El Informe y la Popularidad Presidencial: Debilidades y Fortalezas de la 4T

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Las encuestas que se dieron a conocer en semanas previas al informe presidencial sobre los niveles de popularidad del ejecutivo federal, coinciden en que López Obrador cuenta con un nivel de apoyo entre 65 y 70 por ciento (todo esto, de acuerdo al estudio demoscópico del que se trate).

En este sentido, se podría decir que desde que inició su gobierno, la popularidad del mandatario pasó de ser muy alta a niveles solamente altos, y que en ese nivel se ha estabilizado desde hace ya varios meses. Algo que es normal en la mayor parte de las democracias a nivel mundial después de pasada la vorágine inicial de los cambios de administración. En este contexto, el Presidente rindió su Primer Informe a la nación así, con una aprobación alta y estable.

Pero a todo esto, ¿qué sostiene la aprobación del Presidente? ¿Qué factores sociales y culturales son los que acompañan este fenómeno? Antes de formular una respuesta, es importante recordar que la popularidad presidencial no necesariamente es un indicador de buen o mal gobierno; lo que expone es cuánto apoyo popular tiene un presidente en un momento determinado. Ese apoyo puede tener diversas explicaciones, y el desempeño de gobierno es tan sólo uno de ellos.

En el libro The Macro Polity, del profesor de la Universidad de Columbia, Robert Erikson y sus coautores, listan una serie de aspectos por los cuales consideran que la gente en la Unión Americana aprueba o no a un presidente. Una razón en este sentido es que, efectivamente, evalúan su trabajo, pero la evaluación no se limita a resultados tangibles. También se incluyen las percepciones de si el Presidente luce competente y en control de las cosas.

Si este aspecto tiene aplicación a México, podríamos decir que la mayoría de la gente aún no ve resultados concretos en diversas problemáticas que les interesa resolver, tales como: el manejo de la economía, la seguridad y la corrupción sacan notas negativas. Sin embargo, la mayoría percibe al Presidente como capaz, competente y en control de la situación. La mayoría de los encuestados valoran positivamente su liderazgo y su capacidad.

Un segundo aspecto de la popularidad presidencial es el grado de acuerdo o coincidencia con lo que propone López Obrador, qué rumbo y qué políticas debe seguir el país.

Ante la inseguridad, la mayoría de la gente cree que la Guardia Nacional es la apuesta correcta, así como la visión integral de atención a las causas que originaron este conflicto. Ante la corrupción, la honestidad del Presidente va por delante. Ante la economía, la idea de que hay que favorecer a todos y no a unos cuantos difícilmente encuentra oposición, aun cuando la orientación del gasto público no ha logrado establecer condiciones para el desarrollo del país, al parecer se tiene confianza en el futuro, sin poner énfasis en el presente. Pero aún falta que a través del gobierno, se estimule la inversión privada en infraestructura y proyectos estratégicos para el desarrollo de México, sin embargo los ciudadanos tienen confianza en que la situación económica mejorara.

Por otro lado, las cancelaciones a estancias infantiles y programas sociales han generado una mayoría de opiniones negativas, pero, curiosamente, éstas no se han traducido en desaprobación. Aun entre quienes se muestran inconformes con esas medidas, la aprobación al Presidente es mayoritaria. Un triunfo para el ejecutivo federal en este aspecto.

Un tercer y último tópico es un tema de identidad (y quizás la mayor de sus fortalezas). No todos, pero sí la mayoría de los mexicanos se identifica con él. En otras palabras, López Obrador ha sido muy efectivo en cultivar una imagen de sencillez, de integridad, de trabajo y, quizá lo más importante, que le importa a la gente, una identidad basada en una persona cercana al pueblo. Esa reputación es uno de sus activos más potentes como líder político y seguramente la defenderá al máximo. Por lo tanto, no debe permitirse perderlo ya que su credibilidad estaría en grave peligro si esto ocurre. En este contexto, el sentido de identificación de la gente con él, es invaluable, y esa es una de las mayores carencias que tiene hoy la oposición.

Si acaso se mueve en los siguientes meses, la aprobación podría ir recalibrando el peso de esos y otros posibles factores que se opongan a la 4T. Sin embargo, hoy por hoy, una conclusión de todo lo que se ha expuesto es que el acuerdo y la identidad, pesan más que la evaluación de la eficiencia de las políticas públicas instrumentadas por esta administración. La empatía está pesando más que los resultados. Veremos si eso cambia con el pasar de los meses.

Por lo pronto, la reciente encuesta de El Financiero demuestra que el apoyo al Presidente es alto en general, pero es más alto entre las mujeres en los segmentos de mayor edad y con menor escolaridad. Por denominación religiosa, al Presidente lo aprueba el 66 por ciento de los católicos, el 85 por ciento de los cristianos evangélicos y el 54 por ciento de quienes no profesan ninguna religión. Además, la aprobación supera el 70 por ciento entre quienes asisten a servicios religiosos con frecuencia, y cae a 60 por ciento entre quienes no van nunca a las iglesias o templos. Estos son los segmentos poblacionales más afines al Presidente.

Como se ha podido observar, la hora de la verdad empieza a llegar para la administración Obradorista y son muchos los desafíos en materia de economía y seguridad que giran en torno a las amenazas internas que la 4T, puede encontrar en su camino hacia la consolidación de su proyecto político.

El objetivo del primer informe de gobierno, es hacer un corte de caja para evaluar el rumbo y la fuerza inercial con la que se ha comenzado un sexenio, en este sentido, es pertinente siempre escuchar, analizar y procesar toda la información que llega desde la opinión pública, que sirva para enriquecer o corregir ciertos desperfectos en el Plan Nacional de Desarrollo, con el objetivo de mejorar la ruta hacia el futuro inmediato.

Los siguientes meses serán un momento para la definición del proyecto de gobierno de esta administración.

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