La Dispersión del Poder Político

Artículo Invitado

*Urge Elegir Bien las Cruzadas, sin Abrir Frentes

Por Luis Miguel Martínez Anzures

Hasta ahora, ha sido muy refrescante para casi todos los mexicanos observar a un Presidente que es interpelado, abordado y cuestionado por la gente a su paso, ya sea por pasillos y salas de espera en los aeropuertos o en otros lugares de carácter multitudinario; que a su vez, se somete diariamente al escrutinio de las preguntas malas, buenas y regulares de periodistas que acuden a las mañaneras.

Todos los días López Obrador escucha a ciudadanos que se quejan de un parque infestado de vagos, un camino vecinal que quedó inconcluso, la polémica sobre una presa que se construye en Sonora y su caudal llega a propiedades de personas que no debería llegar, la necesidad de aulas en un pueblo de Oaxaca, la corrupción de un funcionario de un municipio de Veracruz y un largo etc. A todos los casos el mandatario intenta dar una explicación, a veces con éxito y a veces sin él, pero la ofrece. Intenta dar la cara.

No obstante, es importante empezar a preguntarse, si esta intensa micro administración, esta obsesiva atención al detalle, está en camino de provocar una dispersión en la gobernanza y peor aún, traducirse en una distracción para gestionar las prioridades y distinguir entre lo importante y lo urgente. Ese debe ser el principal enfoque del jefe del Estado nacional.

No es momento para distraerse.

Los problemas de México son tales que la atención y el tiempo del Presidente se convierten en un recurso escaso, una cobija que al cubrir una zona necesariamente destapa otras. Y esto, por supuesto, no puede continuar de esta manera. Definir cómo y en qué se aplica la voluntad política presidencial se vuelve un asunto de Estado.

Es imprescindible que el presidente analice y reflexione, que mirar solo el bosque, sin entender el estado de los árboles, como hacían los presidentes anteriores, es tan grave, como perderse todos los días en el examen de algunos troncos en menoscabo de la comprensión del bosque en su conjunto, sus límites y su relación con otros. Sobre todo, porque AMLO se ha pasado treinta años recorriendo el terreno y conoce como nadie su realidad. Ahora tiene la posibilidad de hacer algo por lo sectores más desprotegidos de este país, pero eso requiere más Gobierno y menos campaña política o baños de pueblo.

Y no se mal entienda lo que digo; por supuesto que es imprescindible conocer las condiciones en las que viven las personas a las que se gobierna, pero gobernar desde la calle o el mitin, no solucionará las grandes causas que tienen en el abandono a millones de ciudadanos en esta nación condenadas a la marginación social y económica.

Hace unos días López Obrador, dijo que pretendía visitar todos los municipios del país si gana la consulta en 2021. Una intención plausible, pero habría que preguntarse a qué horas entonces gobernaría y tomaría decisiones de fondo y no de forma. Un ejemplo de ello sería que después de visitar diez pueblos en los que se han quejado de la falta de aulas, otros diez a los que no llega el agua, una docena de ejidos en los que se advierte falta de créditos o fertilizantes, etcétera, está claro que, lo que se necesita, no es escuchar otra veintena de quejas similares o con algunos matices, sino irse a la cabina de control de la nave y abordar las complejas tareas de políticas públicas, negociaciones con grupos de interés, finanzas y presupuestos, normas y leyes, para intentar resolver los problemas escuchados. Y para ello, como se sabe, se necesita la inversión privada hoy más que nunca, ya que los recursos del Estado son insuficientes.

Hace ya algún tiempo, algunos expertos comentaban que tenían razón las élites de la sociedad mexicana, cuando afirmaban que el Presidente, desconocía cómo funcionan los pisos superiores del edificio social y económico (o en otras palabras, se pierde en Polanco), pero conoce como nadie, los pisos inferiores en los que vive el grueso de la población. El problema es que para poder gobernar a favor de los de la calle, necesariamente tiene que pasar más tiempo: convenciendo, venciendo o negociando en esos pisos superiores y para ello, debe conocerlos mejor.

Lo anteriormente expuesto toma especial relevancia, debido a que la inversión privada en México, es seis veces mayor que la del sector público y su peso en el PIB equivale al 75 por ciento. Mientras que la tasa de crecimiento de 4 por ciento que ha ofrecido AMLO, ya no digamos de 2 por ciento que deseaba para este año, es absolutamente irreal, sin la participación del resto de los actores económicos nacionales e internacionales. Y eso, por desgracia, no lo va a resolver escuchando una vez más la legítima letanía, como lo ha hecho por décadas, de los que tanto han sufrido. Ahora toca hacer algo por ellos allá en Palacio Nacional, en Wall Street, en el G20 o donde sea necesario ir. El diagnóstico ya lo tiene claro, lo que le va hacer falta, es tiempo para resolverlo y especializar un poco más, sus estrategias para ser ejecutadas y resolver estas problemáticas.

El Presidente necesita sustraerse un rato de su obsesión por el detalle, delegar el polvo y la paja del día a día y concentrarse en resolver la media docena de problemas más urgentes que están atorando el desarrollo económico del país, esos problemas que van a definir si su sexenio es un intento fallido o un cambio con éxito. Eso implicaría dejar de reaccionar a lo que dijo un columnista, la portada de Reforma o un par de comunicadores en su noticiero. Eso no solo provoca pérdida de tiempo y atención, sino un enrarecimiento del ambiente y el desgaste propio de quien que se la pasa subido en el ring, aun cuando las batallas no valgan la pena.

Para entender bien esta idea, el presidente debe aprender a elegir bien sus cruzadas y no abrir tantos frentes de lucha a la vez.

Esto no significa aislarse de la opinión pública, (una o dos mañaneras a la semana serían más que suficiente), pero sí dosificar sus giras (las ha hecho muy onerosas en tiempo y desgaste) y concentrarse en desatorar lo que ha comenzado a trabarse.

El arribo al poder de López Obrador es una oportunidad histórica para la izquierda mexicana (con todos sus crisoles), y sería una tragedia para esta corriente ideológica, no haberla aprovechado.

Así que es momento de que el presidente entienda, que la 4T necesita urgentemente más política y menos mediatización. Los tiempos de campaña ya acabaron, ahora la izquierda nacional es gobierno y debe comportarse como tal.

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