“The Jocker”: Radiografía de la Sociedad Subterránea Negada a Mirarse

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Siempre que hay un debut tan esperado sobre un largometraje las expectativas sobre este último son inmensas y en ocasiones insuperables. En días recientes han aparecido críticas realizadas por personajes especializados en la cinematografía. Aseguran que The Joker, va a dañar a la sociedad en que se vive actualmente. Según esto, la película del director Todd Philips elogia la violencia. Es una invitación a efectuarla y justificarla. Nada menos cierto. Los argumentos de estas personas, son del mismo tipo de los biempensantes que aseguraron, en algún momento, que Trainspotting aumentaría la drogadicción en el mundo. Por supuesto esto no sucedió.

Pero regresando al tema principal, The Joker se limita a señalar el desencanto de todos aquellos individuos que en Occidente tienen pocas oportunidades de ser felices, a pesar de que muchos  líderes políticos  aseguran que la globalización ha tomado el camino correcto. Es un grito iconográfico de las minorías incomprendidas con un sistema que los ha relegado a la inexistencia.

El crítico de cine David Ehrlich, en IndieWire, un portal para directores independientes, la industria y los cinéfilos, expreso lo siguiente:

“Es una película sobre los efectos deshumanizantes del sistema capitalista que engrasa la escalera económica, borrando la línea entre la riqueza privada y el valor de la persona, hasta que la vida misma pierde su valor absoluto. En escala personal y política, El Guasón encuentra que las cosas en este mundo necesitan estar muy, muy mal, antes de que la gente se preocupe por cambiarlas. El trauma transforma”.

Efectivamente, el trauma transforma y ayuda a desmoronar y hacer evidente lo que rutinariamente se decide no voltear a ver, como los diferentes tipos de violencias en las que miles de personas sufren sus consecuencias a diario.

The Joker es una excelente película, sobre todo porque no fundamenta sus logros ni en efectos especiales, ni en coreografías aparatosas, mucho menos en prácticas superficiales o argumentos banales. Por el contrario, se funda más bien, en el guion de su director y en la actuación de Joaquin Phoenix, quién le da vida y protagonismo a un personaje que pudiera ser cualquier persona con deficiencias mentales en el mundo (entiéndase con este cuadro clínico). Ese es su más poderoso elemento artístico.

En efecto, El Guasón es un thriller oscuro y violento. Es Hollywood, pero también desnuda al mundo y a su humanidad en conjunción con sus valores y su cada vez más reiterada separación de su condición social. De acuerdo con su director, Todd Phillips, reforzado en sus parlamentos por el actor principal Joaquin Phoenix, El Guasón es apolítico, busca reflejar: “nuestro mundo…es el modelo a seguir: solitario, donde hombres blancos creativamente impotentes son arrastrados a ideologías odiosas por las comunidades indignadas que las fomentan alrededor de ellas”.

La película es una distopía que debe ser analizada con detenimiento. The Joker es un asesino de tres jóvenes impertinentes de Wall Street, de su madre, de un afamado animador de televisión, de policías, doctores y de todo aquello, que en el statu quo de la sociedad de Ciudad Gótica enfatiza la enorme brecha de la desigualdad social, con autoridades débiles y principios de anarquía que escalan hacia la violencia colectiva y enajenada, donde es visto como un mesías, un nuevo profeta que puede darle rumbo y sentido al caos.

Este filme habla sobre el antihéroe involuntario en un entorno que recuerda el movimiento Occupy Wall Street de hace casi 10 años, sin líderes, altamente líquido, pero poderoso en sus efectos y sus alcances, que consiguió rebelarse en las calles contra el poder de las  grandes corporaciones multinacionales y evidenciar la forma de acumulación de los más acaudalados, que almacenaban más aún, a través de los altos salarios a sus fiscalistas, contadores y abogados, en detrimento de quienes menos tienen.

The Joker es una crítica cinematográfica de tintes políticos y sociales de manera inteligente, enfocada hacia un sistema económico voraz en sus alcances y deshumanizante en sus propósitos.

A nivel simbólico es “Como la máscara de Guy Fawkes en V de Vendetta,” escribió otro afamado crítico de cine, Phil de Semlyen en la edición inglesa de Time Out, “el maquillaje de payaso de Arthur es adoptado como la cara de la protesta, y mientras se gradúa en la persona de El Guasón, se convierte en la figura simbólica de la multitud indignada”.

Por supuesto que en este contexto, la película es una declaración política, véase por donde se le quiera ver, un manifiesto a favor de las víctimas de la opresión y el empobrecimiento de los años 80’s, la cuál es la época en la que se desarrolla la vida disfuncional de Ciudad Gótica; cuyo contexto en la vida real, fue el neoliberalismo que arrancó a finales de los  años 70’s en el Reino Unido y Estados Unidos, cuando miles de trabajadores fueron arrojados a las calles producto de despidos masivos.  En esta etapa industrias completas desaparecieron y comenzó a cambiar la cara del mundo hacia las décadas futuras.

Pero ese mundo produjo sociedades indeseadas. Lo dice The Joker a Murray Franklin, interpretado por Robert de Niro -un afamado presentador de televisión-, en el colofón de la película, donde al aire en su show nocturno revela sus crímenes y justifica, sin emitir argumentos convincentes, el abandono al que fue sometido por la sociedad.

Esa revelación abre la presión social en Ciudad Gótica, que se colapsa y le da entrada a la anarquía. Es en ese momento que, se lleva a cabo, el clima del mensaje político y la crítica social que este filme tiene para ofrecer a su auditorio.

En toda esta vorágine la multitud iracunda no es capaz de distinguir más allá de una simple condición social o de clase, lo que hace más convulso y peligroso el caos.

El discurso de The Joker agrede con violencia y es impulsivo e iracundo en su esencia. Es a través del resentimiento, identificando a quienes son los buenos para enfrentarlos con quienes son los malos, la lucha de los villanos con las víctimas, el balance intercambiable y confuso entre el orden y el caos que intenta ganar adeptos. Una narrativa muy simple pero pegajosa y atractiva para cualquier persona que se sienta relegada por el sistema.

Al respecto, Phil de Semlyen la relacionó con “una visión de pesadilla de la última era del capitalismo”. Las frases irresponsables entran como llamado a la acción entre quienes menos tienen o aquellos que buscan revanchas contra quienes lo tienen todo. Nada es absoluto; todo es relativo. En el mundo propuesto por la cinta, cuesta trabajo entenderlo y caminar hacia procesos de sanación social, de reconciliación entre las personas, sin olvidar a quienes hicieron cosas indebidas y que deben de pagar por sus crímenes. Pero entrar a la oscuridad de Ciudad Gótica en espera de un guasón, sería elegir el suicidio, como individuos y como sociedad.

Ante tal contexto, la crítica de  Zacharek es punzante en su análisis y acertada en sus objetivos:

“Phillips (el director) puede querer que pensemos que nos trae una película sobre el vacío de nuestra cultura. Pero en realidad solo está ofreciendo un excelente ejemplo de ello.

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