La Nueva Versión del Tratado McLane-Ocampo: El Corredor Transístmico

Artículo Invitado

*Un Eterno Proyecto de Desarrollo Regional

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Desde hace poco más de un siglo el presidente estadounidense James Buchanan y el presidente mexicano Benito Juárez, establecieron las condiciones necesarias para cristalizar un importante acuerdo comercial: el tratado McLane Ocampo.

El acuerdo estipulaba que todo el tránsito que circulara por el istmo sería libre de cualquier derecho o tarifa, tanto para los productos comerciales como para los militares y las tropas que transitarán en esta demarcación. Incluso garantizaba la obligación de las tropas mexicanas de ayudar al aseguramiento de los derechos otorgados a los Estados Unidos.

Adicionalmente, garantizaba derechos de paso por dos franjas de tierra mexicana: una que correría por el estado de Sonora desde el puerto de Guaymas en el Mar de Cortés, hasta Nogales, en la frontera de Arizona: y la otra del occidental puerto de Mazatlán en el estado de Sinaloa, pasando por Monterrey hasta llegar a Matamoros, Tamaulipas, al sur de la actual Brownsville, Texas, en el Golfo de México. Cabe destacar que el tratado no autorizaba la construcción de ningún canal.

Por supuesto, México tendría asimismo la obligación de construir instalaciones de almacenamiento en ambos lados del Istmo de Tehuantepec, aunque todos los derechos de paso beneficiarían a los Estados Unidos de forma perpetua.

De los 4 millones del costo total de estos beneficios, los Estados Unidos pagarían de inmediato únicamente los dos millones del Gobierno de México, mientras que la mitad restante permanecería en las manos de Estados Unidos, previendo los pagos de demandas de ciudadanos estadounidenses contra el gobierno mexicano por daños a sus derechos.

El tratado recibió su nombre  con base, en  Robert Milligan McLane, entonces embajador de los Estados Unidos ante México, y del político liberal mexicano Melchor Ocampo, quienes negociaron el tratado con la esperanza de que el dinero y reconocimiento al gobierno de Juárez impulsaría el éxito del Partido Liberal en la Guerra de Reforma de México.

Pero en la actualidad, ¿cómo es que se da, esta nueva versión de este tratado?

En el siglo XXI, el proyecto del Corredor Transístmico –que busca conectar el Pacífico con el Atlántico por medio de un canal localizado en el Istmo de Tehuantepec– se mantiene como una de las obras de infraestructura más importantes del sexenio lópezobradorista, aunque aún no se consulta a las comunidades indígenas sobre la construcción de esta mega obra.

Desde antes del porfiriato, la parte más estrecha entre Salina Cruz, Oaxaca, y Coatzacoalcos, Veracruz, ha sido uno de los territorios más codiciados y los pueblos originarios que habitan en el trazo de 200 kilómetros permanecen en resistencia. Esta situación en la actualidad, aún no ha cambiado.

Mientras tanto, el presidente López Obrador ha indicado que será el capital nacional el principal inversor en el proyecto del Istmo de Tehuantepec. Y a través del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, publicado el 12 de julio pasado en el Diario Oficial de la Federación, ha mencionado que: “se alentará la inversión privada, tanto la nacional como la extranjera, y se establecerá un marco de certeza jurídica, honestidad, transparencia y reglas claras. El concurso de entidades privadas será fundamental en los proyectos regionales del Tren Maya y el Corredor Transístmico, en modalidades de asociación público-privada”.

A decir de especialistas, éste es uno de los proyectos que ha pretendido instrumentarse desde principios del siglo pasado, por medio de distintas fases: el desarrollo de las vías ferroviarias, Megaproyecto del Istmo, Programa Integral de Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, Plan Puebla Panamá y las Zonas Económicas Especiales.

Al respecto, el gobierno federal evaluó que en el ordenamiento territorial y urbano en torno a las terminales marítimas de Coatzacoalcos y de Salina Cruz había “déficits en infraestructura y, en general, de servicios; incongruencias en el uso de suelo, especulación e invasión de predios, graves problemas de contaminación y afectación al medio ambiente”.

En el Plan Nacional de Desarrollo se expone, que este corredor será parte del Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, que oficialmente, tiene como objetivo: “impulsar el crecimiento de la economía regional con pleno respeto a la historia, la cultura y las tradiciones del Istmo oaxaqueño y veracruzano. Su eje será el Corredor Multimodal Interoceánico, que aprovechará la posición del Istmo para competir en los mercados mundiales de movilización de mercancías, a través del uso combinado de diversos medios de transporte”.

En este contexto, se pretende modernizar el ferrocarril del Istmo de Tehuantepec y los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz “para que puedan ofrecer servicios de carga, transporte, almacenaje, embalaje y servicios logísticos diversos; se fortalecerá la infraestructura carretera y de caminos rurales y la red aeroportuaria y se construirá un gasoducto para abastecer a empresas y consumidores domésticos. A lo largo del recorrido entre ambos océanos se crearán zonas libres para atraer inversiones del sector privado, las cuales se dotarán de infraestructura y se garantizará el abasto de energía, agua, conectividad digital y otros insumos básicos para cubrir las necesidades de las empresas y de la población trabajadora”.

Así mismo, se promete que, en los 76 municipios oaxaqueños y veracruzanos involucrados, el Programa disminuirá el impuesto al valor agregado y el impuesto sobre la renta; además de que ofrecerá: combustible a precios reducidos, construcción de infraestructura urbana y proveerá de servicios educativos y formación de capital humano, vivienda, movilidad e infraestructura para la investigación y el desarrollo tecnológico.

Como ya se ha mencionado anteriormente, de acuerdo a varios especialistas como Lucila Bettina Cruz Velázquez, integrante de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio (APIITDTT) e Ingeniería Agrícola por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), además de Gilberto López y Rivas, profesor-investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el proyecto es “lesivo y agresivo para los territorios indígenas”. De acuerdo a la opinión de ambos expertos, se trata de un plan del siglo XIX, basado en el Tratado McLane-Ocampo, de la administración de Benito Juárez, (quién fue el teórico del presidente), firmado con “Estados Unidos para conseguir dinero durante la guerra de Reforma, en 1859; es tan viejo como eso”. Es decir, no es una idea nueva sino una idea reeditada.

Paralelo a esta situación es importante mencionar que en la región del Itsmo, están asentadas las comunidades indígenas binnizá (zapoteco), ayuuk (mixe), zoque, ikoots (huave), chontal, chinanteco, mazateco, mixteco, popoluca, náhuatl, totonaco y afromexicano.

Los municipios que la comprenden son: Juchitán de Zaragoza, Salina Cruz, Santo Domingo Tehuantepec, Unión Hidalgo y Ciudad Ixtepec en el estado de Oaxaca; así como Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan en Veracruz.

Con respecto a los municipios oaxaqueños, indicadores oficiales muestran que conforman una de las regiones más deprimidas del estado y del país. Los índices de marginación y miseria se mantienen, desde hace décadas, entre los de principal atención a nivel nacional.

Por todas estas razones es importante tener en consideración que el desarrollo de la región del Istmo debe ser atendida y no relegada al tiempo, sin embargo, dicho desarrollo debe ser inteligente e incluyente con las comunidades originarias de esta región.

En todo este contexto es importante no perder la sustancia de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo que la presente administración ha propuesto, un enfoque que pueda establecer el respeto por los ecosistemas regionales en México.

Es fundamental entender que el mercado no debe imponer sus condiciones por encima de la política, como ya lo ha hecho anteriormente.

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