La Economía de los de Abajo un año Después del Cambio de Administración

Artículo Invitado

*La Colectividad Puede Enriquecer al País

Por Luis Miguel Martínez Anzures

En el transcurso de esta administración, muchos especialistas han hablado de dos aspectos que se le han criticado al Presidente de la república y al plan de gobierno que ha presentado. Uno de esos aspectos es la forma en cómo se pretende guiar la economía del país; el otro es el incremento de la violencia en todo el territorio nacional. En esta oportunidad se ahondará en hablar sobre el rumbo que ha tenido la economía en lo que va del sexenio.

A un año de gobierno se han presentado algunos indicadores que muestran que la economía de los más pobres empieza a mejorar como resultado del aumento en el salario mínimo y los programas sociales presentados por el ejecutivo federal. El incremento del 16% en el salario mínimo, a pesar de modesto, ha permitido poner fin a 36 años de pronunciado deterioro salarial y ha tenido efectos en el conjunto de los salarios de los trabajadores mexicanos. Por supuesto que, esto no significa que las condiciones de trabajo de dicho segmento poblacional ya estén resueltas, pero es un buen comienzo para alcanzar mejores horizontes. Según un estudio de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami), en tan solo 6 meses el incremento en el salario de los trabajadores, tuvo un impacto del 6.7% en el salario promedio.

Mientras, los efectos del incremento al mínimo, según sea la institución, han sido mayores entre los más pobres. Por ejemplo, si se clasifica a los trabajadores del IMSS en deciles, de acuerdo a su salario, se puede apreciar que quienes normalmente ganan menos, son los que resultaron con los mayores aumentos. El primer decil, por ejemplo, incrementó sus ingresos en un 10%.

Pero donde realmente se puede observar el impacto que podría tener una política que consistentemente se plantee -de incrementar el salario mínimo- como parece buscar esta administración- es cuando se observa lo que ha ocurrido en la frontera norte, donde el aumento ha sido del 100% (pasó de 88.36 a 176.72). Ello, por supuesto, con el objetivo de tratar de equiparar las desigualdades económicas y asimétricas entre Estados Unidos y México. Pero una acertada medida al fin de cuentas.

El aumento en esa franja, según la Conasami, permitió incrementar en más del 70% los ingresos del decil con menos ingresos, casi del 50% del segundo decil y más del 20% del tercer decil. Eso ilustra los beneficios que podría tener una política igualmente ambiciosa a nivel nacional si se continúa implementando, de manera sistemática y sostenida en los siguientes años. Una tarea en la que, sin duda alguna, deberán ponerse de acuerdo empresarios, trabajadores y gobierno.

A su vez, algo interesante que se ha podido comprobar, es que ni la inflación ni el desempleo aumentaron como resultado de ese incremento salarial en esa zona fronteriza, lo que derrumba dos de los viejos mitos que justificaron una política regresiva en materia de salario mínimo que se había manifestado en administraciones pasadas como principal impedimento para empoderar la capacidad adquisitiva de los que menos tienen en este país.

Tan solo a un año de gobierno ha sido suficiente para comprobar los efectos del incremento del salario mínimo en la reducción de la pobreza. Aunque resta conocer la medición del Coneval el próximo año, los datos de Conasami, ya permiten conocer como la pobreza laboral (hogares donde no alcanza para adquirir la canasta alimentaria) bajo 1.74 puntos porcentuales, el equivalente a dos millones de personas.

El otro factor que está mejorando la economía popular son los programas sociales que hoy benefician-según datos oficiales-a más de 20 millones de familias. Durante 2019 se presupuestó para estos programas más recursos que en toda la historia del país, por lo que deben esperarse resultados sustanciales.

Pese a que dicho presupuesto está todavía por debajo de las enormes necesidades, y más allá de los subejercicios registrados en este primer año, se están orientando al conjunto de la economía una suma de recursos que permitirán incrementar la capacidad de consumo de los más pobres, beneficiando al conjunto de la sociedad. Este precepto más que ideológico, es una necesidad económica que México no puede darse el lujo de seguir ignorando, si es que lo que se quiere, es transformar la dinámica del comportamiento económico y de consumo a largo plazo en el país.

Evidentemente, las transferencias que llegan a esas familias no son destinadas al ahorro, como ocurre con los ingresos que recibe la clase media y alta. El grueso de esa suma, más bien, se vierte casi automáticamente al circuito de la economía generando mayor consumo y favoreciendo el mercado interno.

Así, aún que han disminuido las ventas en bienes de consumo duradero (como los carros), según la Asociación Nacional de Abarroteros, entre Enero y Septiembre, se registró un incremento de 7.9% en las ventas que registran las tiendas de abarrotes en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Se trata del inicio de una tendencia apenas perceptible, pero que habla de una tenue mejora en la capacidad de consumo familiar.

Difícilmente la política salarial y los programas sociales serán suficientes, si la economía permanece estancada, pero bien podrían ser estos indicadores la punta de lanza para ayudar a equilibrar la balanza económica de este país, si se brinda certeza jurídica y política a los inversionistas nacionales y extranjeros para encender otro motor que impulse el crecimiento económico mexicano.

 

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