Cuando la Perra es Tabasqueña…

Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

Durante sus giras por los estados, los gobernadores que acompañan, por cortesía y no por obligación legal, reciben largos abucheos, acusaciones de rateros, fuera y el “himno” amlista: “es un honor estar con Obrador” resuena como campanillas celestiales en los oídos del Presidente que, generalmente, deja que la gente se desahogue y después apapacha al mandatario como para decir ya párenle.

Allá en Macuspana, en donde nació e inició sus gestiones para dinamitar pozos petroleros y ordenar, porque eso fue: una orden declararse en huelga de pagos y no cubrir el consumo de energía eléctrica que, según cuentas de la Comisión Federal de Electricidad rebasan los 11 mil millones de pesos, el hijo predilecto, el triunfador político, el líder social, fue abucheado y escuchó por primera ocasión desde que habita en Palacio Nacional el grito de fuera.

Andrés Manuel López Obrador perdió la compostura y la seguridad de ser escuchado se esfumó.

Abrió los brazos cual si fuera a ser crucificado y clamo: tampoco me van a dejar hablar… también me van a callar…

No salía de su asombro.

Que a los gobernadores del PRI y del PAN les griten las lindezas que acostumbran los ejércitos morenos está bien.

Pero que al Jefe Máximo, al redentor, al que sacará de la pobreza a millones de mexicanos abandonados por el neoliberalismo y los adversarios fifís, le griten fuera… fuera… eso sí que no está permitido en la cuarta transformación.

¡NO SEÑORES, ESO NO SE VALE!

Las imágenes transmitidas por diversos espacios noticiosos y las crónicas radiofónicas dan cuenta de la realidad.

Extrañamente la nota fue minimizada en los medios impresos. Ni sus adversarios reconocidos y señalados públicamente osaron publicar la información en sus primeras planas.

El hecho ocurrió.

Y el victorioso hijo de Macuspana, acostumbrado a hablar cerca de una hora en promedio en sus giras y eventos, fue obligado a solamente estar frente al micrófono 23 minutos.

Los brazos cruzados, el rostro registrando las gesticulaciones de una persona irritada, la voz apagada por los gritos y la amenaza de “ya no hablaré más” resumió el malestar presidencial.

Las versiones que se hicieron correr como reguero de pólvora para salvaguardar la buena imagen presidencial coincidieron: los abucheos, gritos y reclamos no fueron para el presidente de la República sino para el alcalde Roberto Villalpando Arias, militante, por supuesto, de ¡MORENA!

A López Obrador lo agredían en sus mítines de campaña los que hoy son oposición y que en el pasado gobernaban. Lo mismo priístas que panistas y uno que otro perredista se animaba a cuestionarlo. Nunca recibió, sin embargo, una andanada de gritos, reclamos y manotazos –a distancia, por supuesto- como en su natal tierra, en donde se asiente la dorada Macuspana.

Queda demostrada que cuando la perra es tabasqueña hasta a los de casa muerde. Diría el de enfrente: una sopa del mismo chocolate.

E-mail: jesusmichel11@hotmail.com, Twitter: @jesusmichelMx, Facebook: Jesus Michel y en Misión, Periodismo sin Regaños martes y jueves de 16 a 17 horas por ABC-Radio en el 760 de AM.

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