Denigrar y Avergonzar es la Política de hoy

A la Vuelta de la Esquina

*La Humillación, una Táctica en Marcha

*Política de Baja Calaña Para Imponerse

*La Soberbia es el Peor de los Defectos

Por Iván Ruiz Flores

Humillar es la palabra (y obra) que hoy se lleva a cabo contra quien fuere. Degradar, denigrar, avergonzar es lo de estos tiempos desde la máxima tribuna del país.

Durante décadas, en lo general, las discrepancias desde las altas esferas se trataban de una manera distinta de parte de los políticos de altos vuelos y era en los medios de comunicación donde los no políticos a lo mejor denostaban en cierta manera.

Esa táctica, la de humillar, la tiene muy practicada y aplicada Donald Trump de quien, todo indica, nuestro mandatario ha sido un alumno aplicado, pero en contra de otros mexicanos.

También se aplica desde la máxima posición en México en contra del Ejército y la Marina, los ex presidentes, los empresarios, los medios de comunicación y todo aquel que caiga de la gracia del que está en la silla.

En “Efecto Cocuyo”, advierten:

“No sólo es la intolerancia el contravalor que fuertemente contraviene el sentido de discursos que hablan de paz, amor y democracia. También es la humillación en tanto que, como recurso político, se presta para provocar diatribas que devienen en la forma de herir a un hombre en su dignidad o de acuciar la disminución ante sí mismo. Condiciones éstas de las cuales se vale el ejercicio político para ganar espacios de poder que, por otra vía, resulta más embarazoso en términos del costo político implicado.

“La política cree equivocadamente que haciendo sufrir a quien se opone a sus pretensiones un destino innecesariamente cruel, es causa para ufanarse de alguna gloria alcanzada. Es el tipo de humillación de la que se sirve esa política de baja calaña para imponerse sobre la racionalidad y la inteligencia de quien se resiste a la impudicia de decisiones desaforadas y hasta deshonestas. Esa misma política de procaz condición, presume que, por el poder que violentadas realidades pueden propiciarle, debe rendírsele pleitesía mediante vergonzosas prácticas de adulancia”.

Son innumerables los planteamientos sobre el tema. Uno de ellos, por ejemplo, se ubica en “Reflexiones Sobre el Significado Social de la Humillación”, trabajo de Saulo Fernández Arregui, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de Madrid, quien considera:

“La capacidad del ser humano para cometer atrocidades contra otros seres humanos debería estar fuera de toda duda para cualquier observador de la conducta humana.

“La facilidad con la que personas completamente normales se ven imbuidas por una situación que desemboca en matanzas, violaciones o torturas organizadas ha quedado patente en muchos sucesos históricos muy bien documentados: el holocausto nazi o el genocidio ruandés son sólo dos de los muchos ejemplos que existen en la Historia reciente de la humanidad. Evidentemente, en situaciones normales dichas conductas no afloran con facilidad; es necesario que se den una serie de circunstancias que faciliten la aparición de la crueldad creativa, tal como denomina Zimbardo al hecho de poner nuestra inteligencia al servicio de una estrategia que produzca el daño intencionado a otras personas”.

Y va para la reflexión. En 2016, Pymes y Autónomos publicaron:

“La soberbia es el peor de los defectos en el ser humano. Pero si ésta va unida a una persona con alguna responsabilidad la mezcla puede ser explosiva.

“Ser el jefe de un proyecto o de una empresa no nos convierte ipso facto en el más inteligente, ni en el que aporta las ideas más brillantes. En ocasiones, un líder lo es por accidente, porque nadie quiere ese puesto o porque le han asignado esa responsabilidad sin poseer ninguna valía. Si gusta de humillar a sus subordinados o mejor dicho, compañeros de equipo: no es un líder.

“Si un líder humilla sencillamente está fallando como jefe. No es lo suyo, el barco se hundirá y se quedará solo”.

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