Buddy Film Canino

La Tiendita de los Horrores

Por Emilio Hill

Cuando Clark Gable ( 1 febrero 1901- 16 noviembre 1960) protagonizó La Llamada de la Selva (William A. Wellman, 1935) no tenía más de 35 años. El filme fue producido por el movie mogul Darryl F. Zanuck, Por cierto, su protagonista aun no alcanzaba la cúspide del estrellato, ya que todavía no se filmaba Lo que el Viento se Llevó ( Victor Fleming, 1939).

La novela de Jack London, sirvió como un elemento sólido, pero no definitivo, para que Gable se convirtiese pocos años después en una leyenda de Hollywood. Versión sobria y discreta, hoy es recordada de forma moderada.

Curioso caso entonces, que la más reciente versión de la famosa obra literaria sea dirigida por el efectivo artesano Chris Sanders y protagonizada por una ya consolidada leyenda del cine: Harrison Ford.

John Thorton (Ford), un buscador de fortuna crepuscular y melancólico, se encuentra en su camino con el canino moderadamente dulce pero jamás ajeno a su naturaleza Buck (recreado con CGI, con lo cual no se puede evitar que el cuadrúpedo de marras de sus scoobydazos). Estamos a finales del siglo XIX y la fiebre del oro a todo lo que da.

En realidad, esta anécdota es el clímax del filme, ya que la esencia principal radica en la búsqueda y posterior adaptación de la naturaleza animal de Buck. Es el buen salvaje pues, abandona su origen para adaptarse a los tiempos de la industrialización.

Edgar Rice Burroughs con Tarzán y el mismo Kipling en el Libro de las Tierras Vírgenes, de algún modo tocan el tema. La Llamada de lo Salvaje, en su más reciente versión, sobre todo destaca por rescatar esa reflexión, fundamental en la obra de London.

Es verdad que por momentos sigue la brecha del cine chantajista y conmovedor al estilo de La Razón de Estar Contigo (Lasse Hallstrom, 2017), pero tampoco hay que ponerse exquisito, ya que la versión de Gable, no se escapa de la amorosa moda canina de Lassies y Rintintines que poblaban el cine en los treinta y cuarenta.

En todo caso, de manera sutil, hay , subsiste,  la profunda y literaria reflexión de London, que le da sustento y razón de ser a la obra actual. Una mezcla de sentido melancólico y festivo con el plus de contar con el cowboy crepuscular Harrison Ford.

El resultado en general es efectivo. Una obra que no se deja seducir por el tono narrativo del blockbuster actual y que, para un público sensible, resulta conmovedor y atractivo.

 

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