el feudalismo fue sustituido por este nuevo modelo económico. Mientras que la configuración Social, de la “Teoría de los sentimientos morales”; y “la armonía del mercado” de las riquezas de las naciones, son en sí, una dicotomía que se concatena con la sociedad; esto sin olvidar la famosa “mano invisible que mueve ese mercado”.

El 20 de enero del año 2009, Barack Obama fue juramentado presidente número 44 de Estados Unidos. Obama recibía un país en bancarrota, epicentro de una gran recesión mundial; he aquí un pequeño fragmento de su gran discurso: “Pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede salirse de control; y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos”.

Más que un discurso, fue una gran reflexión que lograba marcar el rumbo de la gran crisis que se avecinaba; el mercado había quedado a las anchas de los hombres que no tienen sentimientos morales, ni empatía por la humanidad; el mundo entero fue estremecido por el flagelo de la avaricia humana; y la economía mundial cayó de rodillas ante una dura recesión que no pensaba ceder fácilmente. Una deshumanización completa y profunda, -evidentemente vergonzosa-si se piensa en el nivel de desarrollo tecnológico y cognitivo que en contra posición, la humanidad ha llegado a obtener en este nuevo siglo.

La obsesión del oro negro llevó a George W. Bush a invadir y atacar medio oriente, la zona donde se encuentran las mayores reservas de petróleo; el mundo jamás olvida la pusilánime justificación que argumentaron durante la invasión a Irak; aseguraban que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva; la ONU, de forma deliberada avaló la operación. Sin embargo, en el 2010, Julian Assange, fundador de Wiki Leaks, reveló la verdad de lo sucedido y dejo al desnudo la colosal mentira tarifada que los medios de comunicación le habían contado y hecho creer al mundo; en los archivos que se filtraron, registraba la muerte de más de 100 mil personas, de los cuales el 70% eran civiles. Jamás podrán olvidarse las palabras de Assange: “La primera víctima de la guerra es la verdad”.

Ese 22 de octubre de 2010, se caía ante el mundo la muralla de la mentira oficial de los estadounidenses y sus más avariciosos empresarios.

Pero, la situación es mucho más alarmante de lo que parece. En los últimos doscientos años, la humanidad ha consumido la energía fósil concentrada en el planeta desde sus orígenes. La danza del capitalismo salvaje va dejando por su paso: la destrucción acelerada de los recursos naturales del planeta; la explotación inhumana del hombre por el hombre; y la manipulación de la mente humana para que éste último, de forma sistemática se convirtiera en un rehén de las sociedades de consumo, que sin darse cuenta se convierta en el arma de su propia autodestrucción. El ser humano se ha convertido en presa de su propia ambición.

Pese a ello, siempre hay un proceso de regeneración en cualquier sistema. La nueva pandemia ha quitado el velo ilusionista y el maquillaje societal de la Civilización occidental; a la Italia de Rómulo y Remo, de los Cesares, de Marco Polo, y de grandes figuras históricas; sí, esa misma Italia que tuvo que desconectar la respiración artificial de sus ancianos para luego verlos morir; y que no pudo responder de la misma forma como cuando organizaron el mundial de Italia 90; porque su sistema de salud expiró en los brazos del capital privado, haciendo de la salud una mercancía; a esa Italia el peso de sus decisiones individualistas la historia le ha cobrado una factura muy alta. Lo mismo está sucediendo con España, un país que presume de una monarquía que se ha convertido en un adorno costoso para un país que no tiene camas para atender a sus pacientes.

¡Vaya paradoja!

La realidad ha quitado el efecto de la anestesia del capitalismo salvaje; y ha tirado sus cartas sobre la mesa. Ha llegado la hora de replantear y de humanizar este modelo económico y llevar a cabo el siguiente planteamiento: O muere el Capitalismo Salvaje, o muere la Civilización Humana. Ambos no pueden coexistir sin poner en riesgo la existencia del otro. Si se piensa que esta afirmación es fuerte y fuera de toda proporción, sería conveniente voltear a ver las noticias internacionales antes de contestar de primera mano con tal afirmación.

El gran Albert Einstein decía: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes”. Cuánta razón tenía. La humanidad no puede seguir viviendo en un planeta donde más del 80% de la riqueza, está concentrada en un 1% de la población. Este modelo de producción ha caducado y sus consecuencias a nivel global ya pueden sentirse. Existe un indefendible y despiadado statu quo que concentra la riqueza de los recursos naturales y medios de producción en pocas manos, capaces de derramar sangre inocente por mantener intacto ese régimen de privilegios.

Se vive en una nueva etapa de la humanidad en donde los Derechos Humanos Universales que se han convertido en mercancías, que se encuentran sólo al alcance de una minoría rapaz, voraz e insaciable, no encuentran contra pesos reales de parte de los gobiernos alrededor del mundo para frenar tales procesos. Todo esto ocurre mientras las grandes mayorías invisibles en grandes porciones del planeta sólo son visibles en los procesos electorales.

Ahora la OCDE, piensa en una nueva versión del afamado plan Marshall. Una nueva estrategia de resucitación masiva de los capitales en Latinoamérica y los países emergentes en el mundo. Es obvio que Europa sabe lo que quiere y lo que tiene. También sabe que cuenta con E.U.A. como un aliado estratégico para defender sus intereses. Por otro lado, los norteamericanos tienen organismos como la NASA y otros laboratorios por lo menos dos más en Albuquerque con iguales características. Ellos saben qué hacer con el dinero y como multiplicarlo cuando escasea. La historia hasta el momento es un fiel testigo de este hecho.

Por otro lado, México en su secretaría de la defensa no tiene los sueldos que los militares norteamericanos tienen en Japón, ni tampoco organismos de ese nivel (como los ya referidos) enfocados a propósitos de largo alcance. En territorio nacional esos recursos económicos se los llevan unos cuántos de manera descarada y adicionalmente los empresarios en este país no permiten la conformación de una plantilla laboral calificada, mientras que, en el gobierno, no existe una base burocrática lo suficientemente bien preparada para competir con sus pares en otros países en desarrollo en igualdad de conocimientos. Estos componentes son factores de retroceso en un ambiente de competencia estratégica como la que se vive ahora.

Además, los empresarios nacionales quieren decirle que hacer al gobierno y como lo debe hacer, una característica de los capitalistas más exacerbados, mientras que el gobierno actual hace negocios con algunos de ellos. Por lo tanto, en parte, quizás tenga razón la 4 T al impedir la propagación sistemática de todas las inversiones en el país, sin antes ser analizadas con detenimiento. Lo que no es lo mismo que se pretenda decir que este gobierno está cerrado al capitalismo. Son cosas diametralmente opuestas y distantes.

Al parecer la nueva administración federal no tiene el suficiente personal calificado, en ningún rubro, esta situación al final de cuentas, le está pasando un costo muy alto. Los cuadros de profesionalización gubernamental no existían y no es lo mismo ser gobierno que oposición.

Para llevar a cabo un plan de emergencia económico como el país requiere, primero hay que tener en claro, dos cosas: una visión de Estado a largo plazo con indicadores de medición para cada una de las líneas estratégicas de acción y segundo, personal calificado para llevarlo a cabo. Lo segundo puede obtenerse y formarse, aunque no se tenga de manera inmediata. Lo primero no es algo que pueda hacerse a través de muchas manos, porque el conocimiento es un bien escaso y ampliamente valioso, que en circunstancias como las que se viven en estos días no puede tomarse a la ligera o despreciarse de manera sistemática.

Una pandemia es una situación extraordinaria. Los momentos extraordinarios demandan soluciones en cuya elaboración, el conocimiento haga mención de su valor agregado.

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