¿Qué es lo que Está Destruyendo al Amazonas?

Artículo Invitado

*Ultimas Llamadas Para Salvar al Planeta de los Seres Humanos

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Las controversias recientes posicionadas en la opinión pública ocasionadas por los incendios devastadores en la selva amazónica de Brasil, han intentado distraer la atención del principal factor de su destrucción: el consumo de carne.

Me permito explicar.

Ya hace varios años que el filósofo utilitarista australiano Peter Singer, lo advirtió: “estamos, literalmente, jugando con el futuro de nuestro planeta por el bien de las hamburguesas”. Desde entonces, un problema tan relevante y que requiere de soluciones inmediatas se ha diluido entre las prioridades de los mandatarios del planeta. De hecho, el tema parecería ser sencillo de resolver, debido a que es de alimento de lo que se está hablando, pero no lo es. Tratar de imponer orden en un mercado tan demandante y boyante como lo es la industria alimenticia en todo el mundo, es a final de cuentas, una necesidad primordial para la sobrevivencia de la especie humana, por lo tanto, nunca será fácil de regular.

Si bien la estación seca y la sequía favorecen los incendios, la causa principal de los mismos es la deforestación. En este sentido, varias fuentes señalan a los ganaderos como los principales responsables de causarlos para obtener tierras donde criar ganado y sembrar el alimento para estos animales. Se sabe que los ganaderos colaboran con los madereros en el acaparamiento de tierras y que los incendios, son la última etapa para transformar el bosque en pastizales. Una práctica común entre los productores de tierras para animales de consumo, pero fatal para la conservación de la naturaleza y el equilibrio ambiental.

De acuerdo con la agencia federal, responsable de monitorear la deforestación en Brasil, el Instituto Nacional para la Investigación Espacial (INPE), los incendios han aumentado y se han multiplicado en un 83% con respecto al mismo período de 2018 y además, coinciden con el inicio del mandato de Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil, cuyos vínculos con los terratenientes ganaderos son bien conocidos y quien, además, prometió, al asumir el cargo, el desarrollo del Amazonas para la agricultura y la minería. Por supuesto que la credibilidad de dichos datos, fue puesta en duda por el ejecutivo brasileño, pero en política como en la vida misma, no hay coincidencias.

Para tratar de acallar las críticas y el marcado repudio social hacia los dichos del presidente brasileño, Bolsonaro desmintió los datos presentados por el INPE y despidió a su director luego de acusarlo de fomentar una imagen “pésima” de Brasil al utilizar datos “falsos”.

Sin embargo, el INPE (el organismo federal de aquel país encargado de monitorear la política ambiental), no dio paso atrás y negó categóricamente que el incremento de los incendios se deba a la estación seca u otros fenómenos naturales.

El gerente del Programa Amazónico de la WWF Brasil, Ricardo Mello, declaró que el aumento y multiplicación de los incendios en la región amazónica está directamente relacionado con la acción humana y señaló el uso del fuego como razón principal del proceso de deforestación y que la quema es el proceso final de convertir el área forestal en área para cultivar comida para el ganado. Por su parte, Ane Alencar, directora científica del Instituto de Pesquisa Ambiental de la Amazonía (IPAM), comparte la misma opinión de Mello ya que no ha tenido lugar un evento climático extremo que justifique esta situación.

Ante los argumentos compartidos por ambos científicos, queda claro que el cambio climático, no es el culpable de tan lamentable deforestación en la región del Amazonas, como si lo es, la iracunda e incontrolable ambición de la especie humana, quién está detrás de este abominable ecocidio.

Finalmente, en uno de los más recientes informes del INPE, se asegura que el 2019, será uno de los peores años para la deforestación en la memoria reciente.

“Esto se debe en gran medida a que el actual gobierno federal de Brasil está desmantelando la legislación de protección ambiental, cerrando o recortando los presupuestos de las agencias ambientales y dando un pase libre a las actividades ilegales, incluyendo la deforestación para la ganadería”,

De esta forma, Brasil se ha convertido en el mejor ejemplo de una nación cuyas políticas públicas están encaminadas a favorecer el capitalismo más exacerbado y voraz que pueda existir en la región de Latinoamérica. Sin embargo, la preocupación de su crecimiento en la región del Amazonas, no se da por el crecimiento desbordado de este modelo económico en Brasil, sino por las catastróficas consecuencias que plantea para cristalizar sus objetivos de crecimiento rápido y sostenido en aquella nación.

Entender este fenómeno implica ser más responsables en relación a la preservación de las pocas reservas ecológicas que quedan en el mundo, como lo es, la Selva del Amazonas.

Aunado a todo lo expuesto hasta ahora, es de llamar la atención que mientras algunos países no han hecho prácticamente nada para detener este repugnante ecocidio, Finlandia está pidiendo a la Unión Europea que considere la prohibición de la carne de vacuno brasileña.

De igual forma, Emmanuel Macron, presidente de Francia ha convocado una reunión del G7 para discutir la crisis amazónica. Sumado a que en el informe “Perspectivas del Medio Ambiente Mundial” creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), también alertó sobre las “graves amenazas” que enfrenta la salud humana de no tomarse medidas urgentes que protejan al planeta, debido a que el 77 por ciento de las zonas agrícolas, es destinado a la producción de alimentos para animales para la producción de carne.

Como se ha podido observar hasta ahora, el problema que hay detrás de la depredación insaciable a la cual está expuesta la Selva del Amazonas y muchas áreas de conservación natural en el mundo, es la creciente demanda de tierras para el cultivo de alimentos que, a su vez, se utilizan para criar animales y producir carne, lo que, por supuesto, está llevando a la pérdida de la selva Amazónica y cuyas consecuencias serán devastadoras de concretarse esta tarea.

No hay que olvidar que la región Amazónica (por si sola), genera alrededor de una quinta parte del oxígeno que se produce en todo el mundo, todo esto, debido a la fotosíntesis de plantas y algas que existen en esta región. Además, es el hogar de muchos pueblos indígenas y de una inmensa cantidad de especies animales.

Entre 2004 y 2013 un área de un bosque equivalente a tres campos de fútbol despareció cada minuto en el Amazonas y este año los expertos prevén que la deforestación aumente en un 45 por ciento. Lo que es un nivel de destrucción natural sin precedentes. Los, humanos, animales y plantas, viven un grave peligro.

La pregunta ante tal situación es clara, ¿A pesar de disponer de una inmensa variedad de alternativas vegetales para alimentar a la especie humana y animal, el apetito por la carne   sigue prevaleciendo, los gobiernos de todo el mundo dejarán que este impulso destruya todo lo que hasta ahora existe en el planeta?

Por el bien del futuro del planeta, esperemos que la respuesta sea negativa.

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