Lo que no se Entiende, Porque no se Quiere ver

Artículo Invitado

*La Asignación del Presupuesto 2020 en Seguridad Social y Distribución del Ingreso

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Desde hace algunas semanas, en diferentes espacios de opinión, se ha tratado de hacer notar con especial énfasis, los negritos en el arroz sobre el estilo personal de gobernar del Presidente. Traspiés inoportunos, rijosidades innecesarias, desaciertos y otras desventuras de la 4T. Cosas normales en cualquier administración en un país democrático y en un gobierno que aprende a ser exactamente eso, gobierno, después de ser oposición. Sin embargo, tales contratiempos resultan incómodos, para todos los que piensan que  México necesita que las banderas y causas que esgrime Andrés Manuel López Obrador, fructifiquen y beneficien a los más necesitados y largamente olvidados de esta nación.

Pero frente a un hombre tan controvertido como el Ejecutivo federal, conviene siempre poner las cosas en proporción. Reflexionarlas con calma. Por ejemplo, es muy fácil descalificar al Presidente porque utilizo de mala forma, el plural en vez del singular, por su desparpajo al manejar un pasaje histórico o por sus embelesos folclóricos cuando habla del pueblo como concepto. Pero sería conveniente no perder de vista que algo mucho más interesante está pasando en las cosas que importan.

Se necesita de la terquedad que Obrador, le caracteriza para hacer pasar un presupuesto, que, por primera vez en la historia del México moderno, no aceitará las manos de los falsos líderes campesinos que durante décadas sangraron a los recursos públicos de este país.

Todo esto, a pesar de que las charlas de sobremesa de los comederos de las Lomas y Polanco, lo destazan vivo por su rusticidad y sus peculiaridades arriba referidas, pero son justamente esas peculiaridades las que permiten que actúe de una manera distinta a la de cualquier otro político profesional.

Lo que no se quiere ver es que el presidente López Obrador resistió, sin reprimir, el bloqueo de los extorsionadores de Antorcha Campesina y organizaciones similares a estas causas; cosa que ningún mandatario, Presidente o Gobernador, había conseguido en el pasado.

Donde otros habrían cedido a la presión de la opinión pública por el caos desatado, AMLO se mantuvo firme y le ahorró al país miles de millones de pesos. Gano la batalla contra algunas de las organizaciones más clientelares y significativas que existen en el país. Más importante aún, dio un paso decisivo para comenzar a desmantelar ese corporativismo parasitario, bastión de la corrupción y de la manipulación en el campo nacional. De nuevo, algo de lo cual siempre se quejaron empresarios y gobiernos de doctrina económica ortodoxa y no obstante, lo siguieron prohijando por complicidad y comodidad.

Otro ejemplo de esta capacidad de resistencia en su voluntad política, ha sido, el presupuesto aprobado para el próximo año, donde se contempla un subsidio de 126 mil millones de pesos para los adultos mayores; una cantidad que se dice rápido, pero es un gasto descomunal. Supera el presupuesto que ejercerá el gobierno de Jalisco y equivale al costo que tendrían decenas de carreteras y miles de obras públicas en el país. Una caja de dinero que, utilizada con cálculo político más convencional, habría permitido a López Orador, negociar con grupos de poder, doblegar voluntades y conjurar adversarios. Esta cantidad es doce veces lo que gastó Peña Nieto para tener a los medios de comunicación de su lado.

El apoyo a los ancianos representa el 75 por ciento por ciento de los subsidios que distribuirá la Secretaría del Bienestar. Una focalización de los recursos públicos claramente orientada hacia un segmento de la población con mayor vulnerabilidad económica y social en el país. Por su magnitud es el programa estrella de la 4T.

Para efectos de la lógica del poder, otro mandatario lo habría utilizado con más provecho quizás en adoctrinar a futuros votantes y no en ciudadanos cuyos derechos políticos van a la baja.

Con toda razón, Obrador entiende que los ancianos constituyen el segmento de población más desprotegido, porque además de las afecciones que resultan de la pobreza, se suman los obvios problemas de salud, abandono y falta de oportunidades. Es un tema de justicia social y de redistribución del ingreso con el segmento demográfico más desvalido.

Por tales razones, se dice que dichos subsidios esconden un interés político y persiguen la formación de una base electoral incondicional. Esto no puede descartarse, pero el sentido común pone a prueba esa acusación, ya que si ese fuera el propósito, el gobierno habría invertido el grueso de sus recursos en los jóvenes para asegurar así un voto cautivo durante muchos años, en lugar de destinarlo a la tercera edad que por razones obvias representa “una inversión política” dudosa al mediano y largo plazo. En suma, muchos de los que ahora reciben el recurso, incluso, no están ya en condiciones de emitir su voto.

En contraposición, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que sería más redituable políticamente hablando, recibirá una quinta parte en comparación con la cifra destinada a los ancianos. Por lo que puede inferirse, que es un tema de convicción e ideologización del ejecutivo y no de aprovechamiento político electoral.

Pero eso no significa que sea un despropósito económico. Se trata más bien, de una transferencia social significativa tras largas décadas en la que los grupos privilegiados de la sociedad, concentraron los beneficios económicos del gasto público. Pero no solo es tema ético o social. Representa una política económica destinada a reactivar el poder adquisitivo de los sectores populares y, por ende, del mercado interno. Los ancianos, los discapacitados o las jefas de familia de escasos recursos, no van a utilizar ese dinero al gasto suntuario, a la inversión especulativa, a la adquisición de una Ipad o a un fondo de ahorro en Nueva York, como si lo hacían muchos de los intermediarios que antes lo recibían. Estos segmentos poblacionales, lo gastarán de manera inmediata en la farmacia, en la tienda de la esquina, en el changarro del barrio. Por supuesto que habrá una movilidad de los recursos económicos a nivel de los deciles más bajos y eso le puede traer muchos beneficios al país en el corto plazo. Este sistema de transferencias puede convertirse en el mejor incentivo para promover una economía de producción interna más sana y dinámica.

Por último, es importante repensar en la posibilidad de que algo importante está pasando en el país: la construcción de cimientos que apuntan a un México diferente, no solo en la distribución del gasto público, sino en la edificación de un sistema de redistribución de los mismos con justicia social funcional y rápida, a través de transferencias bancarias, aun cuando la mediatización de la frivolidad en el discurso político en el entorno nacional, impida verlo.

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