¿Qué hay Detrás de la Violencia en Contra de las Mujeres? La Marcha en Contra de los Feminicidios que Terminó en Violencia

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

El viernes 16 de agosto del presente año, en 18 ciudades del país, (incluida por supuesto, la Ciudad de México) mujeres de diversos colectivos, organizaciones y de manera individual protestaron para exigir justicia y alto a la impunidad y violencia contra las mujeres en el marco de la protesta #NoMeCuidanMeViolan.

Juan Manuel Jiménez.

En este contexto, la Red ciudadana #RompeElMiedo se activó para monitorear las agresiones en contra de periodistas y personas defensoras durante las manifestaciones. Pese a ello, en el transcurso de la movilización, en la Ciudad de México, sucedieron once agresiones: dos en contra de reporteras, cuatro contra reporteros, dos en contra de dos fotoreportero(as), dos contra dos camarógrafos y una contra un fotógrafo. Cuatro de ellas corresponden a lesiones físicas, y no se presentaron en el comunicado que la organización dio a conocer dado que las y los periodistas sujetos de agresión, solicitaron anonimato a la organización internacional Artículo 19.

Durante este evento Octavio Hoyos, fotógrafo de Grupo Milenio, fue víctima de un intento de robo de material de trabajo por parte de un sujeto desconocido. Este percance sucedió mientras el reportero se disponía a tomar algunas fotografías previas al inicio de la concentración de la manifestación, cuando por detrás un sujeto, que con base en testimonios, se presume no era integrante de ningún contingente, intentó sustraer la cámara fotográfica, como resultado, el lente de la cámara se rompió a la mitad. Todo sucedió alrededor de las 18:00 horas en las inmediaciones de la Glorieta de Insurgentes.

El fotógrafo Octavio declaró: “La bronca es que se manejó [el intento de robo] como si fuera parte de la marcha, y quiero dejar bien claro, que eso no es cierto. Era un chavo que vino antes de la concentración, intentó robar, no pudo y se fue corriendo”. 

Después, alrededor de las 18:45 horas, Juan Manuel Jiménez, reportero del canal televisivo de noticias Adn40, fue víctima de un agresión física por parte de un sujeto desconocido, quien al acercarse al reportero, lo atacó con un puñetazo en la cara, ocasionándole una fractura en la nariz. Todo ocurrió, mientras Jiménez se encontraba cubriendo las protestas del movimiento #NoMeCuidanMeViolan en la Glorieta de los insurgentes. Este individuo fue perseguido y reprimido por las mismas manifestantes quienes rechazaron tal agresión e inmediatamente se deslindaron de la presencia del individuo. Días más tarde, el agresor del reportero sería detenido por las autoridades de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México y procesado judicialmente por sus acciones.

Paralelo a estos hechos, la organización defensora de la libertad de expresión también tuvo conocimiento de agresiones contra la prensa, realizadas por algunas manifestantes. Por ejemplo, en las inmediaciones de la Glorieta de Insurgentes, Melissa Del Pozo, reportera de Grupo Milenio, se encontraba documentando la protesta con su celular, debido a que no se permitía el acceso a hombres reporteros, cuando una mujer que se manifestaba, tiro su celular, y mientras Melissa lo levantaba, recibió golpes, empujones y jaloneos. En este mismo tenor diversas asistentes a la marcha, realizaron diferentes pintas en monumentos de la nación y acabaron con diferentes tipos de infraestructura urbana en las inmediaciones del evento.

La organización del ejercicio periodístico, también documentó la agresión al reportero de la Agencia Getty Images, Cristopher Rogel, por parte de una manifestante quién golpeó y rompió el equipo de trabajo del periodista mientras documentaba la protesta que se realizaba frente a la estación de policía de la Ciudad de México localizada en la calle de Florencia. Previo a ello, la mujer había intentado impedir que grabara pero al no lograrlo, procedió a golpear su cámara con un palo. Asimismo en el Ángel de la Independencia, el camarógrafo de Foro TV, Uriel Muñoz Suárez, fue intimidado por una manifestante quien con un tubo metálico trató de golpearlo para impedir que el periodista realizara su labor.

Además, alrededor de las 19:00 horas, la fotoreportera de Excélsior, Sunny Quintero, fue víctima de bloqueo informativo cuando una de las integrantes de la manifestación echó aerosol sobre el lente de su cámara para evitar que continuara documentando dicha protesta a la altura de la Glorieta de Insurgentes, sobre las escalinatas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. En ese mismo lugar estaba David Rodríguez, reportero de Multimedios Televisión tratando de encontrarse con su compañero cuando dos personas le rociaron pintura en aerosol sobre los ojos.

¿Pero qué hay detrás de toda estas acciones de violencia iracunda de muchas de las manifestantes a la marcha del viernes 16 de Agosto?

Para empezar, se debe entender que las mujeres de México tienen heridas y miedo. Y además tienen la razón de sentirse así. En este país pobre, son las más vulnerables económicamente. En este país desigual, se les paga peor y se les dan menos oportunidades de desarrollar sus capacidades. En este país violento, a ellas incluso se les mata sólo por, o sobre todo por, ser mujeres. En este país sin justicia, se les quiere pedir paciencia y buenos modales, cuándo  al pasar de los años las cosas no mejoran en beneficio de sus condiciones de vida. Por supuesto que están hartas.

Como hombres, quizá lo que tocaría en estas circunstancias es decir poco o nada. Callar, escuchar y observar. Ver sus marchas, tomar nota de sus demandas, poner atención a sus voces; tratar de entender la lógica de su comportamiento desde una posición de vulnerabilidad social, a la que siempre han estado sujetas.

En general, los hombres no han sido educados para respetar o ver como iguales a las mujeres. Todo lo contrario. Desde muy temprana edad en la lógica de los hombres, había que hacer todo para destacar entre machos y no parecer vulnerable o débil. Todo incluso conquistarlas. Y ya se sabe que el que somete quiere mandar. Y como hombres, no se conoce lo que es salir todos los días con miedo a la calle, a sabiendas de que se vivirá expuesto a la agresión, la violación  o el homicidio. Al menos no de la misma forma, en que las mujeres lo experimentan.

Es seguro que las mujeres no necesitarán de los hombres para modificar tareas sociales que han durado demasiado tiempo. El hashtag #VaaCaer no es una amenaza, es un augurio de quienes se saben liberadas y su tiempo para cambiar la estructura social en este país ha llegado.

La cuestión es cuántos actuarán rápido frente a lo ocurrido la semana pasada en la capital. ¿En cuántas universidades, empresas, oficinas, bares, hospitales, cuerpos policiacos, medios de comunicación, fábricas, iglesias, construcciones, gobiernos y familias se convocará a una reunión, que lleve a cabo una reflexión profunda sobre esta situación para transformarla?

Por supuesto, que el hartazgo expresado la semana pasada no es por un caso de violación. Es por miles de violaciones, por miles de asesinatos, por las múltiples formas de violencia que la sociedad nacional ni siquiera ha reflexionado a fondo y por una constante: ¿porque las están violando y matando? Mientras la sociedad, estructurada desde y para los hombres, no se conmueve y menos se mueve para castigar esos crímenes, para prevenir otros similares, para cambiar los patrones que alimentan estas formas extremas de violencia. Es necesario que deba haber una emergencia de género de carácter urgente.

Las marchas de la semana pasada en Ciudad de México, al igual que las protestas hace unos meses en Jalisco, y movimientos como #MiPrimerAcoso, el #MeToo y el #SiMeMatan, evidencian que las acciones de las mujeres para que cambien las condiciones que las discriminan y criminalizan crecerán en fuerza y apenas van empezando.

Se ha roto la contención de la agenda feminista. Esta lucha, que lleva mucho más que un par de años, toca la puerta de políticos y si estos no dejan de lado sus paranoias habituales, si no comprenden que están frente a un movimiento inédito, donde las jóvenes rebasan los discursos de las decanas del feminismo de tiempos pasados, si no se abren a tratar de canalizar el ímpetu, serán desbordados y rebasados.

Y lo mismo se puede señalar en torno a los gremios patronales y a los medios de comunicación.

Los lentes desde los que se veía la realidad ya no sirven y eso debe entenderse rápidamente, si es que se quiere solucionar de manera eficiente estas demandas provenientes del sector femenino. La agenda o las incluye a ellas o la ponen ellas: igualdad de oportunidades escolares, de desempeño profesional y en salario; que la calle y el centro laboral estén libres de acoso; que las familias se liberen de golpeadores y violadores (la mayoría del abuso ocurre por un familiar), que la justicia llegue pronto para  mujeres que han sido violadas y asesinadas que nunca debieron ser víctimas.

El grito de auxilio se acabó, ahora empieza la transformación.

Acerca de misionpo 5546 Articles
Noticias nacionales e internacionales. Investigación y reflexión política.