Poder Económico vs Poder Político: El Caso del Grupo México

Artículo Invitado

Por Luis Miguel Martínez Anzures

En semanas pasadas uno de los temas que más aspavientos, revuelo e indignación, ha causado en la opinión nacional y las redes sociales ha sido el ecocidio provocado por un derrame de materiales químicos de la empresa metalúrgica Grupo México.

Los hechos sucedieron así.

Una fuga en un tanque de la minera Metalúrgica de Cobre, propiedad de Grupo México, en la Terminal Marítima de Guaymas, Sonora, provocó el derrame de 3 mil litros de ácido sulfúrico a las aguas del Mar de Cortés.

El accidente se registró alrededor de las 15:00 horas del miércoles 10 de Julio, cuando una falla en la válvula de un tanque que recibía las purgas de las líneas de embarque de la Terminal Marítima de Guaymas, que resultó en la liberación de ácido. Todo esto lo informo la empresa, a través de un escueto comunicado.

En el mismo documento se apresurarían a comentar que:

“Afortunadamente no generó ningún daño a persona alguna, se aplicaron de inmediato medidas de atención y la situación se controló rápidamente”.

¿Pero en verdad estas afirmaciones son ciertas?

Para responder a esta pregunta es fundamental conocer en primera instancia quién es el dueño de esta gigantesca empresa minera.

Germán Larrea es el segundo hombre más rico de México, sólo detrás de Carlos Slim Helú. Ocupa el lugar 98 en la lista mundial de multimillonarios de Forbes. La revista calcula su fortuna en 14 mil millones de dólares. Larrea se volvió multimillonario con la complicidad y complacencia de gobiernos que han cambiado sus colores, pero no sus preferencias hacia este potentado empresario.

Grupo México, del que es socio mayoritario, es dueño de la minera más grande de México y de las reservas de cobre más cuantiosas del mundo. También es dueño de ferrocarriles, constructoras y cadenas de cines. Tiene presencia en: Perú, Estados Unidos, Argentina, Chile, Ecuador y España.

No se necesitaría ser un especialista en derecho internacional para saber que en cualquier otro país, donde las leyes se cumplen y nadie está por encima de ellas, por más rico que sea, Larrea ya hubiera sida acusado de ecocidio.

Solo es cuestión de ver tres de sus crímenes más emblemáticos.

  • En el año 2000, Grupo México prestó oídos sordos a reportes sobre serias fallas de seguridad en la mina “Pasta de Conchos”, en Coahuila. Seis años después, se registró una mortal explosión por acumulación de gas que dejó atrapados a 65 mineros. Sólo dos cuerpos fueron recuperados. En febrero pasado, en el aniversario de la explosión, el ejecutivo federal dijo que se reiniciará el rescate de los cuerpos y vaticinó que Larrea “no va a oponerse, porque es una decisión con dimensión humanitaria”. Lo que según se entiende, es una advertencia amistosa de parte del presidente hacia este favorecido empresario.
  • En 2014, le tocó al estado de Sonora. Buenavista del Cobre, en Cananea, subsidiaria de Grupo México, derramó 40,000 metros cúbicos de sulfato de cobre en los ríos Sonora y Bacanuchi. Sus cristalinas aguas azules se pintaron de rojizo metálico. El desastre ambiental afectó la salud de 24 mil personas e indirectamente, la vida de 250 mil pobladores de siete municipios que vieron destruidas sus cosechas y fuentes de trabajo, al sufrir los estragos de esta contaminación ambiental. La catástrofe es considerada la peor en la historia de la minería. Se teme que el daño a la fauna y la flora sea irreparable.
  • Su último crimen se dio el miércoles pasado, también en el estado de Sonora. Metalúrgica de Cobre de México, propiedad de Grupo México, derramó 3 mil litros de ácido sulfúrico en el puerto de Guaymas, en el Mar de Cortés en el Golfo de California. Inmediatamente en Twitter, aparecieron imágenes de peces muertos, atribuido al derrame.

No está por demás señalar, que en el área del accidente habitan: pelícanos, lobos marinos, delfines y una amplia variedad de peces. Grupo México se justificó diciendo que el derrame “no generó ningún daño a persona alguna”.

Una postura que, además de condenable, denota con claridad su indiferencia hacia la conservación y preservación del medio ambiente y los ecosistemas naturales de la región.

Larrea es un multimillonario enigmático. Cuando hay desastres, como el de Guaymas, no da la cara. Desprecia los reflectores y prefiere transitar por el tráfico mediático con bajo perfil. Pocas personas fuera de su familia y de la élite empresarial conocían su aspecto físico. Un hombre muy inteligente cobijado por la impunidad.

Larrea viaja seguido a Estados Unidos donde es dueño de ASARCO, empresa integral de minería, fundición y refinería. Explota tres grandes minas en Arizona. Aunque en este país, no hay registro de daños al medio ambiente.

También es propietario de inmuebles de lujo en Chicago y Florida que compró, no sin antes regatear precios. Tiene fama de codicioso y poco generoso. Le gusta vivir como rey, pero sin pagar el costo que ello implica. En México, sus crímenes no tienen consecuencias. Actúa bajo el manto de la impunidad.

Por ejemplo, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se negó a multarlo o tomar acciones legales tras el desastre en Sonora del que ya se ha hecho mención líneas arriba. Lo peor hasta ahora, es que no hay indicios de que habrá cambio.

A principios de mes, López Obrador desestimó la posibilidad de un desencuentro con Grupo México, argumentando que no pretende “anclarse” al pasado sino “inaugurar una etapa nueva”. “Qué hacer con el saqueo… con las injusticias, sólo teníamos dos opciones: meternos a juzgar a los responsables o decir punto final”.

Su respuesta al derrame en Guaymas fue en el mismo tono. No condenó el acto de la manera enérgica que la comunidad local y nacional esperaba. Se limitó a decir que la Semarnat iba a intervenir en el problema, sin tener sentido de urgencia. Y hasta ahora no existe una sola acción contundente de parte del gobierno federal hacia esta gigantesca empresa.

Germán Larrea hace en México lo que quiere porque puede y eso ha sido, a través de muchos lustros. Tiene cheque en blanco. Es dueño del subsuelo y opera con la ley en la mano. Es intocable, al menos hasta ahora, eso se presume. Está por encima de las leyes y de los gobiernos. Sean del partido que sean.

Si el ejecutivo federal quiere consolidar un proyecto de nación, que como ha referido sea una verdadera transformación del país, es fundamental que logre desligar el poder económico del poder político, como ya lo ha referido en numerosas ocasiones. El problema para que esto se lleve a cabo, es que no ha puesto el cascabel al gato, sino que juega con él.

Me explico.

Para aplicar la ley es vital no tener ninguna distinción en absoluto trátese de quien se trate. Si el mensaje de esta 4T es profundamente progresivo y moralmente responsable con la conservación del territorio nacional y los bienes de la nación, entonces es momento de castigar de manera ejemplar a Grupo México y permitir que las autoridades encargadas de dicha responsabilidad, castiguen de una vez por todas a Germán Larrea y su empresa minera, impidiendo no solamente que continué con sus irresponsables prácticas en contra del medio ambiente, sino de la salud de los mexicanos.

La hora para ser políticamente correctos y demostrar la distancia moral y filosófica con otros gobiernos ha llegado para la presente administración, si no hay castigo contra Grupo México todo habrá quedado en el discurso y en una profunda decepción.

¿Qué será lo que pasará?

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