Y Ganó el Gran Elector… de Otro Partido

Por Nidia Marín

Y se quedaron acostumbrados al mandato del gran elector… aunque sea de otro partido…

Por tercera ocasión en el siglo XXI los gobernadores del PRI tomaron la estafeta que se quedó vacante con la pérdida del poder en 2018 y la ausencia del gran elector tricolor como mandamás del partido y sucedió lo que se esperaba: “Amlito” o “Alito” o como sea, se encargará del Partido Revolucionario Institucional.

El favoritismo para el campechano era una ronda muy cantada, inclusive cultivada por AMLO y florecida entre los mandatarios estatales, ya que 11 de los 12 gobernadores del PRI lo apoyaban: Alfredo del Mazo, del Estado de México; Miguel Ángel Riquelme, Coahuila; José Ignacio Peralta, de Colima; Héctor Astudillo, de Guerrero; Omar Fayad Meneses, de Hidalgo; Carlos Miguel Aysa González, de Campeche; Alejandro Murat Hinojosa, de Oaxaca; Juan Manuel Carreras, de San Luís Potosí; Quirino Ordáz Coppel, de Sinaloa; Alejandro Tello Cristerna, de Zacatecas y Marco Antonio Mena Rodríguez, de Tlaxcala. (Claudia Pavlovich Arellano, de Sonora, es la excepción a la regla).

Este partido, otrora orgulloso, anda arrastrando la cobija y por segunda ocasión en la historia de México es la tercera fuerza en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República. Y no se ve para cuando la situación cambie.

Hoy el PRI está más dividido que antes. Será más difícil que logre cohesionarse para “jugársela”, recuperar Palacio Nacional, volver a ser un partido grande y sobre todo convencer a los jóvenes que hoy son inexistentes en sus filas.

Pero tal como le sucedió en las otras dos ocasiones que perdió el poder, actualmente a sus 90 años tiene la obligación de recuperar el discurso revolucionario del estado social, la unidad de los mexicanos y el desarrollo, antes de que los sigan usufructuando personajes hoy en el poder.

La operación cicatriz que evidentemente se avecina (quien sabe si se logre) no sólo contempla cerrar las heridas que dejó la contiende interna, sino admitir la serie de barbaridades cometidas en el anterior sexenio, consideradas “las tres C”: corrupción, clientelismo y compadrazgo.

Pronto nos estaremos enterando cuántos son en realidad sus militantes, aunque  continúa el señalamiento de que lejos están de sumar los más de seis millones, ya que la pérdida a veces a cuenta gotas y en ocasiones a riadas inició desde el año 2000, se acrecentó en el 2006 y no se hizo nada trascendente para avanzar en materia partidista entre 2012 y 2018.

Lo más grave y triste es que el “nuevo tricolor” se convierta en un satélite, tal y como ha estado circulando en las redes sociales. Sí, que ahora sea un planetoide de Morena, a imagen y semejanza de otros tiempos cuando el PRI mandaba y decidía.

Como señalan los científicos, los planetoides son los planetas enanos del sistema solar que giran alrededor del sol y muchos están fuera de la órbita terrestre y lo único que buscan es quedar bien con el de arriba.

Por cierto, los satélites del PRI fueron entre muchos otros: el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, el Partido Popular Socialista y Partido Verde Ecologista, entre otros.

Y claro la elección simplemente resultó como se esperaba: un tácito dedazo, así como acusaciones de fraude ¡qué raro!

Desde las 20,00 horas de ayer empezó a circular en las redes sociales una encuesta de salida de la Casa Mitofsky en la que se precisaba que Alejandro Moreno Cárdenas y Carolina Viggiano, habrían obtenido a boca de urna 80.0% de los votos, mientras que la fórmula de Ivonne Ortega y José Encarnación Alfaro habría logrado el 15.2% de la votación y Lorena Piñón y Daniel Santos tan sólo el 3.9% de la votación interna.

El PRI, pues, tiene lo que se merece por mandilón del poder.

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