Posverdad, Hackeo y Manipulación: ¿Hacia Dónde va la Información?

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Ni el término posverdad ni el de hackear, requieren letras cursivas debido a que, ambas palabras, han sido incorporadas al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. La definición de Posverdad se refiere de la siguiente manera: “Distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

Mientras, la de hackear, es adecuada, pero necesita una adenda: “Acceder sin autorización a computadoras, redes o sistemas informáticos, o sus datos”. Adenda-citando al historiador y escritor israelí, Yuval Noah Harari, los cerebros también se hackean. Y en la actualidad esta reprogramación mental, parece ser una ineludible tentación para cualquier gobierno en el mundo.

Aunque posverdad y hackear no están constituidos por la misma materia, no deben sumarse peras con manzanas -aconseja la sabiduría popular-, todo esto, debido a que, ambas forman espacios críticos de la “nueva cotidianeidad”. Sus interacciones modificarán al ser humano, aunque no siempre sea en un sentido positivo.

Las noticias falsas son una especie de cáncer: primero distorsionan la verdad y después inventan mentiras para tratar de consolidar esa historia distorsionada. Cuando impera el desconocimiento, las falacias repetidas se convierten en verdad. Por lo tanto, las posverdades son tierra fértil: se multiplican y reproducen a gran velocidad. La desinformación puede más que la información.

La posverdad es poderosa: lo intangible se vuelve realidad y lo tangible y real se modifica y después se cuestiona (no siempre de manera justa). Quién miente en forma patológica, como por ejemplo Donald Trump, sabe que su público lo quiere: aunque espete sandeces, no será cuestionado. Toda esta lógica es simple: hablar a sus bases políticas, por encima de la verdad objetiva. Según The Washington Post, Donald había mentido cerca de 11 mil veces desde el inicio de su presidencia hasta junio de 2019. Aunque esta información, cabe destacar, no fue profundizada con la suficiente claridad por el medio de comunicación, para dar a conocer, toda la metodología en la cual baso sus estudios y llego a dichas conclusiones.

Teniendo en cuenta dichas limitantes, quizás alguno de sus asesores le conto la experiencia de Hitler y el éxito que consiguió al difundir los protocolos de los sabios de Sion donde se explicaban los pormenores de la conspiración comunista-judeo-masónica para adueñarse del mundo. Aunque el Führer sabía que eran falsos, exploto la idea y ganó adeptos.

Esta experiencia nos demuestra el poderío de la posverdad (la mentira construida a partir de una narrativa discursiva que repetida cien veces o más se vuelve una verdad incuestionable) y sus alcances en la construcción mental de significados en la mente de las personas.

Por otra parte, hackear es un oficio moderno, poderoso y quizás imbatible. El duelo entre hackeadores y antihackeadores o buscadores de la verdad imparcial -en su significado- es crudo y pareciera, carente de toda tregua.

Con frecuencia triunfan los primeros. En el futuro sus logros se multiplicarán en la medida que lo permitan las personas. Existe una relación directamente proporcional entre el tiempo dedicado a Internet, Facebook, y sucedáneos y la apropiación-expropiación en el futuro de la persona: sus gustos, inquietudes, dudas, inclinaciones, amistades y consumo, todos estos elementos, pasarán a ser parte de los hackeadores.

Esa expropiación, de acuerdo a Harari, ha cosechado éxitos, sobre todo, por las amenazas sobre el libre albredío. “Por ahora los piratas se limitan a analizar señales externas: los productos que compramos, los lugares que visitamos, las palabras que buscamos en internet. De aquí a unos años, los sensores biométricos podrán proporcionar acceso directo a nuestra realidad y saber que sucede en nuestro corazón … Y en nuestra actividad cerebral”.

Para el historiador Israelí, hackear el cerebro puede representar el final de la democracia liberal para la población, a través de la desaparición del libre albedrío debido al poder de los hackeadores, considerando que este último elemento, será el basamento de un nuevo ser humano, incapaz de decidir, y tierra fértil para quienes ostentan el poder.

De esta manera, este fenómeno podría representar el regreso de una nueva forma de autoritarismo por parte del Estado hacia el grueso de las comunidades virtuales alrededor del mundo.

Ejemplos de esta amenaza ya empiezan a gestarse alrededor del globo terráqueo; las protestas en Hong Kong por parte de un numeroso grupo de ciudadanos en aquel país, son una muestra del poder de la organización social y política que las redes sociales pueden generar y de la incapacidad que según versiones del gobierno chino, han tenido para enfrentar y defender la soberanía nacional de ataques cibernéticos con narrativas maniqueas, generadas en otros países para tratar de desestabilizar el orden social de aquella nación.

La respuesta ante tales ataques, han sido un sinfín de discursos y proclamas de parte de las autoridades orientales para conminar a Estados Unidos a “sacar las manos de su población.”

La posverdad escala, no conoce límites: mezcla realidades y embustes con eficacia e inteligencia que en ocasiones es imposible saber, dónde empieza la verdad y donde la mentira, cuál prevalece y por cual decantarse. En este contexto, los hackeadores conocen bien su oficio: al conformar una “nueva voluntad” y eliminar el libre albedrío y cuestionamiento sobre los factores que circundan los hechos, para propiciar de esta manera, que las personas se conviertan en una masa amorfa, sin posibilidad de decidir, dócil y manipulable.

En 1998, The New Yorker, explicaba que algunos filósofos estadounidenses habían abierto consultorios para ofrecer terapias de apoyo psicológico y moral y así sustituir a los antidepresivos y a la psicoterapia. El dibujo que acompañaba el texto era inmejorable: en un frasco viejo de “farmacia”, una etiqueta con un signo utilizado por médicos, dejaba entrever las pastas de algunos libros: Kant, Platón, Schopenhauer, Ortega y Gasset… Inmensa falta le hace a la especie humana, regresar a esas fuentes y enseñanzas donde ética y valores afines, se conviertan en antídotos contra las epidemias posverdad y hackeo.

La verdad y el libre albedrío se encuentran amenazadas por estos dos conceptos, los cuáles pueden convertirse en una enfermedad imparable, si sus límites no se hacen públicos. Destapar el frasco y leer o releer los principios que forjaron como seres humanos a los individuos, es urgente ante la transformación imparable y acelerada de lo que hoy se conoce como verdad.

 

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